Locatarios luchan por preservar las artesanías y la cultura de “hecho en México”, ante la presencia creciente de mercancías extranjeras y la falta de apoyo gubernamental
Por Katya González
Saltillo, Coahuila, MÉXICO – El Mercado Juárez, uno de los edificios más emblemáticos de Saltillo, se encuentra en peligro. A pesar de sus 66 años de existencia, el paso del tiempo ha dejado su huella en este importante lugar. La presencia creciente de mercancías extranjeras, la falta de inversión en la infraestructura y la inadecuada atención por parte de las administraciones han puesto en riesgo la esencia que lo caracteriza.
Este mercado, reconocido por ofrecer productos artesanales totalmente mexicanos, ha visto cómo en los últimos años ha disminuido la venta de productos tradicionales y artesanías y se incrementa la exhibición y oferta de mercancía extranjera.
Fernando Flores, locatario con más de 25 años de experiencia, rememora los días en que su padre era el propietario del local en la planta baja desde 1985. Con el tiempo, cansado por su edad, optó por traspasarlo a otra persona. Sin embargo, Fernando, decidido a preservar el legado familiar, se convirtió en el sucesor y ahora administra el colorido espacio donde se comercializan diversas artesanías, desde muñecas de trapo y carritos de madera hasta joyeros, sarapes y zapatos, entre otros productos.

A pesar de la presión por incluir mercancías extranjeras, Fernando se ha mantenido firme en su compromiso de ofrecer exclusivamente artículos mexicanos. «Todo lo que tengo aquí son productos mexicanos, nada de China. Aunque algunas personas preguntan por sarapes chinos, son fabricados en México. Ofrecemos sarapes de Saltillo, de Tlaxcala, chales, rebozos, suéteres, todo auténticamente mexicano», afirmó el entrevistado.
Como uno de los locatarios más antiguos, ha sido testigo de la transformación del mercado. Hace dos décadas, las artesanías eran altamente demandadas, pero en la actualidad han desaparecido casi por completo, cediendo terreno a productos asiáticos o estadounidenses, como juguetes y figuras de moda.
En muchos de los aparadores de los locales ubicados en la planta baja se pueden encontrar juguetes como pistolas y espadas de plástico, así como algunos videojuegos de mano y figuras de anime.

“Es que tratan de buscar, a ver que se vende, porque hay muchas cosas que no se están moviendo ya. Yo tengo unos artículos que tiene mucho tiempo conmigo y la gente ya no los compra”, explicó Fernando.
Fernando explicó que la temporada de mayor venta coincide con los festivales escolares, como los festejos patrios de septiembre y la conmemoración de la Revolución Mexicana en noviembre. En estas ocasiones, madres acompañadas de sus hijos buscan artículos para completar disfraces, como caballitos de palo, rifles de madera, ponchos y chales, así como instrumentos utilizados como parte del atuendo.
En diciembre, aún hay quienes van y buscan juguetes tradicionales como los muebles para muñecas, trompos y yoyos, ya sea para adornar con objetos tradicionales su hogar o para regalar a sus hijos y nietos con la intención de que estos conozcan los juguetes mexicanos con los que ellos jugaban en su infancia.

“Si viene gente que busca los artículos, dicen que van a regalar a los nietos porque no conocen, compran los juguetes tradicionales, para que no se queden en el celular”, explicó el entrevistado.
A pesar de la tradición, la afluencia de turistas ha disminuido considerablemente en los últimos años. La presencia previa de la delincuencia organizada en el estado ha dejado una marca profunda, reduciendo drásticamente la afluencia de visitantes al centro de la ciudad.
Actualmente, los competidores y deportistas que vienen a Saltillo son quienes acuden en busca de algún recuerdo de su estancia en la ciudad.
La falta de interés gubernamental en el mantenimiento de la infraestructura es otro problema. Aunque desde 2019, el entonces alcalde, Manolo Jiménez, informó que el municipio obtuvo las escrituras del espacio y los vendedores pagan una renta mensual por el tamaño del local, los comerciantes sienten que el dinero no se refleja en mejoras sustanciales en el lugar.

Fernando recuerda la intervención pasada del exgobernador Enrique Martínez y Martínez, quien solucionó problemas como goteras, drenaje y embellecimiento de la fachada, pero desde entonces, ningún gobernador ha mostrado un compromiso similar.
Según Fernando, ningún funcionario gubernamental se ha acercado para ofrecer ayuda. «El gobierno dice que ni siquiera nos conoce; solo aparecen aquí cuando necesitan votos», lamentó.
Recordó cuando en esos años, en diversas ocasiones, las inundaciones de su negocio le sorprendían por las mañanas, ya que el agua proveniente de los locales del segundo piso atravesaba los muros y escurrían hasta su lugar de trabajo, dejando, en algunas ocasiones, la mercancía inservible.
“El gobernador cambió el techo, puso láminas nuevas, drenaje nuevo. Fueron muchos detallitos que hizo, nos ayudó bastante que hiciera eso”, explicó.

Han pasado casi 20 años de esto, y el mercado aún necesita que sea invertida una suma considerable de dinero en su infraestructura y embellecimiento.
“Aquí no se ha parado ningún gobernador a decirnos “déjenme les ayudo en algo”. Si hablamos del gobierno, el gobierno dice “ni los conozco”; solo vienen aquí cuando quieren votos”, mencionó el entrevistado.
Recientemente, la visita sorpresiva del alcalde de Saltillo, José María Fraustro Siller, para conmemorar el 66 aniversario del mercado, fue la primera vez que un funcionario de este nivel visitó el icónico edificio. «Es la primera vez que viene esta persona aquí… se agradece que haya venido, al menos que nos conozca», mencionó Fernando.
Esta falta de atención gubernamental ha llevado a algunos comerciantes a abandonar el lugar que, durante años, fue su segundo hogar, debido a la disminución en las ventas y el aumento en las rentas.

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