27/08/26
Por Juan Ciudadano
Se están comiendo la sierra
Al paso que vamos, dentro de algunos años la Sierra de Zapalinamé va a terminar convertida en una colonia más de Saltillo, con Oxxo, farmacia, puestos de tacos y algún político cortando el listón de inauguración de una calle pavimentada.
Y no es exageración. Hace menos de un año fueron desmontadas más de 65 hectáreas dentro de la zona de amortiguamiento de Zapalinamé para abrir calles y comenzar a construir viviendas en lo que ahora llaman ampliación El Salvador.
Las imágenes satelitales no dejan mucho espacio para la imaginación. En enero de 2025 el terreno estaba prácticamente intacto y meses después ya aparecían las calles trazadas y las primeras construcciones. Así nomás. Como si tumbar árboles, desmontar decenas de hectáreas y fraccionar terrenos dentro de un área natural protegida fuera tan sencillo como limpiar un patio.
Y fíjese usted estimado lector que no estamos hablando de dos o tres mezquites, se talaron árboles adultos, entre ellos pinos, y por lo menos la mitad del terreno se encuentra arriba de la cota de los mil 800 metros, justamente donde se supone que el crecimiento urbano debería estar limitado.
¿Y la autoridad? Bien gracias. En el lugar ya hasta pusieron una caseta de ventas y una lona para ofrecer terrenos financiados. No vaya usted a pensar que trabajan escondidos, de madrugada y con pasamontañas. No señor, venden los terrenos públicamente, ponen teléfonos, correo electrónico y prácticamente solo les falta aceptar tarjetas de crédito.
Eso sí, cuando se llama a los números nadie contesta. Tal vez andan ocupados desmontando.
El asunto resulta todavía más grave porque para llegar hasta ahí tuvieron que pasar por encima de reglamentos municipales, leyes ambientales, legislación forestal y hasta disposiciones del Código Penal Federal.
Por donde se le quiera ver, hay materia suficiente para que alguien hiciera algo.
El Gobierno Municipal de Saltillo asegura una y otra vez que no permitirá nuevos asentamientos en las faldas de Zapalinamé.
Muy bien. El problema es que en los hechos las viviendas siguen ahí y no hay un solo sello de clausura. Es como aquel padre de familia que desde la sala grita: “¡Ya dejen de pelear!”, mientras los niños se están dando con todo en el cuarto. Mucha autoridad en el discurso, pero poca en los hechos.
Y aquí surge la pregunta obligada: ¿quién está fraccionando?, ¿quién vendió?, ¿quién permitió abrir calles?, ¿quién autorizó o toleró las construcciones?, ¿quién está ofreciendo conexiones eléctricas mediante diablitos?
Porque esas 65 hectáreas no se desmontaron con unas tijeras de jardín. Se necesitó maquinaria, tiempo, trabajadores y bastante movimiento. ¿Nadie vio nada? Resulta difícil creerlo.
Zapalinamé no solamente es el paisaje bonito que aparece atrás de Saltillo en las fotografías institucionales, es una zona fundamental para la captación de agua, la regulación del clima y el equilibrio ambiental de la ciudad.
Pero parece que cada administración municipal defiende la sierra hasta donde empiezan los intereses inmobiliarios, después de ahí se vuelve complicada la vista. Y si nadie pone orden, llegará el día en que los funcionarios inauguren un parque ecológico para recordar el lugar donde alguna vez estuvo Zapalinamé.
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