Por Horacio Cárdenas Zardoni
Y sí ¿a qué negarlo?, hubiera dicho el más famoso cínico de este país de cínicos, José López Portillo, quien tuvo eso, el cinismo, de calificar a su hijo José Ramón, como el mismísimo orgullo de su nepotismo.
El asunto se pierde en la noche de los tiempos… o al menos eso es lo que quisiéramos, porque desafortunadamente con tanto que dicen odiar al personaje aquel, no son pocos los que quisieran que aquel México de los años setenta del siglo pasado regresara… si es que se ha ido.
La anécdota verdadera tuvo lugar cuando el que era secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid Hurtado designó como su subsecretario al mismísimo hijo del presidente, alguna calificación debería tener, puesto que creo que era economista y es lo que se necesitaba para el cargo, pero de los miles de profesionales de eso que había en el país en ese entonces ¿Porqué contratar a un recién graduado de la universidad? Bueno, pues por lo obvio, la política. Al poco tiempo De la Madrid salió designado candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la república. Contra lo que se llegó a pensar, José Ramón no fue elevado al rango de secretario, quizá papi pensó que ya era demasiado desgaste el consentimiento de su familia con cargo a los presupuestos públicos.
No sé decirle de otros países, pero en México la política siempre ha sido vista como un negocio de familia, no como una aventura personal. Sí es cierto que hay gente, familias, que lo plantean de manera inteligente, mira yo soy el que va a figurar, y todos ustedes van a hacer fuerte a la parentela con contratos, negocios, empresas, pero nada de meterse en política, porque eso solo crea un ruido innecesario, con el que por lo demás, todos pueden salir perdiendo, como lo ha sido allí donde se ha caído en la tentación.
El peor ejemplo de todos, si es que se puede poner así, es el de la familia Moreira acá en Saltillo, con ramificación a todo Coahuila. Humberto llegó a gobernador, y de inmediato designó a su hermano Rubén como subsecretario de gobierno. Las malas lenguas decían que era Rubén el que manejaba todas las cosas de gobierno, pero esto es de dudarse, cada quien tenía su estilo propio y diferente, a lo mejor se complementaron, a lo mejor no, eso es lo de menos, pero el proyecto era acaparar el poder en el estado por décadas, y de hecho lo lograron. Rubén sucedió a Humberto en la gubernatura, no del todo a gusto por los problemas financieros que le heredó indirectamente, mientras Carlos se afianzaba como líder de dos secciones sindicales en el SNTE, y Álvaro se dedicaba a medrar, pero en el nivel municipal.
El país lo permitía, la sucesión inmediata, el estado también, pero más que todo, la gente se prestaba a sufragar por un planteamiento que era a todas luces irregular e inconveniente, pero eso les valió siempre sorbete.
Vale la pena recordar que el lema de la revolución mexicana, uno de ellos, fue el de Sufragio efectivo, no reelección, y es que en buena medida el nepotismo es visto como eso, una reelección, no del mismo individuo o individua, pero sí de la misma familia, el mismo grupo y los mismos intereses, con la sospecha de que no hay independencia del sucesor respecto del antecesor, y eso no le cae bien a nadie.
Siendo como somos los mexicanos, punto y aparte del partido de militancia, no recordamos gobernante que no haya coqueteado con la idea de la reelección, y heredarle el poder a sus sucesores o cercanos, después de todo, desde el principio no llegaron para servir al pueblo, sino para servirse de él, y que el pueblo los sirviera, por eso fue que en algún momento no hace mucho, se comenzó a relajar todo el asunto del nepotismo y la no reelección, aunque lento, se veía que tarde o temprano los gobernadores y presidentes también querrían gozar de ese manjar, después de todo, alguno de sus alelotes llegó a decir que el presidente era el único mexicano que sufría discriminación política, por que era el único que no podía ser votado y electo para el cargo…
No sé usted, pero a mi la iniciativa de Claudia Sheinbaum contra la reelección inmediata y el nepotismo es de lo mejor que ha puesto sobre la mesa, y que nos sospechamos que ha de haberle causado algún grado de distanciamiento con López Obrador, por lo demás, un nepote de primer orden, que a toda su parentela la colocó en posiciones de gobierno, no solo para que se forraran de billetes, sino para que le fueran útiles cuando se les requiriera, que para eso ya existía el compromiso y era obligada la reciprocidad.
Ahora salen los morenistas, los petistas, y los del verde ecologista, con que no están de acuerdo con la reforma electoral sobre el tema de la reelección y el nepotismo. Claro, desvergonzados como son, habían encontrado en esa práctica una mina de oro, de la cual no había quien los pudiera sacar, como no fuera el titular del ejecutivo, apretándole a su mayoría legislativa hasta hacerles saltar los ojos. Esposas, queridas, hijos, primos, tíos, padres, ¿cuántos no se beneficiaron de las prácticas de nepotismo del sistema político mexicano?, no solamente querían los cabezas, que su familia se mantuviera en posiciones de poder, sino que no les costara lo más mínimo, seguir en el juego de las presiones políticas, que se les da muy bien.
Todavía está por verse, Sheinbaum cuenta con la mayoría de su partido y aliados, sí, pero estos no están contentos con la situación de llegar a ocupar puestos que no puedan heredar a sus vástagos. Ya veremos si se da una rebelión contra la presidenta por parte de sus incondicionales, para otras cosas, no para esto, capaz que le dan una desagradable sorpresa.
Ella quedaría, por supuesto, como la que lo intentó, y los otros como los que la hicieron fracasar, y que solo por eso no merecerían ni la reelección ni recomendar a sus parientes para sucederlos. Pero se trata de limpiar, comenzar a limpiar el sistema político de tanta porquería que lo ahora, y este es un tema en el que esperamos tenga éxito, pues de aquí a que venga otro a plantearlo…
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