Por Horacio Cárdenas Zardoni
A principios de febrero de este año de este año falleció José Leopoldo Sánchez Blackaller, quien fuera ingeniero de profesión y maestro durante muchísimos años en el Instituto Tecnológico de Saltillo, contaba con 88 años de edad.
¿Cuándo fue la primera ocasión que vimos una nota periodística que recogía las opiniones expertas del ingeniero Sánchez Blackaller?, sería difícil para nosotros decirlo, pero sí le podemos afirmar que fue hace más de cuarenta años, momento en el que él ya era reconocido como un experto, como EL experto en materia de vialidad en la ciudad de Saltillo.
Periódicamente aparecían en los medios de comunicación sus opiniones sobre lo que sería conveniente, lo que sería prudente y recomendable hacer en tal o cual avenida de la capital, en este o aquel crucero, es hablando de situaciones específicas en las que se veía venir algún conflicto vial, que casi con una precisión cronométrica, ocurría para la fecha en que el ingeniero Sánchez Blackaller lo había pronosticado.
Recordamos, de hace no menos de tres décadas, un estudio que realizó el estudioso sobre el ritmo de crecimiento del parque vehicular en la capital de Coahuila, todavía en aquellos años manejar en Saltillo era un lujo, un paseo, un placer de personas adultas y una diversión de los jóvenes que se iniciaban en la conducción y quienes nunca dejaron de serlo. Decía el documento, del que se dio amplia difusión, que a un ritmo de crecimiento del número de carros, camionetas, sobre todo camionetas que son el delirio de este pueblo camionetero, por encima del ritmo de aumento poblacional, y sobre todo, muy pero muy arriba del ritmo con el que se construían calles y se disponían espacios de estacionamiento, Saltillo se dirigía a convertirse en un inmenso aparcamiento, en el que simple y llanamente, no habría espacio para que los carros se movieran.
¿Y qué cree que pasó?, primero lo obvio, que ningún político con poder, ninguna autoridad con capacidad de ordenar que se hiciera algo, tomó en serio el estudio, y segundo lo trágico: que sus predicciones se han cumplido al pie de la llanta.
Créanos o no, los que ya conducían en aquel lejano 1990 o que ya viajaban en carro o transporte público como pasajeros, tráfico en Saltillo era no pasar el semáforo a la primera luz verde, y era tal la tranquilidad en la capital coahuilense, que hasta se lo tomaba la gente como distracción, no para meter la nariz al celular como hace todo el mundo ahora, sino para voltear a su alrededor, ver quien iba caminando, saludar a los conocidos, que eran muchos más que los que son ahora, en fin, aquello era digno de vivirse, ¿y cómo no?, si cuando fue gobernador Óscar Flores Tapia hizo unos bulevares que parecía que estaba uno en Laredo o Mc Allen, Texas, de tan amplios, de tan poco tráfico que circulaba por ellos. Por supuesto que en su momento lo criticaron los malquerientes que nunca faltan, al paso de los años lo alabaron, y ahorita, en este 2022, no falta quien lo critique diciendo que la hubiera pensado mejor, en vez de cuatro carriles en Venustiano Carranza, hubiera hecho ocho o de una vez dieciséis… nunca está la gente conforme, y la de Saltillo, todavía menos.
Hay una frase de Bette Davis, actriz norteamericana de cine de mediados del siglo pasado, que podría aplicarse a la situación actual, decía “envejecer no es para cobardes”, bueno, pues es el caso que enfrentar los problemas de vialidad tampoco es para gobernantes apáticos, pusilánimes, flojos o también cobardes. Tan es así, que ninguno le entra a resolverlos.
El último que le entró a meterle cirugía mayor a la vialidad de Saltillo, y de otras ciudades de Coahuila, fue Humberto Moreira Valdés. No sabemos de primera mano, pero nos podemos imaginar que así fue, en aquel tiempo se inauguraron unas obras en la zona conurbada de Monterrey, gracias a las cuales, podía una persona que viniera de la Carretera Nacional, atravesar todos los municipios y salir para Saltillo o para la frontera sin haberse tenido que detener más que en uno o dos semáforos. Humberto lo hizo así, podía uno venir de Ramos Arizpe, atravesar Saltillo para salir a la carretera a Zacatecas, y no tener que pararse en ningún lado. Es más, de boca del que fue gobernador, días antes de inaugurarse “los puentes”, ya ve como manejan los políticos cuando agarran el mueble, presumió que de Ciencias de la Comunicación a Ramos Arizpe el trayecto se podía hacer en diez minutos… y sí, así era, así fue, ¿y hoy?, hay gente que prefiere irse por Abasolo que tomar la vía rápida, capaz que aun con el tráfico y todos los semáforos, atraviesa la ciudad en menos tiempos.
Ya no era gobernador, sino presidente del PRI, cuando se difundió aquella entrevista televisiva en que Humberto Moreira presumió que estas obras que mostraba estaban en “CoahuiYork”, y si no nos falla la memoria fue en esa ocasión en que comentó, que sonó a ominosa advertencia, que esas obras estaban calculadas para tener una vida útil de veinte años… mismos que no se han cumplido, pero que ante la ausencia de otras obras que absorban el creciente volumen de tránsito, han quedado ahogadas en carros, ni más ni menos que como lo vaticinara el ingeniero José Leopoldo Sánchez Blackaller muchísimos años antes.
Lo que son las cosas, hace dos o tres campañas electorales para la alcaldía de Saltillo, de todos los candidatos y candidatas que andaban tras el voto popular, la única que nos tocó escuchar que traía un proyecto razonablemente planteado de atención al problema de la saturación de los puentes vehiculares, era Esther Quintana Salinas. Ella criticaba, con lógica del momento, que ¿a quien se le ocurrió hacer los pasos deprimidos con solo un carril?, lo que había que hacer es ampliarlos mínimo a dos, para darle fluidez a esos tapones que entorpecen el tránsito en varios puntos del periférico Echeverría. Claro que eso no se hace con veinte centavos esperando el vuelto, pero sí, eso es lo que habría que hacer… y no se está haciendo.
Ahora que traen la discusión… exigencia más bien, de hacer bulevar Carranza de cuatro carriles “efectivos”, tenemos que sacar a colación que tres presidentes municipales en sucesión no han podido arreglar lo del cruce de esta avenida con el bulevar Galerías, ni para volver a poner el camellón como estaba, ni para abrirlo, nada, ese es el nivel de incompetencia, de las autoridades que han venido gobernando Saltillo, según el principio de Peter, haciendo como que hacen.
Todo lo que iba a pasar, lo documentó José Leopoldo Sánchez Blackaller con aforos y hasta con fechas, resolver los problemas, los viales y todos, como dijo Bette Davis, no es para pusilánimes, y entre tanto, ármese de paciencia, porque el tráfico va a ponerse todavía mucho peor, antes de mejorar… o sea nunca.
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