Editorial

El gran bully

ENRIQUE ABASOLO

Quizás usted, en algún momento de su infancia sufrió por el acoso de algún “bully”.

Desde luego, cuando yo era niño nadie les llamaba así, aunque por supuesto había por lo menos uno en cada barrio o salón de clase.

Antiguamente, antes de que el sistema educativo nacional tuviera la genial ocurrencia de abatir los índices reprobatorios del país prohibiendo estrictamente a los maestros reprobar a ningún chamaco, teníamos invariablemente en cada aula a un espécimen rezagado, incapaz de aprender a leer de corridito.

Al cabo de unos años ahí seguía fosilizando en el grupo de Cuarto Grado un güey que o bien, ya se rasuraba, o lo andaban buscando para que pagara la pensión alimenticia.

Obviamente eran bestezuelas que jamás recibieron un abrazo cuando comenzaron a experimentar todos los cambios hormonales propios del desarrollo, porque venían de hogares completamente disfuncionales, así que acababan desquitando sus frustraciones con los más chiquitos. Como la Historia nos ha enseñado, los más débiles siempre la pagan por la negligencia de terceros.

Si por alguna razón te amistabas con el gorilón ¡con madre!, porque ya tenías quién te defendiera de los de 4o B o incluso de los del Turno Vespertino que, como bien sabemos, esos sólo gozan del privilegio de asistir a clases porque el sábado deben ir a firmar sin falta.

¡Pero ay de ti si te agarraba ojeriza!, porque tu vida se iba a tornar miserable, al menos por una temporada, hasta que el energúmeno -que ya fumaba de los sin filtro- agarrara a su nuevo pendejo o hasta que todos se graduaran, lo que ocurriera primero.

Las nuevas generaciones -que no saben que son esas estresantes vivencias las que forjan el carácter de los verdaderos hombres- quisieron sentirse novedosos diseccionando el problema y poniéndole un nombre importado: “Bullying”, del verbo “to bully” que significa “¡saca lo que traigas si no quieres que te parta tu madre delante de la niña que te gusta!”.

Los bravucones del salón son unos auténticos emprendedores pioneros de la industria del  cobro de piso y del ¡cámara ya se la saben!”.

Los analistas de aquí, de allá, de acullá y maracuyá no se cansan de repetir que Donald Trump es un “bully”. Y aquel que no lo dice como señalando uno de los peores defectos de su de por sí repulsiva humanidad, lo dice como ensalzando uno de los mejores atributos que podría tener como comandante en jefe de la nación más guacamolera del mundo (los Yunaites).

Y si ocho de cada diez expertos lo dicen debe ser verdad. El señor es un “logrón” que sólo negocia cuando se sabe en una posición completamente ventajosa y hasta las derrotas las matiza como victorias. Pero es ante todo un bocaza muy dado a la intimidación.

Por eso todos celebraron la prórroga lograda por la Gerenta del Obradorato ante la inminente cascada arancelaria que se nos venía de parte de los EEUU.

La secta desde luego la aplaudió rabiosamente. ¡Carajo! Si los inútiles de nuestros diputados lo mejor que pudieron hacer (con lo que les pagamos a los muy pendejazos entre salarios, prestaciones y ayuda para asesorías) fue ponerse a echar bravatas y cantar el glorioso Himno Nacional. ¡N’ombre! Eso y fingir la muerte como cabras en presencia de un depredador es lo mismo. Por eso, en comparación, Sheinbaum hasta resplandece.

Pero  incluso algunos no afines a su camorra que ellos llaman movimiento le dieron una buena nota a la tres veces doctora, concediéndole que había sabido sortear correctamente esta emergencia económica, haga de cuenta como Kennedy durante la Crisis de los Misiles.

Detalle curioso, esta buena nota se la otorgaron algunos diarios y publicaciones norteamericanas, precisamente esas que la 4T asegura que no valen madre y son meras armas mediáticas del neoliberalismo. Desde luego, ésta vez no le pusieron ninguna de esas objeciones.

Y otra vez: Si lo dicen prestigiosos medios informativos, hoy reconocidos hasta por la chairiza, pues debe ser cierto. Por lo que mis objeciones, sospechas y reservas valen pa’ puro churro, pero igual las voy a manifestar:

1.- Canadá logró lo mismito. Exactamente el mismo mes de gracia que nos concedió Mr. Trump se lo dio a los hijos de Trudeau, sin que estos tuvieran que hacer apenas nada. Es decir, el mes de gracia era algo que el horrendo Hombre Calabaza ya tenía contemplado otorgarle a sus socios del T-MEC (yo todavía le dije “TLCAN” en la pasada entrega.. XD XD). Así que difícilmente fue un logro de diplomacia y negociación de nuestra Presidenta. Antes que ello, primero Trump obtuvo de México lo que deseaba: Un muro fronterizo de puros elementos de la Guardia Nacional, que ya dijo doña Shein que no quitó de las zonas de mayor conflicto de México, sino de las más pacíficas (quizás para que se pongan igual de violentas que las otras).

2.- Pero en caso de haber sido todo producto de la astuta negociación de nuestra Comandanta y su gabinetazo, si lo ponemos en términos de bullying escolar, ¿qué rayos fue lo que Sheinbaum consiguió? ¿Una prórroga? Eso equivale a haberle dado el lonche al matón de la clase para convencerlo de que no nos pusiera una madriza allí mismo, pero con la consigna de que, si para mañana no le entregamos lo del almuerzo, nuestra colección de luchadores y una foto de mamá con poca ropa, la madriza será inminente.

La amenaza sigue vigente y seguimos a merced de lo que se le ocurra pedirnos al mero madrota del salón.

Vuelvo a preguntar: ¿Cuál soberanía? ¿Es eso saber negociar? Si usted es de los que responden que sí, ¡pues pobre! Ya me imagino cómo me lo traían los más grandes y abusivos de su clase.

3.- Hay una tercera posibilidad y no la podemos descartar, de que todo sea -como ya se lo he dicho anteriormente- un ejercicio coreografiado, pues cada quién consiguió algo para presumir con su respectiva base electoral: La doctora convenció a todos de que es una chucha cuerera de las relaciones internacionales político-comerciales; y Trump ya le puede decir a su rednecks que ya logró que México refuerce con un muro de soldados “brownies”  la frontera que divide a su país del tercer mundo, aunque ello no arregle ni por asomo el problema migratorio ni mucho menos la crisis del fentanilo, pero eso es irrelevante pues, tanto para Mr. Trump como para la 4T es más importante la retórica que los resultados.

No sería raro que a ninguna de las partes le interesara resolver  realmente ninguno de estos problemas, pues el sistema político nacional mexicano depende del narcotráfico como del aire para subsistir; mientras que la economía gringa depende -cual adicto al “fenta”- de la mano obra barata de los trabajadores indocumentados.

En cuyo caso, me pregunto ¿Es realmente el Bebote Naranja un bully o, por el contrario, es un gran negociador y amigo, no de México, sino de su gobierno y élite política?


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