El infierno del tráfico sexual en México

Ciudad de México, 24/02/25 (Más).- Alison Vivas, una joven colombiana que emigró a México con la esperanza de mejorar su situación económica fue víctima de una red internacional de trata de personas con fines de explotación sexual. Su historia, que mantuvo en silencio durante años fue revelada a través del podcast Vos Podés y en él relata los meses en los que estuvo bajo el control de un grupo criminal en Cancún.

En marzo de 2017 con tan solo 22 años, Alison dejó su hogar en Bogotá con el objetivo de encontrar estabilidad financiera y sacar a su madre de un entorno de violencia doméstica. Una amiga le ofreció una oportunidad de empleo en Cancún, lo que parecía ser el inicio de un futuro prometedor. Sin embargo, al llegar a México se encontró atrapada en un esquema de explotación sexual operado por una sofisticada organización criminal.

El engaño y la trampa de la deuda

La joven viajó convencida de que trabajaría en un restaurante y podría ahorrar dinero para continuar sus estudios universitarios. La red delictiva le cubrió los gastos del pasaporte y el boleto de avión, pero al llegar a Cancún le hicieron firmar un contrato en el que asumía una deuda de 170,000 pesos mexicanos (aproximadamente 8,300 dólares). Como garantía le confiscaron su pasaporte, dejándola sin posibilidad de regresar a su país.

Inicialmente le aseguraron que desempeñaría funciones como mesera. No obstante, pronto descubrió que su verdadera tarea consistía en interactuar con clientes y persuadirlos para pagar por “servicios de compañía”. El dinero que los clientes gastaban en el establecimiento era la única forma en la que ella podía reducir la deuda que le habían impuesto.

Del restaurante a un centro de explotación sexual

Después de mes y medio en el restaurante, Alison fue trasladada a un bar llamado «Bandidas», ubicado en una carretera aislada a las afueras de Cancún. En este lugar las mujeres eran obligadas a bailar en un tubo de pole dance y a prestar servicios sexuales en habitaciones adentro del mismo establecimiento.

Las condiciones de trabajo eran inhumanas : debían permanecer en el bar hasta 13 horas al día sin descanso, salvo que un cliente pagara por un día libre. Además cualquier gasto adicional, tales como multas, ropa o atención médica, se sumaba a su deuda, haciendo prácticamente imposible su liberación.

El operativo de rescate y la deportación

El calvario de Alison terminó cuando un grupo de agentes armados irrumpió en «Bandidas» en un operativo sorpresa. Los oficiales ordenaron a las mujeres vestirse y formarse en fila antes de trasladarlas a una estación de policía en donde les informaron que estaban siendo rescatadas.

Posteriormente Alison fue enviada a una estación migratoria, lugar en el que permaneció detenida por 12 días antes de ser deportada a Colombia junto con otras víctimas. El regreso a su país fue un proceso difícil y humillante : fueron trasladadas en un avión con custodia policial y, al llegar a Bogotá la prensa cubrió su arribo.

Ocho años después una lucha por la visualización

Tras regresar a casa Alison evitó hablar de lo sucedido hasta que decidió contar su historia públicamente. Actualmente busca crear conciencia sobre la trata de personas delito que, según Naciones Unidas y la organización Walk Free, afecta a más de seis millones de personas en el mundo.

Ocho años después de su experiencia ha logrado reconstruir su vida y convertirse en madre. A través de su emprendimiento de confección de telas africanas, «Menta y Pomelo», sigue adelante mientras denuncia la existencia de estas redes criminales. “La esclavitud no desapareció, solo aprendieron a disfrazarla mejor” concluye en su testimonio.


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