El demoniaco silbato azteca

Ciudad de México, 16/12/2024 (Más / IA).- En 1999, el arqueólogo mexicano Salvador Guilliem Arroyo realizó un hallazgo que despertó la imaginación de expertos y curiosos: durante excavaciones en Tlatelolco, una de las principales ciudades del imperio azteca, descubrió los restos de un joven decapitado que sostenía en sus manos un par de silbatos decorados con el rostro de la muerte. Estos instrumentos, conocidos como silbatos aztecas de la muerte, han sido vinculados al dios del viento, Ehecatl, y a los rituales de sacrificio humano, y ahora un nuevo estudio revela que su sonido no solo es escalofriante, sino que también provoca reacciones cerebrales únicas en quienes lo escuchan.

Fechados entre 1250 y 1521, los auténticos silbatos están hechos de arcilla, miden entre tres y cinco centímetros y representan figuras relacionadas con el inframundo, como Mictlantecuhtli, el señor de los muertos; búhos; y serpientes de fuego. “Son instrumentos únicos en el mundo”, asegura Sascha Frühholz, profesor de neurociencia cognitiva y afectiva de la Universidad de Zúrich, quien destaca su configuración interna de cámaras acústicas enfrentadas, una arquitectura que produce un sonido similar a un chillido. Este diseño, sugiere Frühholz, pudo haber sido el resultado de un largo proceso de ensayo y error por parte de los artesanos aztecas.

El estudio, publicado en la revista Communications Psychology, incluye experimentos en los que voluntarios escucharon réplicas fieles de los silbatos, reconstruidas a partir de escaneos 3D de piezas del Museo Etnológico de Berlín. Los resultados mostraron que el sonido generaba reacciones de aversión, alarma y miedo, activando mecanismos cerebrales relacionados con emociones intensas y asociaciones simbólicas complejas. “Mucha gente nos dijo que el sonido dispara la imaginación, evocando una conexión mística”, explicó Frühholz, quien considera que los aztecas buscaban que el sonido creara un vínculo mental con una entidad divina.

Los hallazgos respaldan la hipótesis de que los silbatos se usaban en rituales de sacrificio para preparar a las víctimas para su descenso al Mictlán, el inframundo azteca. Según el estudio, el quinto nivel de este lugar estaba plagado de vientos letales, y el sonido de los silbatos podría haber evocado ese escenario. Salvador Guilliem señala que, en el mundo prehispánico mesoamericano, la muerte no se percibía con el temor característico de la cultura mestiza novohispana, y sugiere que el propósito de los silbatos no era infundir miedo, sino posiblemente reconfortar a los sacrificados en su transición.

Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo con estas interpretaciones. Arnd Adje Both, arqueólogo musical, advierte que las hipótesis sobre el uso de los silbatos deben manejarse con cautela. Aunque se han encontrado en contextos rituales, como los dedicados al culto de Ehecatl, no existe evidencia arqueológica ni etnohistórica de que se usaran en la guerra, a pesar de las leyendas populares que sugieren que los guerreros aztecas los hacían sonar para aterrorizar al enemigo.

A pesar de las preguntas sin respuesta, los silbatos de la muerte continúan fascinando por su complejidad técnica y su profundo significado cultural. Aunque nunca sepamos si su sonido aterrorizaba o consolaba a las víctimas de los sacrificios, estos instrumentos ofrecen una ventana única al pensamiento ritual y la cosmovisión de los antiguos aztecas, y subrayan el papel del sonido como herramienta poderosa para conectar el mundo terrenal con lo divino.


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