Madrid, España, 07/08/26 (Más).- La acumulación de residuos plásticos en el planeta ha dado origen a un nuevo ecosistema conocido como «plastisfera», integrado por comunidades de microorganismos que colonizan estos materiales y establecen complejas relaciones biológicas, un fenómeno que especialistas consideran una de las nuevas fronteras de la investigación ambiental.
De acuerdo con el reportaje publicado por El País, la plastisfera agrupa a los organismos que habitan sobre superficies plásticas y las interacciones que mantienen entre sí y con ese material.
Estas comunidades han sido identificadas principalmente en ambientes acuáticos, aunque también existen en ecosistemas terrestres y tanto en microplásticos como en fragmentos de mayor tamaño.
La microbióloga Linda Amaral-Zettler, una de las investigadoras que acuñó el término en un estudio científico publicado en 2013 junto con Erik Zettler y Tracy J. Mincer, explicó que durante décadas se conocía la capacidad de algunos microorganismos para adherirse al plástico, pero fue el desarrollo de herramientas de análisis molecular lo que permitió identificar la gran diversidad de especies presentes en este tipo de superficies.
Los especialistas señalan que las propiedades del plástico favorecen la formación de biofilms, estructuras compuestas por comunidades organizadas de microorganismos. Estas primeras colonias facilitan posteriormente el establecimiento de nuevas especies, hasta conformar ecosistemas microscópicos de alta diversidad biológica.
Uno de los casos que permitió estudiar este proceso fue el análisis de una boya de plástico liberada en el océano Atlántico en 2004 para medir corrientes marinas y recuperada quince años después.
La estructura, fabricada con un polímero altamente resistente, conservaba su identificación y al ser examinada en laboratorio reveló una amplia variedad de organismos que habían colonizado su superficie durante el tiempo que permaneció a la deriva.
Los investigadores consideran que esa capacidad del plástico para transportar microorganismos a grandes distancias representa uno de los principales desafíos ambientales asociados a la plastisfera, ya que estos materiales pueden actuar como vehículos para dispersar especies hacia ecosistemas donde originalmente no estaban presentes.
Estudios recientes también han documentado la presencia de comunidades microbianas sobre residuos plásticos en regiones remotas como la Antártida. Investigadores que participaron en expediciones científicas españolas señalaron que gran parte de esos residuos proviene de actividades humanas desarrolladas en bases de investigación y del turismo en el continente austral.
Las muestras analizadas en la Antártida no han identificado bacterias patógenas para humanos o fauna local. Sin embargo, los especialistas advierten que cualquier alteración en las comunidades microbianas puede modificar procesos biológicos y químicos de los ecosistemas donde se establecen.
En contraste, investigaciones realizadas en el área metropolitana de Barcelona detectaron que los microplásticos pueden albergar bacterias patógenas y genes asociados con resistencia a los antibióticos. Entre los microorganismos identificados destacan bacterias del género Vibrio, capaces de desplazarse adheridas a los fragmentos plásticos hacia zonas previamente no contaminadas.
Otro estudio desarrollado en la Ciénaga Grande de Santa Marta, en Colombia, identificó mil 760 géneros de bacterias en microplásticos recolectados en agua, sedimentos y peces.
Los investigadores advirtieron que este fenómeno podría favorecer la propagación de enfermedades entre especies acuáticas y representar riesgos para la salud humana, además de alterar el equilibrio ecológico de los ambientes marinos.
Especialistas consideran que la plastisfera constituye un nuevo bioma cuyo funcionamiento e impactos aún están en proceso de investigación.
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