Callejón

El Callejón

24/02/26

Por Juan Ciudadano

Visita en penumbra

Andy López Beltrán pasó por Saltillo y, como si fuera reliquia de museo —de esas que se miran pero no se preguntan—, los morenistas lo escondieron y cerraron el paso a medios. No vaya a ser que se les metiera una pregunta incómoda entre la foto y el aplauso. Porque una cosa es la “organización” y otra la organización… del silencio.

Y preguntas incómodas hay, sobre todo en el país que tenemos hoy: con la discusión nacional girando —otra vez— alrededor de la seguridad y el costo de haber convertido “abrazos, no balazos” en doctrina, mientras la delincuencia organizada aprendía a crecer, diversificarse y administrar territorios como si fueran franquicias.

Por ejemplo:

  • ¿Sigue vigente “abrazos, no balazos” o ya aceptaron que la estrategia se agotó y dejó factura?
  • ¿Qué le responde a las regiones donde el Estado se replegó y el crimen avanzó?
  • ¿En qué momento Morena va a reconocer que la seguridad no se resuelve con eslóganes, sino con instituciones, inteligencia y consecuencias?
  • ¿Por qué el hermetismo en Saltillo: por “estrategia” o por miedo a que el micrófono haga su trabajo?

Pero no. Mejor la visita en corto, sin cámaras, sin libreta, sin preguntas. A puerta cerrada, la política se siente más cómoda: nadie interrumpe el guion y nadie estorba la narrativa.

Auditorías y colmillo

La Auditoría Superior de la Federación volvió a poner en la mesa un asunto que en Coahuila ya tiene categoría de folclor: las observaciones a municipios por irregularidades en nóminas, obras y adquisiciones; expedientes incompletos, bitácoras flojas, documentación que aparece tarde —si aparece— y proyectos en predios cuya propiedad ni siquiera está acreditada.

Y para rematar: hay municipios a los que, según el propio reporte periodístico, se les observa la totalidad de los recursos federales que manejaron en el periodo revisado. Sí: el 100%. Como quien entrega la tarea en blanco y aún así pide diez.

En esta nuestra tierra, hasta el más chimuelo masca riel: cuando el dinero huele a fondo federal o estatal, siempre hay quien descubre talento oculto para “gestionar”, “operar” y “ajustar”. Y como casi nunca pasa nada —o pasa poco, o pasa tarde—, pues lo siguen haciendo. En el peor de los casos, se “aclara”; en el mejor, se olvida; y en el intermedio, se negocia el escándalo.

Lo triste —y lo muy coahuilense— es la regla no escrita que la gente repite con risa amarga: aquí los alcaldes que van a la cárcel no son los que roban, sino los que apoyan al candidato equivocado. Y entonces el mensaje público queda perfecto: robar es pecado… salvo que sea disciplinado; salvo que sea en equipo; salvo que sea con padrino correcto.

La ASF observa, señala y enumera. Y los ayuntamientos —con colmillo y memoria— responden como siempre: “ya se entregó la información”, “es un malentendido”, “se está integrando el expediente”. Coahuila, ya se sabe, no se caracteriza por la falta de creatividad: se caracteriza por la abundancia de excusas.


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