29/09/26
Por Juan Ciudadano
Los tres changuitos
Protección de la Fauna Mexicana, mejor conocida como Profauna, lleva 30 años encargada de cuidar la Sierra de Zapalinamé. En ese tiempo el área natural protegida fue perdiendo terreno frente a los desarrolladores inmobiliarios, los fraccionamientos subieron cada vez más por las faldas de la sierra y la protección, por lo visto, caminó en sentido contrario.
Más, el periódico digital de Coahuila, documentó como Profauna recibió desde 1996 la responsabilidad de conservar, administrar y vigilar Zapalinamé, además de aplicar el programa de manejo.
Y no faltaron motivos para levantar la voz. Al área natural protegida le quitaron 384 hectáreas y cuatro días después de publicado el cambio, la constructora Ruba solicitó modificar el uso de suelo en terrenos donde terminó construyendo la colonia Parajes de Santa Elena.
También se documentó como derribaron por lo menos 2 mil árboles en 31 hectáreas de la zona de amortiguamiento para construir más de mil viviendas.
Y Profauna guardó silencio
Hace unas semanas encontraron otras 36 hectáreas marcadas con brechas abiertas por maquinaria pesada arriba de la cota de mil 800 metros de altitud.
A estas alturas del partido resulta difícil creer que una organización encargada de cuidar Zapalinamé no se haya dado cuenta de lo que estaba ocurriendo frente a sus narices.
La historia se vuelve todavía más interesante cuando aparece Eglantina Canales, fundadora de Profauna y también exsecretaria del Medio Ambiente del Gobierno del Estado. Esa doble cachucha genera suspicacias.
Desde Profauna tenía que cuidar Zapalinamé y desde el Gobierno del Estado ocupó precisamente la dependencia encargada de la política ambiental, Mientras los fraccionamientos siguieron subiendo.
Profauna vio pasar desmontes, cambios en los polígonos de protección y permisos de todo tipo sin hacer demasiado ruido. Como decían las abuelitas: “Hace como que la virgen le habla”.
No se conoce alguna batalla legal importante emprendida por la organización para detener a los grandes desarrolladores, tampoco una postura pública especialmente incómoda contra las constructoras que fueron ganándole terreno a la sierra.
Muy raro, sobre todo tratándose de quien oficialmente debía cuidarla. Profauna hace como los tres changuitos, se tapan los ojos para no ver, se tapan los oídos para no escuchar y se tapan la boca para no decir nada. Así cualquiera dura 30 años, de hecho, en 2024 le renovaron el convenio hasta 2029.
A juzgar por los resultados, quienes pueden dormir tranquilos no son los árboles de Zapalinamé, sino los grandes desarrolladores inmobiliarios.
Profauna podrá decir que protege la sierra, pero la realidad es otra, más bien parece que protege a quienes se la fueron comiendo.
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