Horacio Cárdenas Zardoni
Teníamos meses, no, teníamos años, escuchando que el mundial de futbol iba a generar un volumen de turismo hacia México, como no se había visto antes, y vino a resultar que no fue así, al menos no ha sido así hasta el momento y es de dudarse que se cumplan, ni remotamente, las expectativas que se tenían.
México entero se trepó en el volantín, y más cuando se partió del supuesto de que, por jugarse los encuentros en tres distintas sedes, esto propiciaría una derrama nunca antes vista en nuestro país, en el que por lo general se centralizaban los eventos, y por extensión, las ganancias, en una sola sede.
A nosotros se nos hacía cuesta arriba, pesimistas que somos de inicio, y poco amigos del futbol en general, nos daba la impresión de que estaban pecando de exceso de optimismo. En primer lugar porque el público futbolero es muy particular, no es muy común que aquel al que le gusta presenciar un partido en un estadio, saliendo de allí quiera irse a un museo, a un pueblo mágico, a algún atractivo natural, de los que se estaban preparando para recibir las oleadas de turistas. Así como yo veo las cosas, el que va al estadio de futbol, y si su equipo gana, se va a festejar al Ángel de la Independencia, armando desmanes por todo el trayecto, al grado que en la Ciudad de México tienen que poner vallas y vigilancia policiaca extrema, para tratar de evitarlos, contenerlos no, porque no le van a quitar al público su irrefrenable deseo de festejar ¿qué importa si se roban las espadas de las estatuas de los héroes?, luego les ponemos otras más bonitas, o los dejamos así.
Yo no sé qué es lo que estaban pensando, que si los turistas que se decidieran a gastar en venir a ver su equipo jugar, iban a estarse aquí el mes y medio que dura el torneo. Quede claro que yo no le entiendo mucho a eso, ni quiero entenderle, pero si un equipo gana el primero, juega el segundo, y así hasta el cuarto y quinto partido, ¿pero y si pierde?, si pierde el primero juego otro, y si pierde ese también ¿ya se acabó para ellos, no?, entonces las probabilidades de que los turistas, digamos los de Sudáfrica, contra el que jugó México el día de la inauguración, su equipo perdió, y si sus vacaciones iban a ser de 5 días, las vieron recortadas a 15…
Bueno, eso es lo de menos, lo que sí importa es que en cada sede de las que se seleccionaron en México, la CdMx, Guadalajara y Monterrey, tenían solo cuatro partidos, las dos últimas y 5 la primera ¿Alguien iba a venir desde Italia, Francia, Japón, a ver cinco juegos a México, fuera quien fuera el que jugara? Lo dudo, pero si así fuera, entonces digamos que sí se justificaba la idea esa de que pudieran aprovechar para recorrer el país para arriba y para abajo, pero estos serían los menos. Yo más bien me inclino por pensar que, si acaso, venían a un juego, y los dos o tres días adicionales, esos sí, a lo mejor se paseaban… pero por Cancún, por Acapulco, por Puerto Vallarta, no por los pueblos mágicos de Nuevo León, Coahuila, Jalisco o los cercanos a la Ciudad de México.
Esperaban, según cálculos de algún estadístico egresado de la Universidad del Bienestar del Ejido Batopilas, la llegada de cinco millones de turistas… esos nada más a la ciudad de México, más los que llegaran a Monterrey y Guadalajara, que serían tantos, que ciudades como Saltillo y Parras tendrían la oportunidad de ver copada su capacidad hotelera… puros sueños guajiros. Alguien les explicó con peras y manzanas que, el Estadio Azteca, luego Estadio Banorte, luego Estadio ciudad de México, a plena capacidad, apenas daría cabida a 500 mil personas en cinco juegos ¿de veras alguien piensa que va a venir gente de Borneo o Nueva Zelanda, para conformarse con ir al futFest del zócalo?, y pues no.
Lo último que nos enteramos, ya en pleno plan lacrimoso fue que los hoteleros y hosteleros de Parras de la Fuente se quejaban de que la ocupación de sus cuartos se había reducido a un modestísimo 8% en los últimos fines de semana, y esto lo atribuían ni más ni menos a que la gente se estaba quedando en Monterrey, no para ver un juego en el estadio, sino para acudir a los fan fest que organizó el gobierno y la alcaldía de Nuevo León para divertirse viendo ¿qué?, como tanta gente, viendo jugar a equipos de países que no habían oído nombrar nunca, ni estarían en posibilidad de señalarlos en un mapa.
Vino a resultar exactamente lo contrario de lo que se creía y se esperaba, las grandes aglomeraciones de turistas, para los cuales habían dispuesto subir el precio de las habitaciones, brillaron por su ausencia. Hablan de pérdidas por millones de pesos, entre hoteles y restaurantes, aunque yo más bien me referiría a dinero que dejaron de ganar, que definitivamente no tenían en la bolsa.
Claro que ellos ofrecían lo que tenían que ofrecer, no puede ser de otra manera, hablando de Parras, no hay ni dónde entrenar, dónde jugar, y no vaya a ser la de malas y pesquen alguna alergia a la floración del nogal o algo así. Lo único que les podemos decir es que, para eventos subsiguientes, no se emocionen ni se encandilen con algo que no es nuestro, pero para este mundial, ya ni modo, puras pérdidas, que por supuesto, debieron pensar que podrían ocurrir…
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