Ciudad de México, 12/05/25 (Más).- Investigadores independientes en ecología, conservación biológica y urbanismo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) concluyeron que la construcción y operación del Tren Maya podría causar una degradación acelerada de los ecosistemas de la península de Yucatán en los próximos 25 años, con implicaciones graves para la biodiversidad, las comunidades locales y la estructura territorial.
Los estudios, elaborados como peritajes en el marco de un juicio de amparo promovido por organizaciones ambientalistas, revelan que hacia 2050 las zonas agrícolas podrían incrementarse un 64%, las pecuarias un 37%, las urbanas un 24%, y los ecosistemas naturales reducirse un 20%, en comparación con un escenario sin el megaproyecto ferroviario.
Estas cifras, incluidas como pruebas en la demanda presentada por la organización Territorios Diversos para la Vida (TerraVida), advierten que el Tren Maya no solo transformará la infraestructura de la región, sino también su tejido ecológico, social y cultural.
“Cuando pensemos en el tren, no solo lo pensemos como un conglomerado de estaciones y trenes. Pensemos que eso es solamente la punta de lanza de algo mucho más grande del cual no tenemos, siquiera, un escenario de qué podría traer consigo”, señaló Viridiana Maldonado, abogada y co-coordinadora de TerraVida.
Proyecciones al 2050: fragmentación ecológica y expansión descontrolada
Los investigadores aplicaron modelos de cambio de uso de suelo para estimar el impacto acumulado y a largo plazo del proyecto. Incluso sin el tren, se proyectaba una expansión del 59% en zonas urbanas respecto a 2016, pero con el Tren Maya ese aumento crecería casi 25% adicional, impulsando nuevos asentamientos, construcciones inmobiliarias, mayor demanda de recursos y contaminación.
El peritaje advierte que estos efectos no se manifiestan únicamente durante la construcción del tren, sino en los años posteriores, cuando se detonen actividades como agricultura, ganadería y urbanización desordenada.
Análisis más allá del discurso oficial
Luis Zambrano, ecólogo de la UNAM e integrante del equipo que desarrolló los peritajes, afirmó que el análisis oficial del impacto ambiental del Tren Maya se realizó de manera fragmentada, impidiendo una evaluación integral del daño ecológico.
“Evaluar solo una parte del ecosistema es como quitar un instrumento de una orquesta y pensar que la música sigue igual. El problema es que en ecología las interacciones son aún más complejas”, explicó.
Zambrano cuestionó que las Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) no reflejan los impactos acumulativos ni a escala regional. La fragmentación del proyecto en tramos minimizó los efectos reales del megaproyecto sobre la selva maya, los cenotes, los corredores biológicos y los servicios ecosistémicos que sostienen a las comunidades humanas.
Fragmentación del hábitat y gentrificación ambiental
Enrique Martínez Meyer, biólogo del Instituto de Biología de la UNAM, identificó que el Tren Maya provocará una fragmentación crítica del hábitat. Aunque la región ya enfrentaba presión por la ganadería y el turismo, el ferrocarril acelerará la urbanización y ampliará la demanda de recursos naturales.
“La urbanización genera no solo crecimiento urbano, sino necesidades de recursos. El proyecto traerá consigo un mayor proceso de gentrificación y expansión de las fronteras agropecuarias”, advirtió.
Martínez explicó que, además de las estaciones y vías del tren, la llegada masiva de población incrementará la presión sobre ecosistemas, contaminando cenotes, agotando acuíferos y elevando la generación de residuos.
Reconocimiento oficial y omisiones
A pesar de que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) no ha ofrecido entrevistas al respecto, su titular, Alicia Bárcena, reconoció públicamente el pasado 31 de marzo los daños provocados por la construcción del Tren Maya. Bárcena planteó la posibilidad de declarar área natural protegida al sistema de cavernas impactadas.
Sin embargo, los peritajes señalan que los instrumentos de planeación ambiental como las MIA fueron insuficientes y no consideraron impactos acumulativos ni a largo plazo. Por ello, los especialistas diseñaron un nuevo Sistema Ambiental Regional (SAR) para estimar los efectos reales del proyecto.
Un proyecto que redefine el desarrollo regional
Los investigadores y activistas coinciden en que el Tren Maya no debe analizarse solo como un sistema de transporte, sino como un modelo de desarrollo territorial que transformará profundamente la península.
“El discurso oficial dice que el tren es para facilitar la movilidad, pero en realidad se trata de un detonante de urbanización masiva, turismo desbordado, crecimiento industrial y extractivismo”, aseguró Maldonado.
El impacto del Tren Maya, concluyen los expertos, trasciende la infraestructura ferroviaria. Implica un cambio estructural en el uso del territorio, con consecuencias irreversibles para la biodiversidad, las culturas indígenas y la sostenibilidad ecológica de la región.
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