Por Horacio Cárdenas Zardoni
Hasta donde tenemos entendido, todavía en México la pertenencia, la afiliación y el sufragio por determinado partido político, es una decisión libre y estrictamente apegada al libre albedrío de las personas.
Bueno, eso es lo que dicen los más elevados documentos legales todavía vigentes en nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y la legislación electoral derivada de esta, incluso los tratados internacionales signados por los representantes de nuestra nación con organismos internacionales, de que se respeta la individualidad, las ideas y su manifestación, el derecho de agrupación para efectos políticos, sociales, todo en el marco de la buena fe, y sin violar las leyes que pudieran afectar a terceros o a la sociedad en general.
Hasta eso, se siente orgulloso de tener una legislación tan moderna y usando uno de los términos más recurrentes en el discurso político de las distintas ideologías, humanista. Se siente uno tranquilo de que vivimos en un país libre, en el que individualmente podemos alcanzar el máximo de nuestro potencial, en donde nuestras familias pueden desarrollarse en un marco de paz, de que puede uno hacer amistadas y alianzas, que hagan fuerte a nuestra sociedad, y trabajar dedicadamente hasta el límite de nuestro ingenio y nuestro entusiasmo…total, un mundo feliz.
Lástima que esto no sea más que palabrería vacía, y los ordenamientos jurídicos sean letra muerta, y si hubiera algo todavía peor, sería la traición a aquellos a los que alguna vez consideramos amigos, o si no tanto para no percudir esa palabra que muchos todavía tenemos por sagrada, gente con la que tuvimos algún grado de afinidad, con los que compartimos ideales, con los que marchamos, incluso con algún riesgo personal, que a la hora de los rencores, se portan como no lo haría el peor adversario.
Bien lo dice la biblia, el enemigo está en casa. No hay que salir a buscarlo a ningún lado, nos lo topamos a cada momento en nuestro propio hogar, siendo el mayor peligro, la vulnerabilidad de ni siquiera saber que de allí venían las peores amenazas, y ni siquiera a nuestras ideas que alguna vez pensamos compartidas, sino a los lazos que las acompañaban, a veces durante años, en momentos difíciles, que sin ellos no hubiera sido posible salir adelante.
Dirá usted que el columnista anda sentimental, como si en las lides periodísticas no hubiera visto de todo, pero a veces los hechos sacuden hasta lo que uno tiene por sentado, incluso con aquello con lo que no comulgamos, pero que viéndolo desde fuera le merece el respeto de las cosas bien hechas. ¿A qué nos estamos refiriendo?, a la purga que se está viviendo en la sucursal Coahuila del Movimiento de Regeneración Nacional, en donde lo que campea en este momento es una soberbia como no la habíamos visto en ninguna otra organización política, y mire que los de la ultraderecha siempre han pecado de una selectividad enfermiza para quienes admiten, permanecen y postulan, y ahora resulta que MORENA les dice quítate que allí te va la aplanadora.
En sus comienzos, hace algo así como diez años, el movimiento que según su fundador Andrés Manuel López Obrador jamás se convertiría en partido político, abrió sus puertas a todo aquel ciudadano que sintiera que no estaba adecuadamente representado por cualquiera de los partidos existentes. Muchos migraron del PRD, bastantes del PRI, gente que nunca había militado en un partido, allí encontró espacio, increíble, gente del PAN y de partidos todavía más recalcitrantes, todos eran bienvenidos.
Hasta allí todo bien, malo cuando algunos de los que llegaron dijeron aquí mando yo, uno, dos tres por mi y mis amigos, y sí, se apropiaron del partido de la peor manera posible. No que todo sea miel sobre hojuelas en la política interna de los partidos, claro que no, pero aun dándose con la proverbial cubeta, se reconocen como parte del mismo grupo. Ah, pero cuando ensoberbecidamente se sienten dueños, obtienen patente de propiedad de otros que son como ellos, incrustados en la dirigencia nacional, aquellos que formaban la base del partido, los que se movilizaban desinteresadamente a la acción, de repente se convierten en sacrificables, mejor echarlos fuera para que nos quedemos nada más nosotros.
Vergüenza nos da comprobar en qué se ha convertido MORENA en Coahuila en muy poco tiempo. Cuando vivía Armando Guadiana, pocos eran los que se atrevían a llevarle la contraria al viejo bigotón, que sea lo que sea, entendía lo que era la política y lo que se podía hacer con ella. Ah, pero faltando Guadiana, los enanos que se sacaron el premio en la tómbola, han crecido, o no, creen que han crecido, porque siguen manteniendo la misma escasa amplitud de miras, y manejan el partido como su club particular, y yendo todavía más lejos, un asunto de parentesco que es lo primero que MORENA quería erradicar, y mira.
Hace meses que comenzaron a hacerle la vida de cuadritos a uno de los viejos militantes, de los que se sobaron cuando la esperanza era poca y la seguridad de un triunfo remota o nula, Raúl Steel Ramírez, que incluso fue aspirante a regidor, y antes para una diputación local, solo por eso algo de respeto debería merecerles. Tanto les molestaban sus opiniones, su apego a lo que una vez fue el sueño morenista, que lo bloquearon en ambos momentos, lo obligaron a renunciar al partido, ah pero como el rencor de los primos Castro y Del Bosque no conoce básculas ni peluquerías, promovieron denuncia en su contra, no ocurriéndoseles nada más imaginativo que violencia política de género, oiga, esa es buena.
Que al calor de la campaña los políticos se sulfuren, es entendible, ¿pero que lo hagan con las compañeras de lucha?, eso sí que está difícil que ocurra, por todo lo que dijimos al principio, pero… nunca falta alguien que esté dispuesta a alegar faltas, que otra cosa será probarlas ante la fiscalía.
¿Los dieguitos y las mafaldas le tienen miedo a los barbones?, eso es lo que se advierte aquí, usar la justicia para neutralizar a alguien que ven como una amenaza, política, partidista, más que otra, pero eso son palabras mayores, muy al estilo de cierto segmento de MORENA que a quien terminan perjudicando es al propio partido.
Bien decía aquel crítico, que MORENA era un cochinero, sí, pero era su cochinero, ahora que lo abren para que todo el mundo vea lo que es… a ver cuántos activos quedan, y a ver cuántos votos pueden sacar aventándose mugre.
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