Callejón

El Callejón

18/03/26

Por Juan Ciudadano

Acto de fe

En el Congreso traen la misma estrategia de siempre: hacen como que les habla la virgen. Nadie quiere dar la cara por la opacidad con la que manejan sus percepciones. Y eso que los angelitos y angelitas presumen ser un Poder Legislativo “austero”. Ajá. Tan austero que mantienen ocultos hasta sus sueldos, compensaciones y demás bendiciones.

A ver: esto de saber cuánto gana un servidor público se suponía tema superado desde que entendimos —a fuerza— que el dinero no cae del cielo. Sale del bolsillo de la gente. El ciudadano no sólo tiene derecho a votar; tiene derecho a saber en qué se gasta y cuánto se paga a quienes viven del presupuesto. Pero aquí prefieren el misterio. Y en misterio, claro, cualquiera es austero.

No hay argumento serio que pueda esgrimir la presidenta del Congreso, Luz Elena Morales, para justificar esa opacidad. Ninguno. La “seguridad”, la “privacidad”, el “protocolo”… eso no aplica cuando hablamos de dinero público. Y mientras no se publiquen percepciones completas y claras, lo de la austeridad seguirá siendo un acto de fe. A ver quién les cree.

Deudores alimentarios: ahora sí, con consecuencias

En contraste, hay una medida que sí merece aplauso: las nuevas restricciones para deudores alimentarios, esos que se divorcian y luego se hacen humo cuando les toca mantener a sus hijos. Antes lo hacían con una tranquilidad insultante, porque las consecuencias reales eran pocas o lentas. Ahora la cosa cambia con sanciones sencillas, pero con colmillo.

La primera: para hacer operaciones de compra-venta ante notario, van a tener que exhibir un certificado de no deudor, avalado por la autoridad judicial. Se les acabó eso de andar moviendo propiedades mientras en la casa faltan los útiles. La segunda: para casarse otra vez, también tendrán que presentar el certificado, para que la nueva víctima sepa con qué tipo de personaje se está casando.

La iniciativa la presentó Luz Elena Morales. Y sí: así como se le critica —con razón— la opacidad del Congreso, también hay que reconocer cuando impulsan algo útil. Porque esto sí pega donde duele: en la vida cotidiana y en la impunidad de a pie, esa que no sale en noticieros pero rompe hogares.


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