03/02/26
Por Juan Ciudadano
Se les cerró la garganta
En Saltillo hay tradiciones que se heredan con más disciplina que los reglamentos: una de ellas es la bendición de gargantas, ceremonia útil para los feligreses… y, a veces, para los políticos afónicos de tanto explicar lo inexplicable. Esta semana el sacerdote Mario Carrillo la realizó en la parroquia San Esteban, práctica que —según se cuenta— inició aquí el padre irlandés Patricio Quinn en el templo del Perpetuo Socorro.
Y mire usted qué coincidencia providencial: si a alguien le urge esa bendición es a los dirigentes del PRI y del PAN en Coahuila. Porque después del trago amargo de no haberse aliado para competir en la próxima elección de diputados locales de este 2026, a Carlos Robles y Elisa Maldonado no solo se les cerró la garganta: se les cerró la calculadora.

La política es deporte de contacto, sí, pero también de suma y al competir “cada quien por su lado”, podrían terminar todos por el suelo… y uno o dos recogiendo migajas. Las consecuencias de no pactar pueden ser graves: el PRI corre el riesgo de ganar menos de lo que esperaba y el PAN de confirmar lo que ya sospechaban hasta sus simpatizantes más optimistas: que la soledad es hermosa, pero en las urnas es carísima. No se aliaron para no verse “subordinados” y ahora podrían verse, de plano, borrados en varios distritos.

Octavio en la mira
Cuenta la leyenda que el Gobierno Federal, y en particular la Secretaría Anticorrupción dirigida por Raquel Buenrostro, tienen la lupa encima de la gestión del rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, Octavio Pimentel. El murmullo no habla de austeridad, precisamente, sino de despilfarros con cargo al presupuesto universitario y gastos suntuosos, de esos que no caben en un informe, pero sí en una foto.
Porque hay funcionarios que adoran exigir recursos al centro, pero les da urticaria ahorrar; que se indignan si les recortan, pero no si se les desordena el cajón; que levantan la voz para pedir más, pero bajan la mirada cuando toca explicar en qué se fue lo anterior. Dicen que poco a poco se irán conociendo casos puntuales de presunta corrupción en la máxima casa de estudios, administrada como si fuera feudo personal: con murallas para la crítica y puente levadizo para la transparencia.

Si la lupa se convierte en auditoría, más de uno va a descubrir que el presupuesto no es piñata… aunque haya quien lo trate como fiesta patronal. Y el problema no es pedir dinero: el problema es pedirlo como derecho divino y gastarlo como si no hubiera un mañana… mientras a la comunidad universitaria se le pide paciencia, “comprensión” y, claro, disciplina.
Fósiles políticos
Y ya que hablamos de hallazgos, Coahuila fue considerada como un lugar con gran riqueza en sitios arqueológicos. No lo dudo. Pero uno sospecha que el Instituto Nacional de Antropología e Historia encontraría aún más vestigios si se diera una vuelta por oficinas de los tres niveles de gobierno: ahí siguen despachando fósiles de la política que deberían estar jubilados… y sin embargo continúan “bateando de hit” en nóminas de la región, con la vitalidad de quien jamás ha conocido la palabra retiro.
Hay piezas que ya merecen vitrina, ficha técnica y letrero de “no tocar”. Pero no: siguen firmando oficios, reciclando excusas, presumiendo experiencia como si fuera inmunidad y cobrando como si el tiempo no pasara. En este estado, la arqueología no solo está en el desierto: también está en el escritorio, con el talento intacto para sobrevivir a cualquier sexenio.
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