15/04/26
Por Juan Ciudadano
Experimento Coahuila
Ahora sí: nos tocó bailar con la más fea. En la rifa del tigre, Coahuila salió ganador… y el premio es ser el primero en sufrir el fracking, esa práctica de perforar y fracturar el subsuelo para sacar gas, de la que se cuentan historias de terror. Aquí se va a probar si es tan mala como dicen o si “no es para tanto”, como prometen los que ya se subieron al tren.
Porque la Presidenta Claudia Sheinbaum ya cambió de postura y ahora habla de “nuevas tecnologías” y “menor impacto”, y en esa misma sintonía el gobernador Manolo Jiménez dice que Coahuila está listo, que hay grupos de trabajo con Federación, Pemex, inversionistas y dueños de terrenos, y hasta que se podría detonar “como Texas en 2010”.
Sin embargo, resulta difícil creerles porque desde el arranque se colocaron como juez y parte. El mensaje oficial ya viene inclinado: “sí se puede”, “sí conviene”, “sí es seguro”. Y de alguien que está a favor no esperas que te diga “esto va a salir mal”; esperas, en el mejor de los casos, un optimismo selectivo. Y en el peor, un silenciamiento cuando aparezca el daño. Vivimos en México: no se borra de la noche a la mañana la experiencia colectiva de décadas donde el discurso se come a la evidencia.
La narrativa es bonita: soberanía energética, menos dependencia del gas de Estados Unidos, empleo, derrama, movimiento para la región Centro y la Carbonífera, y la posibilidad de que el gas venga a tapar el boquete económico que dejó AHMSA.
Suena bien. Pero también suena a una promesa a cambio de un riesgo grande.
El fracking es una intervención profunda, con agua, químicos, manejo de residuos, cementaciones, presión, y un historial mundial de accidentes y controversias. Y aquí la palabra clave es agua. Coahuila no es precisamente un estado con abundancia hídrica para experimentar.
Además, hay un argumento que se está aplicando como suero vitaminado: “será en campo abierto, lejos de poblaciones”.
Sí, pero el agua subterránea no trae bardas municipales. Si algo se contamina, no pregunta si la mancha urbana estaba “a varios kilómetros”. Si algo sale mal, los dañados seremos los de Coahuila. Usted disculpe las molestias, pero es por el progreso…
A poco naaa
Ah, por cierto: para que estemos “tranquilos”, se formó un comité técnico-científico que revisará la viabilidad del fracking y “cuidará” que no haya daño. La presidenta presentó a la élite académica y científica que en dos meses entregará un primer dictamen.
En papel suena impecable: especialistas en geología, aguas subterráneas, tratamiento de aguas contaminadas, nanomateriales para regeneración de suelos, gestión hídrica… nombres y currículums que hacen sentir que el subsuelo ya quedó bajo control.
Y sí: en ese sacrosanto organismo hay presencia de Coahuila. En la lista aparece el doctor Luis Fernando Camacho Ortegón, doctor en geociencias de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Ése es el “académico coahuilense” que ya se menciona como parte del grupo. Y junto a él vienen perfiles como Carlos Herralde Monreal (asesor internacional), Manuel Martínez Morales (acuíferos), Jesús Humberto Romo Toledano (tratamiento de aguas contaminadas), Samuel Alejandro Lozano Morales (nanomateriales), y Blanca Jiménez Cisneros (gestión del agua), entre otros.
Pero ahora vamos a lo que realmente importa: ¿cuándo, en la historia de México, un comité creado desde el poder ha contradicho a los gobernantes? Nunca, lo normal es al revés: el comité se vuelve el sello científico de una decisión ya tomada. Un barniz técnico para que el costo político se reparta y el riesgo se maquille.
Ya me imagino al concilio académico —con bata y powerpoint— diciendo: “sabe que señora presidenta, con A: el fracking sí dañA, con A, contaminA, con A, el aguA, con A y friegA, con A, a la ciudadaníA, con A… ¿a poco nAAA?”.
No, hombre, el comité no nace para “tumbar” el proyecto; nace para “encuadrarlo”. Para encontrar la frase exacta: “viable bajo condiciones estrictas”, “con monitoreo”, “en sitios seleccionados”, “con tratamiento”, “con circuitos cerrados”. Y listo: ya hay dictamen y ya hay permiso moral.
Ojalá me equivoque. Ojalá, de verdad, el comité ponga condiciones duras y verificables. Ojalá se publiquen los criterios, los parámetros de agua antes y después, los químicos, los volúmenes, los sitios, las auditorías. Ojalá no sea un documento para archivar, sino una guía para detener el proyecto si se detecta daño. Pero, por si acaso, conviene no ser ingenuos.
Boletos por denuncias
Y, cambiando de escenario, en Saltillo se soltó una idea: habrá boletos de los Saraperos para quien denuncie a los “cochinones” que tiran basura en la vía pública, arroyos y baldíos. Lo dijo el alcalde Javier Díaz González: la campaña durará toda la temporada y planean modificar reglamentos para endurecer sanciones.
A primera vista, aplaudes: está bien que le pongan dientes al tema. Saltillo está batallando con basura tirada como si el arroyo fuera bote comunitario. Y si además quieren exigir horas de trabajo comunitario, mejor: que el que ensucia, limpie. Así se aprende.
Pero luego viene el México real: ya valió barriga, como decía Don Ramón. No solo porque puercos sobran, sino porque ese va a ser el boleto más fácil de conseguir. Basta con ponerle el dedo a un vecino —sea o no cochi— y ya tengo entrada al estadio. Claro que no incluye cervezas.
El incentivo crea su propio mercado: el denunciante profesional, el vecino vengativo, el que trae pleito por la barda, el que nunca saludas, el que se pelea por el cajón de estacionamiento. Y si no hay filtros, evidencias y un procedimiento serio, la denuncia se vuelve arma. Ahí hasta el más pelón se hace trenzas.
La idea puede funcionar si se hace bien: evidencia clara (foto/video), verificación por inspección, sanción real, y boletos solo cuando el caso esté probado. Si no, se vuelve concurso de chismes con premio deportivo.
Aun así, hay algo rescatable: por fin están hablando de consecuencias. Porque el cochinón de calle se cree intocable hasta que le duele el bolsillo o el tiempo. Y si las horas comunitarias se aplican en serio, más de uno va a aprender que la ciudad no es basurero.
Amanecerá y veremos.
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