Horacio Cárdenas Zardoni
Durante muchísimos años, el senado de la república había funcionado como una especie de panteón de la clase política nacional. Allí van a dar los exgobernadores, otros que habían sido secretarios de estado y otros muchos santones a los que se les guardaba el debido respeto, pero a quienes de preferencia había que mantener lo más alejados del escenario político actual.
Por supuesto se les rendía el debido homenaje, cada vez que había menester, Por supuesto que cobraban dietas prácticamente ilimitadas, pero el ejercicio del poder les estaba vedado por conveniencia del propio sistema político y de quienes detentaban el poder, que lo que menos deseaban es tener cerca a alguien que pudiera hacerles sombra.
De hecho era un juego un tanto cruel, el preguntar en los Estados ¿Oye quién es tu senador? Porque la respuesta triste e incómoda era que pocos lo recordaban, y no pocos los que se hacían los sorprendidos diciendo ¿ A poco todavía vive? Así de bajo era el perfil de los senadores.
Y de más de una manera Miguel Ángel Riquelme Solís, se apegaba a esta regla. En parte era la vergüenza de haber perdido la elección para senador de mayoría, teniendo que consolarse con la posición que se concede a la primera minoría, y en parte o al menos así se dijo, unas afectaciones de salud, El caso es que Riquelme dio poco de qué hablar durante estos últimos dos años. Se adaptaba bastante bien a su papel de disfrutar su exilio doradísimo, e incordiar poco la política Estatal.
Todo fue que se muriera el incómodo Román Alberto Cepeda, a que prácticamente nadie quería, más que él mismo y los representantes de la clase política de hace casi un siglo, para que el escenario político de Coahuila sufriera un reacomodo Que prácticamente nadie esperaba Aunque por lo visto, muchos deseaban.
Muchos pensábamos que la sustitución del finado Cepeda era un asunto de mero trámite. El propio congreso del estado se daba muy poca prisa en resolver la cuestión y no, lo que menos se advertía de los torreonenses por ver ocupada la Silla de alcalde.
Pero este aquí que Tan pronto se dio la designación, Por quién decide esa clase de cosas, a saber, el gobernador Manolo Jiménez Salinas, se dio una cargada que la verdad no esperábamos y a la que tampoco le encontramos mucha justificación.
De repente Miguel Riquelme se convirtió en el político más felicitado de todo Coahuila, de él que nadie se acordaba en las semanas y meses anteriores, pasó a cosechar flores y frutos como si de veras fuera el amigo de todos los niños.
De veras, se portaron como si a todos les fuera a caer el inesperado nombramiento de secretario, director general, olla de perdida director de área, felicitaciones tan arrastradas, como si fueran proveedores Únicos, sin concurso ni licitación del ayuntamiento de Torreón por venir.
De ninguna manera vamos a quitarle mérito a la posición, la alcaldía de Torreón disputa el segundo lugar con Saltillo entre política y económicamente más importantes del estado de Coahuila, Aunque sí cabe recordar que por poco tiempo, pues la renovación del cargo deberá ocurrir en menos de un año, A menos que, jugada implique de una vez Riquelme sea el candidato del PRI y sus paleros, para esa elección, lo cual no dejaría de ser un déjà Vu, de esos que dejan a todos entre sorprendidos y patidifusos, sobre todo porque ¿ realmente no hay en Coahuila mejor opción de candidato para Torreón, que quien apenas logró sacar la elección cuando lo fue por primera ocasión?
Por lo pronto todo es alegría felicidad y especulación de qué es lo que a cada quien le puede tocar, Ven el factor Riquelme como uno ganador, cuando hasta hace muy poquito era hicimos de este fulano.
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