08/09/26
Por Juan Ciudadano
¿Pasaporte?
No, todavía no se independizan, aunque algunos montanos —porque de regios no tienen nada— seguramente amanecerán mañana sintiéndose ciudadanos de la República Independiente del Cerro de la Silla.
El Gobierno de Nuevo León decidió implementar un denominado Pase Turístico para los vehículos con placas de otros estados que pretendan circular por aquella entidad. Será obligatorio a partir del 21 de octubre, se tramitará por internet y permitirá circular hasta 30 días por año.
El argumento oficial es fortalecer el control vehicular y la seguridad. Ajá.
Uno presenta licencia vigente, tarjeta de circulación, póliza de seguro, teléfonos de contacto y demás datos para obtener permiso de circular por un estado que forma parte de la misma República Mexicana. Así o más montanos.
El artículo 11 constitucional protege la libertad de tránsito y aunque jurídicamente una cosa es impedir el paso de una persona y otra regular la circulación de vehículos, la ocurrencia neoleonesa cuando menos merece una revisión constitucional. De hecho, el gobernador Manolo Jiménez ya cuestionó públicamente su viabilidad y constitucionalidad.
Porque además Nuevo León y Coahuila no son dos islas. Todos los días existe un enorme movimiento de trabajadores entre Saltillo, Ramos Arizpe, Santa Catarina y Monterrey. Gente que vive de este lado y trabaja del otro, empresarios, proveedores, estudiantes y empleados cruzan constantemente la carretera Saltillo-Monterrey. La propia Secretaría de Turismo de Coahuila ha advertido que se trata de un tránsito diario masivo.
Para ellos habrá otro trámite, el Registro Vehicular de Estancia Prolongada. Ah bueno, qué considerados. Los montanos no ocupan establecer más trámites, lo que necesitan es otro cerebro.
Además, el Aeropuerto Internacional de Monterrey es una de las principales terminales aéreas del norte del país. Tan sólo durante el primer semestre de este año movilizó casi 7.5 millones de pasajeros. Muchos coahuilenses utilizan ese aeropuerto porque ofrece conexiones que Saltillo simplemente no tiene.
Ahora, antes de tomar el avión, habrá que acordarse también del permiso para llevar el automóvil.
Por lo pronto aseguran que será gratuito, pero quien garantiza que el próximo año no lo empiecen a cobrar, siempre queda la sospecha de que después descubrirán, milagrosamente, que pueden cobrar derechos, expedición, renovación, reposición, validación o cualquier otra palabra burocrática que termine significando: pásele a caja.
La medida retrata además ese regionalismo exacerbado que durante años ha alimentado cierta caricatura nacional sobre Monterrey. Los montanos tienen fama de sentirse medio gringos, de mirar hacia Texas con mayor entusiasmo que hacia el resto de México y de considerar que cruzar la Cuesta de Mamulique equivale a entrar en otro país.
En el catálogo nacional de rivalidades regionales están los chilangos, los montanos —también llamados en broma “chilangos light”— y los poblanos, cargando desde hace décadas con aquello de los “pipopes”. Una competencia cerradísima.
Es absurdo que llaman “turístico” a un trámite que puede producir exactamente el efecto contrario. Mejor sáquenle la vuelta, tomando en cuenta el tráfico, la contaminación y la inseguridad de Nuevo León, tampoco es que haga falta ir a ese desagradable lugar.
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