El mal político

Lic. Marco Campos Mena

Se dice que “la política es el arte de hacer amigos” frase con la cual concuerdo en todo sentido, incluso más que por su significado más aceptado “búsqueda del poder” y esto cobra más sentido en la medida que comenzamos a profundizar en el oficio, y aclaro, no es profesión porque no se requiere tener estudios en ello para ejercerlo, aunque sí es deseable.

Al hablar de liderazgo, los seguidores son quienes dan fuerza al líder y el líder es el que da fuerza a los seguidores, eso es una máxima que debe ser considerada para quienes en política buscan ser influyentes y esta palabra es clave para todo desempeño, como dice John Maxwell, “liderazgo es influencia”

Es necesario retomar estos conceptos si queremos entender el concepto del “mal político” puesto que el haber ganado una elección o tener una base de seguidores exitosa en un momento, no significa que vaya a generar un legado, una continuidad o siquiera que la gente lo vea con agrado.

El mayor orgullo que puede tener un político es el poder salir a la calle y ser visto con gusto, que el pueblo le reconozca como una persona de servicio que trabajó por la comunidad y aun con el paso de los años y que ya no se encuentre en funciones “políticas” se le siga recordando con aprecio por su desempeño y entrega a la sociedad.

Desgraciadamente el deber ser dista mucho de la realidad que vivimos tanto en México como en el mundo, pocos son los que hacen una excepción como el expresidente Uruguayo José Mujica, quien con gran congruencia vive como predicó durante su mandato y es visto con agrado por los ciudadanos de dicho país.

En nuestro país es casi una deshonra el ser presidente de la república, hay un constante repudio a quienes han ocupado el puesto y en muchas ocasiones son los mismos sucesores quienes aprovechan para exaltar su propia imagen a costa de revelar que en el pasado hicieron todo mal.

Dicho sea de paso, lo mismo hacen dentro del mismo partido en gubernaturas y alcaldías.

Basta recordar como la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México en sus primeras semanas aseguró que todo lo que habían hecho sus antecesores estaba mal y los culpó por la situación de su jefatura… Dentro de esos antecesores están el actual secretario de relaciones exteriores, Marcelo Ebrard y el mismo presidente de la república, López Obrador; ¿lo culpará también de lo mal que está el país si llega al tan ansiado cargo?

Hablando de malos políticos, a quien no le sirvió pasar más de una década en los estudios políticos y una vida de experiencia es al mismo López Obrador, quien por no saber cómo mantener a sus amigos cerca y cómo hacer nuevos le costó dos elecciones perdidas y una tercera ganada engañando demagógicamente a quienes estaban hartos de un gobierno hegemónico y de los tropiezos y escándalos del último presidente Priista, Peña Nieto.

Analicemos el perfil del único mexicano que vive en un palacio:

Su relación con su familia es sabido que fue conflictiva, enfaticemos solamente que su propio hermano pedía abiertamente que no votaran por él.

Rara vez se le ve acompañado de personas con las que pueda entablar una conversación que sugiera amistad y no hace mención de ello, lo cual hace suponer que las personas que le rodean no lo están por amistad, sino por complicidad o coincidencia política.

Su actual dista mucho de querer ser un puente entre la administración pública y los empresarios, pues, a menudo los amenaza y descalifica, les presiona para que hagan lo que a su voluntad plazca incluso si eso representa un perjuicio para ellos o para el pueblo y si tiene alguna reunión para desayunar, esta es catalogada estrictamente como laboral.

De un tiempo para acá se ha visto que ha aumentado la cantidad de ataque que da desde su conferencia mañanera, algunos incluso infundados y sin pruebas, pero como bien lo sabe, en la manipulación es más efectivo crear un rumor que comprobar un hecho y mucha gente toma los rumores como ciertos, los defiende y pierde amistades por aferrarse a ellos.

También se le ha visto más paranoico, no confía ni en sus propios correligionarios y genera conflictos entre ellos, prueba es el creciente conflicto con Ricardo Monreal, quien es cofundador de Morena y con quien debería tener mayor cercanía, mas esto es todo lo contrario.

Los roces con el zacatecano se han ido subiendo de tono y la única razón por la que no ha habido un quiebre es por la personalidad conciliadora de este, puesto que, si se tratase de otra persona, como ya ha pasado, ya se habría separado del movimiento.

Retomaremos a Monreal en un momento más.

Hablando de quienes se sumaron pero sin ninguna lealtad, complicidad o amistad asumieron un cargo, encontramos a varios integrantes del gabinete que se han ido retirando al no encontrar la figura de liderazgo o amistad en López Obrador, destaca y por mucho la figura de Porfirio Muñoz Ledo, quien caracterizado siempre por su lucha por la izquierda y de gran oficio político, ahora es un gran adversario que no desaprovecha oportunidad para hacer ver los errores del titular de la transformación.

Hay una importante y notoria falta de cohesión en este movimiento, el mismo subsecretario de seguridad y ahora candidato por el PT para la gubernatura de Coahuila forma parte del deterioro del partido y de su fundador.

Este caso resulta interesante porque en cualquiera de las dos versiones, el movimiento queda expuesto por sus actos de corrupción y miembros de baja moral… por un lado, vemos a un líder de partido corrupto y otro a un traidor que no dudó en dar la espalda al mismo López para despotricar contra los “moralmente superiores” nuevamente está ausente el arte de la política, el arte de sumar en vez de dividir.

Retomando a Monreal, el conflicto de días pasados cuenta con un dilema filosófico que debe ser tomado en cuenta para comprender el trasfondo… lo legal y lo justo, el “a mí no me vengan con que la ley es la ley” y “lo legal debe ser justo y lo justo legal”

Las posturas de López Obrador son reactivas, como jefe de Estado desalienta a los inversionistas y causa duda del Estado de Derecho, mismo que él debe garantizar.

Las reformas del Plan B son injustas, atentan contra la democracia que se ha tratado de construir durante décadas y ni siquiera pueden ser legales, eso divide nuevamente, le resta seguidores y credibilidad.

El asunto del decreto para sacar el transporte de carga del AICM también le está generando descontento por parte del sector de aerotransportes, mismo que ha amenazado con abrir las rutas de pasajeros a líneas extranjeras.

Tiene conflictos con el poder judicial y sus miembros a quienes señala como corruptos cada que puede, está enemistado con los periodistas y no deja de señalarlos y atacarlos directamente en épocas de altos índices de violencia contra ellos, ha dejado sin medicinas a quienes las necesitan, el sistema de salud está colapsando (más de lo que ya estaba) por la falta de recursos, más de la mitad del país se encuentra en los índices de inseguridad más altos en su historia, la cantidad de pobres sigue creciendo y la inflación está convirtiendo a la clase media en la clase baja, el banco del bienestar que se autodenomina como “el banco más grande de México” no tiene dinero para pagar las dadivas de gobierno… en otras palabras, López Obrador ha dejado de sumar y ha comenzado a dividir ahora a su propio movimiento y a sus seguidores, se ha convertido en el político en solitario, el mal político, una persona cada vez más paranoica que actúa emocionalmente en vez de usar la razón… El futuro que le espera es quedarse solo, sin nadie que crea en él y si por alguna razón morena logra prevalecer otro sexenio en el poder, muy probablemente su sucesor lo culpará de todo el mal que heredó y la historia lo hará pasar como un sexenio gris y de gran retroceso… Esas son las consecuencias de ser un mal político.


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