09/09/26
Por Juan Ciudadano
Ecología para pobres
Si usted tiene un árbol frente a su casa y se le ocurre tumbarlo sin permiso, aguas, porque puede llegar la autoridad ambiental, abrirle un procedimiento y hasta imponerle una sanción.
Está bien, los árboles deben protegerse, el problema es que esa férrea vocación ecológica parece disminuir conforme aumenta el tamaño de la chequera. Una cosa es don Chuy con un machete y otra muy distinta una constructora con maquinaria pesada, abogados, arquitectos y suficientes relaciones públicas. Ahí cambia todo.
De acuerdo con información publicada por Más, el periódico digital de Coahuila, dos constructoras derribaron por lo menos 2 mil árboles en 31 hectáreas de la zona de amortiguamiento de la Sierra de Zapalinamé para construir alrededor de mil viviendas.
Dos mil árboles, no dos, no veinte; dos mil.
También se documentó que el Gobierno del Estado autorizó proyectos inmobiliarios en las faldas de Zapalinamé mediante informes preventivos de impacto ambiental, un mecanismo menos exigente que una manifestación completa.
Entre los desarrollos mencionados aparecen Lomas de Lourdes, Lomas del Refugio, Nuevo Teresitas, Las Teresitas, Parajes de Santa Elena y Colinas de San Lorenzo.
Qué bonitara el ciudadano: “¿Tiene permiso para quitar ese árbol?” Para la constructora: “¿Cuántas hectáreas va a querer?”
Otro caso revelador es Montevalle, desarrollado por Grupo Ruba. Cuando se preguntó cuántos árboles fueron talados, trasplantados o compensados, las cifras de la empresa y de las dependencias municipales no coincidieron.
El Municipio prácticamente perdió la cuenta. Ruba aseguró que había trasplantado unos 340 árboles, pero la autoridad no pudo precisar públicamente cuántos había originalmente ni qué ocurrió con todos ellos.
Fíjese nada más. Si un vecino corta un nogal, seguro hasta fotografías aparecen. Cuando son cientos, la calculadora se descompone.
Y mientras siguen las dudas sobre esos desarrollos, aparecieron otras 36 hectáreas delimitadas mediante brechas abiertas con maquinaria pesada en las faldas de Zapalinamé, dentro de la zona de amortiguamiento y por encima de la cota 1800, donde existen restricciones ambientales.
Las autoridades anunciaron inspecciones, qué alivio; primero pasan las máquinas y luego llegan los inspectores.
Como aquellos policías de las películas mexicanas que aparecían cuando ya habían matado a todos.
Nadie discute que se castigue al ciudadano que derriba un árbol sin autorización, que lo sancionen, pero que utilicen la misma vara.
Mientras al pequeño le enseñan el reglamento, frente a los grandes intereses inmobiliarios las autoridades parecen guardar el reglamento en un cajón, sacar el betún y disponerse a bolear zapatos.
Nada más que algunos los bolean con cepillo. Y otros, por lo visto, con la lengua.
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