Por Horacio Cárdenas Zardoni
La noticia apareció en el New York Times hace algunos días, y fue de esas que nos movió por enésima ocasión a preguntarnos ¿porqué hay tanta diferencia en cómo se administran las cosas en los países desarrollados, y cómo se dejan al puro ai’ se va, en este país en que nos tocó en suerte vivir?
Sabemos que hay diferencias entre los países, entre los estados y hasta en las ciudades, pero no recordamos que nos hubiera tocado un caso tan diametralmente diferente de la forma en la que los problemas se resuelven en nuestro país, o para decirlo con todas sus letras, como se quedan pendientes de resolver.
La cuestión es esta, como lo reportó el New York Times y muchísimos medios de comunicación en los Estados Unidos, sobre todo en el área geográfica de referencia, la región de Phoenix, en el estado de Arizona, no está en condiciones de satisfacer la demanda de agua del subsuelo para las necesidades básicas de la población, razón por la cual está estableciendo una veda para la autorización de nuevos proyectos habitacionales de todo tipo.
Que haya sequía no es ninguna novedad, todos hemos visto fotografías y películas de los desiertos de Arabia, del Sahara, algunos de Asia central, que son valga el pleonasmo intencional, desiertos de a de veras. Por comparación el semidesierto coahuilense, es un área bastante benigna para las actividades humanas, incluso para incursionar en proyectos como la viticultura, grandes consumidores de agua, pero sí, si voltea uno a su alrededor cuando va por carretera, la impresión es que sí, se trata de un área muy seca.
La nota daba cuenta que Phoenix, una de las ciudades más grandes de los Estados Unidos y de las de mayor desarrollo económico, había realizado estudios que arrojan una visión a futuro bastante poco halagüeña, de que los recursos hídricos actuales, son incapaces de atender los requerimientos de la población y la industria a un horizonte de cien años.
¿Cuándo hemos visto que en México se planee a cien años?, la verdad es que nunca. Se habla de prospectiva a veinte o treinta años, pero cuando se hace de esa manera, es solo la expresión de generalidades, de buenos deseos y de compromisos, con la conciencia y la confianza de que no serán los que están planeando de momento, los encargados de llevar a cabo esas acciones, ¿a cien años?, nunca, y sin embargo nos topamos con esta nota, que nos dice que los habitantes de Arizona, con los que compartimos un clima y unas condiciones geográficas no muy distintas, ellos sí planean.
Y no solo planean, sino que tienen un inventario tanto de sus recursos actuales, como de las necesidades que eventualmente pudieran presentarse, por lo que, por increíble que pueda parecer, esbozan planes y proyecciones hacia un futuro indefinido. Cien, doscientos, trescientos años… el agua de la región de Phoenix durará para ese tiempo, siempre y cuando se permita la recarga, no se sobreexplote, en una palabra, que no crezca la demanda actual, así de sencillo, así de frío y rudo.
Ahora para poner las cosas en perspectiva ¿de qué cantidad de agua o de gente estamos hablando?, la nota no lo especifica, si bien aclara que se realizaron los estudios geológicos, hidrológicos, económicos y demográficos de rigor, de los que se derivó que para el año 2123, dentro de cien años, el 4% de la demanda de agua subterránea, no se podrá satisfacer, a menos claro, que se tomen medidas de gran envergadura, comenzando ya.
Lo que nos llama la atención es ese 4%. Si volteamos a ver la realidad de cualquier ciudad mexicana, no de las que están en el semidesierto o en áreas difíciles, sino simplemente cualquiera, el 4% lo considerarían los gobernantes como un paraíso. Lo normal es que falte mucho más agua, como también electricidad, drenaje, conectividad, asfalto en las calles y el resto de los servicios públicos. Un 4% es la gloria, hoy, dentro de cien años, será un sueño.
¿Porqué decimos esto?, pues tan sencillo como que según los datos existentes, los que sí nos dan a conocer, la Comisión Nacional del Agua ha dicho que la gran mayoría de los mantos acuíferos en México están peligrosamente sobreexplotados. Ahora ¿qué es eso de peligrosamente?, ah, de eso nadie nos informa, a lo mejor porque no saben, o porque sí saben pero no quieren crear una sicosis colectiva. En un caso extremo, y si podemos establecer la comparación con un pozo petrolero, que hasta el presidente López Obrador dijo que sacar petróleo era tan fácil como sacar agua de un pozo, los campos petrolíferos se tienden a agotar, tienden a perder presión, y entonces hay que inyectar gas para seguir sacando lo que todavía se pueda, se corre el riesgo de que se contaminen con agua salada, si están en el mar, o que las cavernas que van quedando se colapsen, como de hecho ha sucedido. Con un acuífero no pasa exactamente lo mismo, pero sí va bajando de nivel, y a mayor profundidad mayor concentración de sales, que hay que retirar para poder consumirla, eso hasta que de plano se acabe.
En Arizona están preocupados porque con la población que hay y el consumo de la industria, buena parte de ella de alta tecnología, no hay problema, pero lo puede llegar a haber en cien años. Acá, concretamente en La Laguna, hemos venido oyendo desde hace cuarenta años que el agua se está acabando, que la que hay está contaminada con arsénico, que no pasa del año 2030 en que la escasez ponga en riesgo la actividad económica y a la población misma. Y sí, se plantean alternativas… allí tiene el programa presidencial Agua Saludable, que no tiene para cuando, como tampoco garantiza líquido para tantas personas por tanto tiempo.
Eso es lo que nos falta a los mexicanos, hablando en particular de los del norte del país, rara vez le ponemos números a las cosas, ni fechas a los eventos. La novedad ha sido la campaña del vecino estado de Nuevo León, que promueve ciudadanos de cien litros… nos imaginamos que cien litros diarios por habitante, y aun así los cálculos están hechos muy por encimita, no se habla, como en los estados más desérticos de los Estados Unidos, de un horizonte siempre a futuro, con agua garantizada o que se está buscando para uno, dos o más siglos, sino a veinte años, a treinta años… y los que estén vivos en aquella época, a ver cómo le hacen. Saltillo está en condiciones un poco mejores, pero no demasiado. Acá sigue campeando el optimismo oficial: la falta de agua no impedirá el establecimiento de más industrias, así lo dijeron todavía la semana pasada, con una seguridad, como si vinieran saliendo de la caverna donde le tantearon el agua a los camotes.
Allí está el caso de Phoenix, ciudad hermana por muchos conceptos ¿no podríamos darnos una mirada en ese espejo?
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
