Por Horacio Cárdenas Zardoni
Cuesta trabajo creerlo, pero la burocracia se pega, se contagia entre burócratas, que no es lo mismo que decir servidores públicos, y aun yéndonos más arriba, más pronto se contagia un político de burocracia que como dic el dicho, que cae un hablador más rápido que un cojo.
En el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador, él había sido burócrata, aunque supuestamente lo suyo era el trabajo de campo como empleado que fue del Instituto Nacional Indigenista, que hasta una fotografía delatora hay en la que aparece junto a Carlos Salinas de Gortari cuando este era presidente, y por extensión su patrón.
También como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, López Obrador tuvo que entrarle a la burocracia, pero a la luz de los años, enturbiada por su actual desempeño como presidente de la república, López Obrador tuvo que lidiar con cosas estrictamente administrativas, y lo hizo de bastante mala gana. Lo suyo, lo que lo hace feliz, aparte de darle vuelo hipersónico a su rencor contra todo el mundo, es la política, sí, pero la política de quien anda en campaña, no de quien ya triunfó, en cuanto a esto, su paso por la jefatura de gobierno fue más bien mediocre, a él lo que le gustaba era dar las conferencias mañaneras para poner en jaque a su vecino, nomás cruzando la plaza, Vicente Fox Quesada, andar grillando por todas las delegaciones, mientras tanto su secretario de finanzas hacía y deshacía… en unos viajes a Las Vegas que eran unas auténticas bacanales, mientras el dinero fluía a raudales con fines nada claros, como lo puede testimoniar René Bejarano, y hasta el asunto aquel del desafuero, todo por no llevar las cosas jurídicas y administrativas de su oficina como debía, y es que la verdad, para burócrata se nace, imposible hacerlo de la nada, como también para político se nace, y a eso que es lo suyo nadie le gana.
El problema es que de momento, lo que a la gente le importa es su trabajo como servidor público, no sus múltiples campañas por perpetuar la llamada cuarta transformación, que no solo no tiene ni pies ni cabeza, pero que ni siquiera puede presumir de un nombre propio, un sello ideológico, y para muestra el bodrio de monumento que pusieron en la Refinería Olmeca, esas cuatro columnas donde aparecen, según, la primera, segunda, tercera y cuarta transformaciones de este país, pero las primeras 3 tienen nombre: independencia, reforma, revolución y la cuarta… no, ni eso han logrado.
Prueba de lo que le estamos comentando es una nota aparecida la semana pasada en los medios de comunicación, en la que se informa que la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, en la que despacha como titular una de las piezas más cercanas y confiables al presidente, Rosa Icela Rodríguez, y quien pretende ser candidato y luego gobernador de Coahuila, Ricardo Mejía Berdeja como subsecretario, ha dispuesto la creación de un “grupo especial” para atender la violencia en el país. Este grupo especial parte de la creación de algo que se llamará Comisión Interna para la Atención del Delito de Homicidio Doloso, que será la parte normativa y pretendidamente pensante, e la cual dependerá el brazo operativo, que será la Coordinación Nacional Antihomicidio. ¿suena impresionante, no le parece?, a nosotros no nos apantalla tanto, para empezar porque llega con cuatro años de retraso, tanto la reorganización de la dependencia encargada nominalmente de la seguridad en el país, porque lo que es en la práctica, esta carece de mando sobre alguna fuerza, hablando en específico de la Guardia Nacional, no de otros servicios que, esos sí, están muy focalizados a cosas de gobierno, no directamente a lo que a la gente le importa.
Sí, sabemos que la cuarta transformación ha transformado muchas cosas en este país, no necesariamente para bien, algunas simplemente están puestas patas para arriba, mientras que otras por no interesarles mayormente, o siguen haciendo las cosas como las hacían en “el período neoliberal”, o no sintiéndose presionados ni supervisados, hacen lo menos posible.
Entre las cosas que están patas arriba en el ramo de seguridad está, según nos parece a nosotros, la revoltura entre lo que es la función de prevención del delito y lo que es la persecución del mismo. Desde la Constitución de 1917, y probablemente desde antes, estaba perfectamente marcada la distinción entre una y otra, a la policía preventiva se le asignaba la tarea, la más importante de todas, de que los delitos no ocurrieran, y en su defecto, cuando sucedían, pues entraba una policía ministerial, judicial o como se denomine en determinado momento de la historia y de la burocracia, para agarrar al infractor para someterlo a la justicia, pero en el entendido de que entraba en funciones ante la falla de los primeros.
En este sexenio a la policía preventiva, a seguridad pública y protección ciudadana, a la guardia nacional, se le han asignado tareas, muchas, demasiadas, que normalmente corresponderían al ministerio público, a las fiscalías, pero no, allí los tiene metidos en investigaciones periciales, hasta en autopsias, exhumaciones y cuanta cosa, que normalmente no les tocarían, pero como casi seguro se sienten ninguneados, vilipendiados, despreciados por el mando militar que se ha adueñado, con la venia del presidente López Obrador, de la Guardia Nacional, buscan su propio nicho donde sobrevivir, que si no lo logran, perderán toda razón de existir, con el riesgo de terminar como una oficina junto al closet donde se guardan las escobas y trapeadores.
Ahora con lo de la mentada Coordinación Nacional Antihomicidio, habría que partir de una pregunta básica, ante la presunción del personal policiaco de que se va a cometer un delito ¿cómo podrán saber si los todavía delincuentes en potencia tienen la intención de matar a alguien?, si solo roban, asaltan, hieren, secuestran, o cualquiera otro de los crímenes en el catálogo, no tendrían porque ocuparse, no es su jurisdicción, para eso están los policías antisecuestro, los rondines, los patrullajes, lo demás, pero la Coordinación Nacional Antihomicidio solo podría entrar en funciones no cuando ya hubiera sucedido el asesinato, que eso ya correspondería a la policía investigadora, sino antes…
La nota publicada detalla que el gran invento burocrático policiaco de López Obrador, seguramente a propuesta de los intelectos privilegiados de Rosa Icela y Ricardo Mejía Berdeja “pondrá en marcha una estrategia de acción táctica (sea eso lo que sea) para combatir conforme a las disposiciones aplicables “personas, grupos y organizaciones dedicada a la comisión de asesinatos”… ¿se da cuenta de lo grave de lo dicho?, están suponiendo, con datos de inteligencia queremos pensar, que hay gente dedicada a matar gente, no para robarlas, no para asaltarlas, no para desplazarlas de un territorio o un negocio lícito o ilícito, y que por eso la quitan de en medio matándola, sino que viven para asesinar… ni más ni menos que escuadrones de la muerte al estilo Brasil o El Salvador, ¿es en serio?, ¿tan mal estamos en México que se requieren policías dedicados a evitar que nos matemos mutuamente, por nada? ¿o para variar andan perdidos y no saben por donde comenzar a arreglar el desorden que traen.
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