10/04/26
Por Juan Ciudadano
Que dijo mi mamá que siempre sí
En Saltillo traen el tema del agua del Pánuco como si fuera noviazgo tóxico: un día “sí”, al otro “no”, y al siguiente “pues quién sabe, pero ahí vemos”. Y como esta escena ya es muy familiar, hoy aplica el clásico: que dijo mi mamá que siempre sí…
El asunto no nació ayer. Esto se trató por primera vez, con claridad pública, en marzo de 2022, cuando Monterrey andaba explorando salidas después de la megacrisis de abasto. En ese momento, el entonces Director de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS), Antonio Nerio Maltos, se mostró optimista y dijo que el proyecto era viable para Coahuila, aunque costoso por la diferencia de alturas y el rebombeo; insistió en que era una alternativa de mediano y largo plazo y que Coahuila buscaba ser incluida en el volumen asignado.
Nerio explicó lo obvio que a veces no se quiere escuchar: si vas a traer agua del Pánuco desde Veracruz hacia el norte, el agua no llega caminando; llega a punta de bombas, cárcamos y electricidad permanente, además de potabilización porque el agua “no es muy limpia”, dijo tal cual. O sea, es un proyecto enorme, caro, y con gasto operativo eterno.
Hasta ahí, el discurso era: “sí se puede, solo hay que empujar”.
Pero luego vino el balde de realidad. Más hizo lo que se supone que debe hacer un medio: preguntar con solicitud de información a quien tiene los expedientes. Y ahí Conagua no se anduvo con rodeos: respondió que no tenía evidencias documentales de solicitudes presentadas por Agsal o por instancias de CEAS y que no tenía conocimiento de proyectos para abastecer a Saltillo con agua del Pánuco. Es decir: la autoridad estatal decía “vamos avanzados” y la autoridad federal contestaba “¿cuál proyecto?”.
Esa misma nota dejó por escrito la contradicción: mientras Conagua afirmaba “no se tienen evidencias” y “no se tiene conocimiento”, CEAS decía que sí habían acudido a reuniones en Monterrey y que el tema se abordó como parte del proyecto conocido como “Monterrey VI”, con posibilidad —según CEAS— de incluir a Coahuila con 1.0 m³ por segundo.
Ahí quedó el tema, archivado en el cajón de “luego vemos”. Y mientras tanto, Saltillo siguió haciendo lo que hace siempre: ordeñar acuíferos, perforar más profundo, crecer la mancha urbana y vender la idea de que la ciudad puede expandirse sin límite.
Luego, el dos de enero de 2026, el tema revivió con golpe de realidad: se publicó que Conagua trae un proyecto para llevar agua del Pánuco al norte, pero con destino principal a ciudades fronterizas de Tamaulipas y a la zona metropolitana de Monterrey, y que Coahuila quedaría fuera del plan, aun cuando forma parte de la región hidrológica del Río Bravo y enfrenta escasez.
La nota es clara: el proyecto plantea captar agua del Pánuco en un punto entre Veracruz y Tamaulipas (incluso con coordenadas precisas) y conducirla mediante un acueducto de cientos de kilómetros hacia presas como Vicente Guerrero, Marte R. Gómez y El Cuchillo, además de contemplar potabilización, laboratorios, controles de calidad y cumplimiento de la NOM-127. Todo muy tecnológico… excepto por un pequeño detalle: Coahuila no aparece en ninguno de los escenarios.
¿Y qué pasó cuando se pidió reacción local? Lo que usted ya sabe: hicieron como que la Virgen les hablaba, que técnicamente desconocían el proyecto, y que era un tema interestatal que le compete a CEAS.
O sea: el proyecto estaba en la conversación nacional y aquí, en la capital que será el gran polo industrial del norte, nadie sabía nada. ¿Cuál foto? ¿Cuál camioneta?
Y la parte más sabrosa fue el papelón institucional: mientras el asunto era agua y futuro, Aguas de Saltillo se quitó el tema de encima con la lógica de “no me toca”. Esa respuesta de “no corresponde” es de las que indignan porque no son técnicas: son políticas. Porque si hay algo que sí le corresponde a una paramunicipal, es hablar del abastecimiento. Pero en esos días, Agsal prefirió no ensuciarse. Hágame el refabrón cabor.
Y ahora, tres doritos después, resulta que sí les interesa. Resulta que sí hay crisis. Resulta que los acuíferos “andan quebrados”. Resulta que “hay que pensar a largo plazo”. Andan descubriendo el hilo negro… cuando este medio ya lo había publicado desde julio del año pasado con datos de déficit en los acuíferos y con el llamado —del propio alcalde— a regularizar pozos y reconocer la extracción excesiva.
Ahí está el núcleo del enojo: no es que cambien de opinión; es que cambian de opinión tarde. Y en agua, el tiempo no es una variable administrativa: es subsuelo que se abate y pozos que bajan metros y metros. Cada mes perdido discutiendo si el problema existe o no existe, nos lo cobran a todos: en presión baja, en cortes, en recibos, en infraestructura, y en el futuro.
Porque mientras las autoridades deshojan la margarita —“sí, no, quién sabe”— la ciudad sigue creciendo. Y cada nueva colonia no viene con acuífero propio. Viene con sed. Saltillo no se puede dar el lujo de seguir jugando a “no pasa nada” mientras el suelo dice lo contrario.
Aquí el alcalde Javier Díaz tiene el reto más grande de su administración: la ciudad puede estrenar rutas troncales, puede presumir inversiones, puede hacerse la mejor capital industrial del norte… pero sin agua, todo eso es propaganda. Y el director de Agsal, Iván José Vicente García, puede salir a decir que el abasto está garantizado y que “no hay riesgo”, pero cuenta la leyenda —la que se comenta en lo corto— que puertas adentro se reconoce otra cosa: que la situación no es grave, es gravísima.
Claro: nadie quiere decirlo en micrófono porque el agua también es política, y reconocer el problema implica asumir culpas históricas. Pero hay momentos donde la prudencia se vuelve irresponsabilidad.
Y el Pánuco, para cerrar el círculo, es el símbolo perfecto de nuestra forma de gobernar: cuando era una opción, dijeron que sí. Luego Conagua dijo que no. Luego se anunció un proyecto que nos deja fuera. Luego dijeron “no sabemos”.
Está bueno: son libres de ignorar a quien quieran y atender a quien gusten. Solo que en este tema el costo de la indecisión lo paga la gente, no los funcionarios. Ya no le hagan al Mandrake. Si el Pánuco es opción real, hay que entrarle con seriedad, con gestión y con claridad pública. Si no lo es, entonces hay que decirlo con la misma claridad y presentar un plan alterno creíble. Lo que no se vale es vivir en el limbo eterno.
Pero pueden hacer lo que les venga en gana; yo soy el carpintero y ando arreglando el confesionario. Nomás que, cuando estalle la bomba, a ellos ya no les va a tocar. A los que sí nos va a tocar es a todos los que vivimos en Saltillo.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
