Callejón

El Callejón

06/02/26

Por Juan Ciudadano

Infonavit: “Pase directo” al desempleo

En el sureste de Coahuila se está cocinando una segregación moderna, sin letreros de “prohibido el paso” y sin el escándalo que provoca lo racial. Aquí el estigma es más silencioso, pero igual de cruel: tener un crédito del Infonavit.

La mecánica es tan simple como inmoral: si el solicitante de empleo carga con un descuento de vivienda, lo más probable es que no lo contraten. Las empresas se justifican con Excel en mano: “con el descuento no le queda nada”, “se nos va a ir rápido”, “no conviene capacitarlo”. O sea: el trabajador es castigado no por ser malo, sino por tener una obligación. Como si en este país alguien pidiera crédito por deporte.

Y si alguien duda, póngase —aunque sea tantito— en los zapatos de quien viene arrastrando la historia completa: antes había plazas bien pagadas en plantas grandes, como las de GM; con ese sueldo sacaron su casa y la pagaban sin drama. Luego llegó el despido, la reestructura, la “optimización” o el nombre elegante que le pongan al recorte. Y el compromiso se quedó: pagar o perder la casa.

Aquí aparece la paradoja con aroma a tragedia laboral: no consiguen empleo porque tienen crédito, y tienen crédito porque cuando tuvieron empleo lo hicieron “bien”. Se vuelve un círculo vicioso: sin trabajo no pagas; sin pagar te quitan la casa; y como tienes la casa “en pago”, no te dan trabajo. El sistema, siempre creativo para inventar callejones sin salida.

Y ahí es donde uno quiere ver a los líderes sindicales, como Jesús Berino de la CTM, gestionando a favor de la raza de bronce, no “gestionando” el postre en restaurantes de lujo. Porque si el sindicalismo sirve para algo, debería ser para romper estas prácticas que, sin llamarse discriminación en la hoja membretada, lo son en la vida real: te cierran la puerta por tener una deuda legal, formal y socialmente promovida por el propio Estado.

Este tema también es área de oportunidad para Nazira Sogbi, la secretaria del trabajo, quien en lugar de culpar al Infonavit debería apretarle las tuercas a las empresas.

Tiempo perdido en el Plan de Guadalupe

Resulta entrañable —y a ratos preocupante— ver al aeropuerto Plan de Guadalupe, administrado por Óscar Pérez Benavidez, queriendo competir con la terminal aérea de Monterrey, como si con pura actitud se pudiera brincar la diferencia de tamaño, conectividad, demanda y músculo operativo. Es como si una fondita anunciara que va a destronar a un centro comercial… porque ya imprimió menú a color.

Ahora salen anuncios de vuelos que “comenzarán” hasta el verano, con esa emoción que aquí confundimos con realidad. Porque una cosa es prometer rutas y otra muy distinta es sostenerlas. Falta ver cuánto aguantan las aerolíneas esos servicios cuando pase el primer empujón .

Lo más curioso es que mientras se afanan en revivir los vuelos de pasajeros —como si el éxito consistiera en ganarle a Monterrey en su propio juego—, nadie parece querer decir lo obvio: Plan de Guadalupe tiene una vocación regional mucho más potente como aeropuerto de carga.

Ahí está la oportunidad real: convertirlo en un nodo logístico que le dé servicio al área metropolitana de Monterrey y a la región sureste de Coahuila. Eso sí genera crecimiento, eso sí atrae inversión, eso sí deja derrama de la buena: bodegas, aduanas, paquetería, centros de distribución, empleo especializado, transporte terrestre articulado. Y, de paso, le da a la región algo que urge: diversificación.

Porque si la economía del sureste sigue apostando todo a una sola carta —la industria automotriz y su cadena—, cualquier cambio global nos vuelve a poner en modo “recorte”, “paro técnico”, “ajuste”. En cambio, integrarse al dinamismo logístico que ya existe alrededor de Monterrey es construir un puente económico que trasciende límites estatales: un corredor productivo hermanado, donde cada quien juega su posición.

Allá, en Monterrey, los vuelos de pasajeros. Acá, en Coahuila, los vuelos de carga. Un “ganar-ganar”, como dicen los privados de iniciativa… a no perdón, fue el autocorrector: quise decir los de la iniciativa privada.

Y sí: suena menos glamuroso que presumir destinos turísticos. Pero la logística no vive de aplausos: vive de volumen, eficiencia y permanencia. Y eso, curiosamente, es justo lo que Plan de Guadalupe necesita si de verdad quiere despegar.


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