Callejón

El Callejón

18/02/26

Por Juan Ciudadano

Ahí les hablan

La iniciativa para tipificar el “homicidio industrial”, llega tarde, pero más vale tarde que nunca y es que cuando un trabajador muere por incumplimientos graves y negligentes en seguridad laboral no se puede calificar el caso como un accidente y mandar el expediente al archivo. Se trata de un crimen patronal cometido desde la comodidad de una oficina.

El Sindicato Nacional Minero, encabezado por Napoleón Gómez Urrutia, respalda el proyecto elaborado por él y retomado por su suplente Jesús Jiménez. Y la fecha no es menor: mañana 19 de febrero se cumplen 20 años de Pasta de Conchos, cuando 65 mineros quedaron sepultados por condiciones que —según ha sostenido el propio sindicato— se pudieron evitar. Si se pudo evitar, entonces no fue “mala suerte”: fue negligencia con sello y firma.

Los mineros de Coahuila conocen bien ese libreto: se prometen investigaciones, se organizan ceremonias, se reparten condolencias… y al final la impunidad se queda con la mejor parte. Por eso esta propuesta pega donde incomoda: porque apunta a que el costo no lo pague siempre el de abajo. Que no sea el trabajador quien cargue con el riesgo mientras el de arriba duerme tranquilo, protegido por abogados, relaciones y silencios.

No es que a los empresarios mineros les guste jugar con la seguridad; es que les encanta. Les sale “barato” regatear equipo, minimizar reportes, maquillar inspecciones. Y cuando la tragedia estalla, aparece el diccionario de excusas: “fue un siniestro”, “nadie lo vio venir”, “ya se atiende”. Como si la muerte fuera un trámite y no una consecuencia.

Lo que se propone es sencillo y, por lo mismo, incómodo: que el patrón que decide operar con negligencia no siga viviendo como si nada. Porque hay dueños que presumen prosperidad como si el carbón brotara solo, como si la riqueza no se construyera con jornadas largas y pulmones castigados, por eso urge que la ley deje de ser un adorno.

El extraño retorno de Sheinbaum

Este fin de semana Claudia Sheinbaum visita Coahuila y el itinerario parece hecho para encontrarse con los pendientes que nadie quiere abrazar de frente: Monclova, San Pedro y Saltillo.

En Monclova está el tema de AHMSA, todavía atorado como espina: trabajadores, proveedores y la región entera esperando definiciones. No se trata de ir a tomarse la foto frente a la chimenea; se trata de llevar una salida clara, porque el desgaste ya se volvió parte del paisaje.

En San Pedro, la agenda se vuelve sanitaria: dos casos de sarampión confirmados. Ahí no hay margen para discursos largos: se requiere coordinación, vacunación y reacción rápida para que el problema no crezca.

Y en Saltillo hay un tema que debería estar en la mesa: las concesiones ilegales avaladas desde Conagua que tienen a los acuíferos de la región al filo del desabasto. El asunto debe ser atendido con seriedad: revisar, corregir y frenar lo que esté poniendo en riesgo el agua de todos.


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