05/03/26
Por Juan Ciudadano
Los Chorros: el olvido más caro
Entre las obras carreteras anunciadas para Coahuila por el gobierno de Claudia Sheinbaum no aparece la rectificación de Los Chorros, en la 57, no estamos hablando de un “puntito conflictivo”: son 10 kilómetros de pendiente brava y al menos 18 curvas cerradas, el tramo donde se concentra 86% de los accidentes de ese sector, según datos de Capufe. Ahí se juega la vida todos los días, como en la canción de José Alfredo.
Los números no dejan margen para la duda. Entre 2016 y 2022 se contabilizaron más de 700 accidentes, con al menos 47 fallecidos. Y en una década, los conteos periodísticos ubican las muertes entre 53 y 54. Si ampliamos el periodo, entre 2016 y 2025 el estimado sube a 900 a mil accidentes, con 50 a 55 muertes y 700 a 900 lesionados.
Lo peor es que el proyecto no es una idea en servilleta: ya hay proyecto ejecutivo elaborado y validado por la SICT, con un costo estimado de más de 1,500 millones de pesos. Pero no lo incluyeron en el PEF 2026, así que no hay recursos para empezar. En cambio, sí entraron otras obras bajo esquemas de inversión mixta: modernización Saltillo–Monclova, el Puerto Verde (Piedras Negras III) y la conexión urbana Saltillo–Ramos Arizpe. Obras importantes, claro. Pero el tramo que mata… ése se quedó afuera.
Y aquí es donde el olor a negocio le gana al olor a urgencia. Como es asociación gobierno-capital, da la impresión de que no se escogió lo más necesario, sino lo más rentable. Los Chorros es obra incómoda, cara, compleja, para hacerla realidad se necesita gestión, cabildeo y presión. ¿Dónde estuvieron los legisladores federales de la región para meter el tema? no contar con esa obra es también responsabilidad de Cecilia Guadiana, Rubén Moreira, Jericó Abramo y los que se acumulen.
La pregunta es obvia, ¿Cuántos más tienen que morir para que la obra se realice?
Alérgicos a los ciudadanos
Ayer los diputados dieron una muestra clara de desconexión. Los invitaron a un foro ciudadano sobre participación vecinal en la toma de decisiones… y ninguno de los legisladores convocados se dignó a ir. Ni tantita vergüenza. Ah, pero si se tratara de repartir algo para luego pedir el voto, ahí sí los verías puntuales, sonrientes y hasta con pluma lista.
A ellos les gusta la ciudadanía, sí, pero la de mentiritas: la de acarreo, la de la foto, la que va más por no perder un beneficio que por aportar una idea. Esa ciudadanía les acomoda porque no pregunta, no exige, no incomoda. La ciudadanía participativa, la que propone, la que se organiza, esa les causa alergia.
Los que se negaron a asistir: Guadalupe Oyervides y Alfredo Paredes. Luz Elena Morales tampoco acudió; mandó a un representante, como quien manda un saludo para cumplir, pero no para escuchar. Y así se va entendiendo la lógica: quieren ciudadanos cuando son audiencia; los evitan cuando son interlocutores.
Luego se preguntan por qué hay hartazgo. Pues por esto: porque para algunos, la democracia es útil sólo cuando produce votos, no cuando produce voces. Y hoy, esa diferencia quedó clarita.
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