Rotterdam, Países Bajos, 15/05/25 (Más).- En el aniversario 85 del bombardeo nazi que devastó Rotterdam en 1940, una multitud se congregó al atardecer en el centro histórico de la ciudad no para recordar el horror con silencio o lágrimas, sino para presenciar un acto de transformación simbólica: una lluvia de poemas lanzada desde un helicóptero cubrió la gran explanada Binnenrotte con 100 mil marcapáginas impresos con versos de autores chilenos y neerlandeses.
El evento, organizado por el colectivo artístico chileno Casagrande, convirtió un sitio de destrucción pasada en un espacio de belleza, arte y reflexión. Fundado por Julio Carrasco, Joaquín Prieto y Cristóbal Bianchi, artistas nacidos en 1973 —año del golpe militar en Chile—, Casagrande lleva más de dos décadas realizando “bombardeos de poemas” en ciudades que fueron víctimas de ataques aéreos sin ser objetivos militares. Esta vez, colaboraron con el Festival Internacional de Poesía de Rotterdam, en el inicio de su 25ª edición.
“Queremos que los bombardeos de poemas se inscriban también en la historia con otra fecha en la que las ciudades recibieron, no bombas, sino poesía”, señaló Joaquín Prieto, uno de los integrantes del colectivo.
Desde un helicóptero que sobrevoló la ciudad, media tonelada de tarjetas de 7×22 centímetros descendió lentamente ante los ojos expectantes del público. Los poemas, escritos en español y neerlandés, fueron seleccionados de 50 poetas contemporáneos chilenos y 50 neerlandeses, impresos por ambos lados con sus respectivas traducciones. La edición incluyó un homenaje a Gabriela Mistral, la poeta chilena que recibió el Nobel de Literatura hace 80 años.
El espectáculo generó reacciones de júbilo entre los asistentes. Niños y adultos saltaban, abrían paraguas al revés para atrapar tarjetas, sacudían árboles o intercambiaban marcapáginas con otros. “La gente empieza a comportarse como niños”, relató Prieto. “Es una sensación de asombro, de juego y de conexión colectiva”.
Esta “lluvia literaria” marca la única ocasión en que Casagrande hace coincidir su intervención con la fecha exacta del bombardeo, ocurrido el 14 de mayo de 1940. A diferencia de otras ciudades europeas que reconstruyeron sus cascos antiguos, Rotterdam fue rediseñada desde cero. “Aquí quedó solo la catedral de San Lorenzo. Todo lo demás fue levantado otra vez”, explicó Prieto.
El evento, que duró cerca de una hora, fue el resultado de tres años de preparación, involucrando gestiones con municipalidades, permisos de aviación y estudios meteorológicos. El viento es el principal obstáculo para el éxito del proyecto, por lo que Casagrande ahora trabaja con climatólogos para garantizar la caída controlada de los marcapáginas sobre el público.
El primer bombardeo de poemas se realizó en 2001 sobre el Palacio de La Moneda en Santiago de Chile, como un acto de resignificación del lugar bombardeado durante el golpe de Estado de 1973. Aquel evento fue descrito por sus autores como “una experiencia liberadora”. Desde entonces, han replicado la acción en ciudades como Guernica, Varsovia, Dubrovnik, Berlín, Madrid, Milán y Londres.
Casagrande contempla llevar el proyecto a Dresde, Hiroshima y Nagasaki, aunque reconocen que son contextos sensibles que requieren un mayor trabajo de diálogo y entendimiento cultural.
“Es un proyecto-arte. La realización es lo importante. Las lecturas, las interpreta la gente”, concluye Prieto.
Así, una ciudad marcada por el fuego fue cubierta por versos, y donde antes hubo destrucción, ahora quedó sembrada una memoria distinta: una memoria poética.
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