Por Horacio Cárdenas Zardoni
Es más que conocida aquella frase que dice que, si usted no quiere resolver un problema, lo que debe hacer es formar un comité.
La frase se atribuye a distintos analistas del entorno administrativo empresarial, pero también se le anota a uno que otro ideólogo orgánico de la burocracia, como despectivamente les llaman en el primer círculo de la cuarta transformación, pero punto y aparte de su origen, lo verdaderamente relevante es que tiene aplicación tanto en la iniciativa privada como en el ámbito gubernamental, y esto en vez de ser un consuelo, debería ser preocupante, porque es una de las prácticas más frecuentes integrar comisiones, comités, grupos de trabajo, y otras denominaciones por el estilo, para entidades que efectivamente, se dedicarán a recopilar información, a analizarla, procesarla, preparar informes, consumiendo meses y años, para acabar entregando documentos que probablemente contengan todos los elementos de verdad necesarios para la toma de decisiones bien sustentadas, pero que en la práctica para lo que sirven es para que se haya consumido suficiente tiempo, como para que ya no haya un interés porque el asunto se resuelva. Conclusión, los comités son sumamente efectivos, constituyen una solución razonablemente barata para desactivar situaciones de riesgo, ese es quizá su único mérito y utilidad.
Pero bueno, de los comités se habla mucho, sobre todo en un tono burlón, pero de lo que nos interesa ahora platicar es de otro mecanismo parecido, tal vez todavía un poco más retorcido que el de las comisiones, nos estamos refiriendo a los tristemente célebres, y muy poco útiles convenios.
Ambos comparten el hecho de generar, en ciertos entornos todavía bastante ingenuos, altas expectativas, pero para los que saben un poquito del asunto, los tales documentos firmados entre titulares de dependencias, empresa su organización, sirve para que se tomen algunas fotografías que se den a conocer en los medios de comunicación, y poco, muy poco más.
Como no es extraño que ocurra, lo de los convenios tiene antecedentes sólidos, recordamos los convenios que firmaba la Secretaría de Educación Pública con las universidades públicas estatales, el documento solía venir acompañado de un cheque para la realización de tales y cuáles actividades, apegándose a la normatividad vigente, incluyendo reglas de operación y límites muy determinados de lo que se podía y no se podía hacer con el dinero, eso será en convenios más que esperados, pues implicaban para los beneficiarios, recursos económicos frescos, adicionales a los presupuestos regulares. Pero luego la cuestión se desvirtuó, los convenios dejaron de tener objetivos concretos a realizarse en tiempos perentorios, para convertirse en ceremonias de lucimiento para unos y otros directivos, que, entre abrazos, sonrisas y discursos, prometían trabajar en conjunto, en beneficio de las respectivas comunidades que representan, todo para que al pasado un par de días nadie se acuerde de los contenidos y compromisos del convenio.
Esta no es más que una historia cualquiera de degradación de la burocracia, pero de vez en cuando se alcanzan niveles dignos de mención, como es el caso del que da cuenta una nota de prensa aparecida hace pocos días, en que se anunciaba la firma de un convenio de colaboración entre petróleos mexicanos por un lado y por el otro Petróleos Mexicanos, el tal convenio declara tener el objetivo de combatir el robo de hidrocarburos propiedad de la nación.
De entrada, suena muy bonito, finalmente Pemex saldría del marasmo en el que tiene años viviendo, para de una vez por todas acabar con el saqueo de combustibles, lo mismo podría decirse de la UIF, que según dice el texto, compartirá con la empresa productiva del estado, productos de inteligencia que contribuyan a la identificación, prevención, seguimiento y evaluación de riesgos relacionados con sus actividades financieras y la de sus filiales.
La pregunta que de inmediato nos urge ¿ah, y no es ese su trabajo de todos los días, el mismo que están omisos en cumplir, Y que solo prometen emprender mediante la firma de un papel, ¿que ya para ahorita nadie ha de saber dónde quedó?
Porque Pemex tiene muy claro que no debería perdérsele ni un cuarto de litro de gasolina, y se le pierden barcos enteros, y la UIF, siendo tan inteligente como su nombre lo indica, debería saberlo todo de quienes hacen negocios con el gobierno, con Pemex y todas las dependencias, todo debería estar documentado y reportado, pero al parecer estamos hablando de cosas que, a pocos, muy pocos les importan.
Pero bueno, no queríamos dejar pasar la oportunidad de comentar que ya tenemos el enésimo convenio al que le auguramos resultados tan magros trabajando en conjunto, como los que obtienen trabajando por separado. Y así avanza México… Rumbo al Abismo.
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