Por Mto. Marco Campos Mena
Hablar de la elección del primero de junio es tan inevitable como hablar de la muerte del papa Francisco y en el contexto nacional tiene aún más relevancia dado que es el destino de nuestro sistema judicial, el estado de derecho, la confianza en el país, el impacto económico y financiero y el fin de una era…
La reforma, lo hemos dicho hasta el cansancio, está muy mal hecha. No hubo planeación, está llena de lagunas y errores, promueve la mediocridad, el conformismo, la corrupción, el amiguismo y el deber favores a quienes apoyan la campaña, pero ahí no acaba la cosa, se pone aún peor.
Aparte de que las leyes fueron hechas para “medicretizar” al poder judicial reduciendo los requisitos para aspirar a ser juez, magistrado o ministro, dejaron abierto para que cualquiera pudiera, sin importar sus antecedentes, acceder a sus puestos mientras cumpla con los requisitos mínimos sin ningún tipo de prueba de control o confianza.
Ya lo veíamos venir y se dijo desde hace meses, vamos a ver a candidatos cercanos, por no decir de extracción, de partidos políticos, y como si fuera requisito, tienen que hacer alusión a ello de la manera más cínica posible con campañas como la de “la transformadora” o “los más cercanos a la 4T” sin mencionar a las ministras de desempeño vergonzoso que aspiran a repetir en el cargo y cuyo criterio es lo más sesgado que existe por su lealtad ciega al “presidente” Obrador.
Los resultados están tan a la vista de todos que ya salieron los nombres de quienes forman parte del crimen organizado, defensores de narcos, candidatos de la iglesia la luz del mundo e incluso con antecedentes de violencia sexual… la mayoría de ellos propuestos por el legislativo y el ejecutivo, algunos también por el mismo poder judicial… ¿En manos de quien estará la justicia?
Me recuerda la película, “el bueno, el malo y el feo” pero en este caso no vemos que haya buenos porque los que eran buenos juzgadores decidieron no formar parte de esta ocurrencia de poder judicial politizado… si la intención fuera hacer payasadas y deber favores para tener un puesto, no habrían estudiado ni se hubieran preparado para ser los mejores, estarían en algo como ser diputado, algo tan denigrado que ni siquiera es necesario saber leer y escribir o tener la primaria al menos para acceder a ese puesto… ¿aún nos extraña que la reforma judicial esté tan mal hecha?
Tenemos al malo,,, aquel que definitivamente esta vinculado al crimen organizado y actúa en consecuencia de ello y no habrá manera de evitar que ganen con la influencia de este, después del todo, “el pueblo elige”
Tenemos al feo, que es aquel que no da una ni en defensa propia y que terminará teniendo asesores pagados a precio de peinadora presidencial para que le hagan el trabajo que no sabe hacer, pero será la cara y aplicará los criterios que dicten los jefes.
Y claro, tendremos al “menos peor” que con suerte será aquel que tenga algunos antecedentes penales por robo, abuso de influencias, agresión sexual o corrupción, pero eso es el menos peor de todos por increíble que parezca…
No hay que olvidar ese principio tan sagrado que la izquierda quiere aplicar como nuevo sistema de justicia, la “justicia social”… algo tan relativo que elimina la taxatividad de la ley y permite al juzgador aplicar su criterio sin importar si existen todas las pruebas en contra o incluso si hubo flagrancia.
No veo lejos que dejen salir a alguien porque el juez lo consideró justicia social y que no haya recursos validad para evitar que los delincuentes se salgan con la suya…
Por si fuera poco, el amparo en México está en riesgo y con la reciente reforma que busca controlar las redes sociales, ahora si caeríamos en un estado de “lo que digan los jefes políticos no se debe cuestionar”.
¿A qué vamos a esta elección?, en resumen, está mal organizada, los candidatos son (y bueno fuera que solo cuestionables) lobos que no temen esconder su naturaleza (disculpándome con el lobo por semejante comparación) y los pocos que serán candidatos decentes estarán entre la espada y la pared, teniendo que optar por someterse a los poderes o arriesgarse a perder la elección por no ser político.
¿Estamos listos para que el más preparado se quede sin trabajo y el más mentiroso y manipulador gane sueldos altos?
Esto es México 2025 y todavía nos preguntamos… ¿y vendrán cosas peores? No quisiera retarlos pero no me dejan lugar a dudar de ello.
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