El efecto dodo

Lic. Marco Campos Mena.

Es bien sabido que estamos viviendo en una década en la que muchos conceptos se han perdido o confundido, la enorme cantidad de información que hoy existe solo sirve para una cosa, para desinformar a las masas.

El efecto Dunning-kruger describe con increíble precisión un fenómeno social que seguramente podrá apreciar al ver a su alrededor, todo mundo cree saber porque vieron un video de youtube de 3 minutos o un tik tok en el que una persona sin credenciales que lo acrediten explica su interpretación de un tema.

El mencionado efecto es un sesgo cognitivo en el que las personas con una baja habilidad la sobreestiman, o, en otras palabras, saben muy, muy, muuuuuuy poco de un tema, pero se consideran expertos.

No es de extrañarse que en redes sociales hagan hasta memes al respecto con la viralizada frase “ya me cansé de ser experto en… ahora seré experto en…” con relación a los “opinólogos” que asumen conocer mucho de un tema sin haber profundizado en su estudio.

Bien dijo Mark Twain, “Es mejor estar callado y parecer tonto que abrir la boca y disipar las dudas” o como alguna vez lo expresé, “Es mejor ser un observador y parecer ignorante que publicar en redes sociales y disipar las dudas”

Y ahora se preguntará, ¿qué tiene que ver el dodo con todo esto? La respuesta es sencilla; El dodo se extinguió por ser un ave menos apta y que no conocía depredador alguno, por lo que fue sumamente fácil para los seres humanos cazarla hasta su extinción, jamás se defendió, jamás se adaptó, siempre vivió en la ignorancia.

Probablemente lo recuerde también en la escena icónica de la pela por las sandías en la era del hielo, un ave torpe que cree saber de todo y que puede resolver problemas de manera simplista, algo que quizás haya visto en la sociedad actual, y debo decir, muy marcado en la generación derivada de un estilo de crianza permisiva.

¿Qué hacemos ante este mundo sobre poblado en el que la muchas personas restan mucho más que lo que podemos aportar muchos de nosotros? Una respuesta sencilla sería esperar…si, esperar.

Las personas que puedan encajar en la descripción de un “dodo” pudieran ser su propia extinción, quizás algunas queden grabadas en un live de redes sociales, no sería la primera vez, casos ha habido muchos e incluso les han hecho sus videos recordando sus “hazañas” hasta que esto les llevó a la muerte.

Tal es el caso del parkour que por generar contenido arriesgando su vida la perdió, no daré más detalles, seguramente ya se ha enterado de alguno de muchos casos similares que han sucedido.

Incluso se habla de cómo la generación millenial se estaba extinguiendo por grabar los famosos retos que subían a las redes sociales.

Estas personas se caracterizan por otra cosa, sienten que pueden cambiar el mundo solo porque ellos consideran que así debería ser, tal parece que olvidan que “los derechos de una persona terminan donde comienzan los de otra” y quieren obligarnos a aceptar sus infundados y notoriamente no estudiados planteamientos.

Esto mismo sucedió con el lenguaje inclusivo, mismo que es absolutamente inútil e incluso complica mucho más la comunicación al dificultar el fonetismo de las palabras en una oración, sin mencionar que al estudiar las raíces comunes de la mayoría de los idiomas encontramos información que seguramente despejará muchas dudas sobre le porque hablamos y escribimos de tal manera; no es capricho, es funcionalidad, y aunque no es perfecto, bien ha sido estructurado y pensado a través de los años para facilitar la comunicación.

El efecto Dodo, me atrevo a decir, es la falla misma de la democracia, es la degeneración misma a la demagogia al creerse expertos por seguir una convicción subjetiva basada únicamente en discursos de dudosa (y creo que estoy siendo muy benévolo al decir dudosa) veracidad.

Con un poco de discernimiento al investigar las propuestas veríamos lo inviable que son y quién miente para llegar a un cargo público, probablemente muchos no habrían llegado a ser presidentes si no fuera por los dodos.

El mayor problema comienza ahora, ¿Qué tan grande es el ego? Un dodo no querrá cambiar de opinión, recordemos que, para él, lo que sabe lo hace sentir como si fuera un experto incuestionable, son muy fácilmente manipulables.

Quisiera poder decir que podemos cambiarlos, pero no es así, el cambio tiene que venir de un autodescubrimiento y “no es posible despertar la conciencia sin dolor” (Carl Jung) tendremos que esperar a que los débiles creen tiempos duros para que los fuertes puedan surgir a crear los buenos tiempos nuevamente, aunque eso nos lleve al ciclo interminable, preferible a estancarnos en tiempos de negación de la realidad mientras vemos como se desmorona la sociedad.

¿Qué cree usted que pasará? ¿otra revolución cuando despierte la mente de la sociedad? ¿una extinción de un grupo social? ¿un futuro distópico como los juegos del hambre? Solo una cosa es segura, los tiranos se seguirán alimentando de los dodos hasta que estos dejen de serlo o se extingan víctimas de su misma naturaleza.

El mundo es crudo y cruel, pero necesitamos que sea así para despertar la conciencia, el sentido lo encontramos en la adversidad y recuerde que “la necesidad es la madre de todas las ideas” El próximo gran cambio bien pudiera estar más cerca que lo que pensamos.


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