Manuel Fragoso Álvarez
Nací el mismo año que el Rock and Roll, llegué tarde al mítico 68 porque a mí me agarró saliendo apenas de sexto de primaria, por lo que no tuve la suerte de conocer de primera mano los grandes cambios que se dieron no sólo en nuestro país, con la matanza de estudiantes en esas sangrientas olimpiadas, sino en gran parte del mundo, desde China, Francia y su mayo francés, donde obreros y estudiantes hicieron huelgas, la primavera de Praga en Checoslovaquia donde se trató de democratizar al socialismo, Alemania en donde también los estudiantes participaron con movilizaciones para frenar la manipulación de los medios de comunicación, en Estados Unidos donde los jóvenes protestaron por la guerra de Vietnam, en África contra el Apartheid, e igualmente en Italia, Japón y Polonia. No, esto no fue un movimiento local, fue un despertar generacional, sin redes sociales, ni internet y hashtags, en donde estudiantes, obreros y la clase media participaron activamente buscando un cambio político y rechazando las estructuras de poder de esos años.
En estos tiempos se configuraba la izquierda y los movimientos contraculturales empezaban a surgir buscando un espacio de libertad y democracia, sin partido, pero con ideologías emergentes y leyendo libros “prohibidos” para la época.
Unos cuantos años después surge la guerrilla urbana en nuestro país, impulsada por la revolución cubana, la represión de los Halcones del tristemente célebre Alfonso Martínez Domínguez y el surgimiento del Frente Urbano Zapatista y la Liga comunista 23 de septiembre conformada por estudiantes de diversas instituciones de educación superior.
Este grupo armado realizó secuestros, asaltos a bancos y enfrentaron a las fuerzas policiacas, estuvieron activos desde 1970 hasta 1974. Su lucha, según los participantes, fue por la falla del sistema al no haber vías democráticas para expresarse, así como la represión a todo tipo de manifestaciones por parte del estado.
Ya en la prepa, mi cuarto estaba tapizado, literalmente, desde el techo y todas las paredes de poster de la Asociación Internacional de Estudiantes, casualmente con sede en
Praga y con influencia soviética y con miembros en todas partes del mundo. Mes con mes llegaba un sobre a la sociedad de alumnos de nuestra escuela y nos repartíamos los posters que estaban muy bien diseñados, con papel y tinta de primera, en donde se ensalzaban las guerrillas de todo el mundo y mucho las de los países de América Latina. En el centro de mi habitación estaban tres figuras en poster de más de un metro: Emiliano Zapata, El Che Guevara y un cuadro con una foto de César Augusto Sandino donde figuraba un pañuelo rojo con negro y unas letras en blanco que decían FSLN, Frente Sandinista de Liberación Nacional, en ese entonces liderado por un insigne guerrillero que hoy es un triste sátrapa dictador de su país, Nicaragua, pero de él hablaremos luego.
Mi tío Mauro, fundador de un sindicato emergente, me dio a leer La Formación de los cuadros de Lenin, donde se buscaba ideologizar para formar una estructura con miembros disciplinados, que se metiera en fábricas y barrios y capacitar gente para poder lograr la conquista del poder político. En la facultad leí y leí a Marx, pero hasta ahí llegué.
¿Que creí en el movimiento de izquierda?, lo acepto, ¿Que la lucha revolucionaria me parecía lo más adecuado para lograr alcanzar el poder político? también, no me afilié a ningún partido político pero desde donde me encontrara tuve la oportunidad de criticar lo que yo consideraba que no era correcto.
Pero al paso de los años, te das cuenta de la realidad, no hay líderes pobres, y los que lo fueron al llegar al poder enriquecen y pierden el piso y conozco varios. Los revolucionarios de antaño al lograr llegar al poder político se les olvida su origen y buscan enriquecerse a costa del pueblo: Petro en Colombia miembro del M-19, Cerén en el Salvador miembro de las fuerzas populares de Liberación, Rousseff en Brasil, destituida del cargo por malversación, Fidel y Raúl en Cuba, y el sátrapa de Daniel Ortega en Nicaragua, Chaves tuvo su propio grupo militar pero no fue guerrillero, sólo ladrón. Punto aparte y nada que ver con los anteriores, está el ex Presidente del Uruguay, Don Pepe Mujica que fue miembro del movimiento guerrillero de los Tupamaros, que tomaron el nombre de Tupac Amaru II, un indígena que encabezó su lucha contra el virreinato del Perú, Mujica fue calificado como el mejor presidente que ha tenido el Uruguay, durante su mandato se redujo la pobreza, creo leyes significativas, hubo crecimiento económico importante y fue reconocido internacionalmente por su estilo de vida sencillo.
Y por supuesto que en nuestro país tuvo sus “guerrilleros” como: Jesús Zambrano que formó parte de la Liga Comunista 23 de septiembre. Pablo Franco: Exmilitante vinculado a la Red de Izquierda Revolucionaria José Antonio Rueda, Guadalupe Acosta Naranjo y otros más. Con el tiempo, se distanciaron del PRD que fue el partido que los cobijó y del cual la Sra. Claudia Sheinbaum y Noroña fueron miembros fundadores y tras el auge de Morena se sumaron a este.
Dijo mí siempre admirado Joaquín Sabina, quien siempre se declaró de izquierda, que todos tenemos “ojos, oídos y cabeza” para ver, escuchar y pensar y si hemos visto al paso de los años, el estrepitoso fracaso del comunismo y del socialismo y observamos el declive de los movimientos de izquierda en América Latina, que tristemente perdieron el rumbo por no adecuarse a los tiempos. Y aún así, muchos siguen soñando con que esto va a funcionar, aunque la realidad nos ha golpeado al ver con tristeza como en nuestro país, han acabado con las instituciones, con la democracia, con la justicia social, con la libertad, y donde han hipotecado nuestra soberanía, al no saber manejarlo adecuadamente en favor de la sociedad y no sólo de unos cuantos.
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