Un audio
La sucesión sindical dejó claro que la asunción de Tereso Medina Ramírez a la dirigencia nacional no va a estar tan fácil como la quieren vender: la denuncia por extorsión presentada ante la FGR por Leocadio Hernández Torres y su hijo le mete ruido del bueno. Es una acusación que no llega sola ni por casualidad; trae jiribilla, porque aparece justo cuando se están acomodando las piezas y cualquier mancha, por pequeña que parezca, se vuelve palanca o lastre según quién la agarre primero.
Cuenta la leyenda que los acusadores presentaron un audio en el que el cetemista le habla a Hernández Hernández y, sin mucho rodeo, le suelta que la salida “es sencilla”: que firme su renuncia a los derechos sindicales y laborales y, a cambio, su padre recupera la libertad; la misma que le quitaron tras el pleito sindical con VU Manufacturing, en medio del jaloneo por la representación obrera y el ruido internacional que se armó con el Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC.
Y en ese audio, la bala le llegó de rebote a Armando Luna Canales: lo mencionan como el punto de contacto para “ponerse de acuerdo”, y con eso lo suben —sin pedirle permiso— al mismo carrito del “a ver cómo le hacemos”. No es un nombre menor: fue exsecretario de Gobierno, presidió el Colegio de Notarios y también encabezó la Comisión de Derechos Humanos del estado; por eso el guiño pesa. Cuando alguien con ese historial aparece en una conversación así, la lectura es obvia: no lo invocan para preguntar la hora, lo invocan para mandar el recado de que hay ruta, hay operador y hay salida… siempre y cuando el interesado se allane.
Leocadio no se dobló. No accedió al “intercambio” y, en lugar de entrarle al acuerdo bajo la mesa, decidió aguantar el golpe y empujar el tema por la vía formal. Y es justo por ese “no” que el episodio no se quedó en chisme de pasillo ni en amenaza de teléfono: hoy aterriza, con nombre y apellido, en una denuncia por extorsión ante la FGR que revive el caso en pleno jaloneo por la sucesión; como dijo Rafael: «que pa-sa-rá, que misterio habrá…»
Mamar y dar topes
El exdirector de AHMSA inició una batalla legal para reclamar prestaciones tras su renuncia a la presidencia del Consejo de Administración. La demanda —presentada el 28 de marzo de 2025— pide que le reconozcan antigüedad desde el 1 de marzo de 1990 y que le cumplan un contrato individual firmado en agosto de 2021, cuando la cosa ya olía a quemado y el horno no estaba para bollos: fue apenas un año y medio antes de que la siderúrgica se apagara de plano, porque desde el 30 de noviembre de 2022 paró oficialmente la producción de acero y ya no levantó; como dicen en el rancho, Ancira está como los chivitos: le gusta mamar y tirar de topes, está bueno el encaje, pero no tan ancho, está bien que chifle… pero no en una tonada tan alta.
Lo que solicita está calculado con una generosidad que ni el sindicato más combativo: indemnización equivalente a cinco meses de salario anual más 40 días por cada año de servicio; reconocimiento de un pasivo laboral que afirma fue aceptado por la empresa en diciembre de 2022; prima de antigüedad, vacaciones, aguinaldo y actualización de liquidación con base en su último salario diario integrado. Y por si faltaba cereza, también pide nulidad de cualquier documento que pretenda establecer una renuncia a sus derechos, alegando que firmaba muchos papeles que podrían ser alterados o usados en su contra.
Quien durante años llevó el volante en la acerera hoy se presenta como potencial víctima documental. La lección es clara: el sistema puede atorarse para el obrero, para el proveedor, para la comunidad… pero jamás debe atorarse para el de arriba cuando decide, por un rato, convertirse en “empleado”.
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