El artivismo, una fusión entre arte y activismo, se consolida como herramienta de resistencia frente a problemáticas sociales como la violencia, la desigualdad o las desapariciones. Lejos de los museos, estas expresiones colectivas apelan a la estética emocional para generar conciencia, movilización y diálogo
Esta información fue publicada por Animal Político con la firma de Eréndira Aquino. Para ver la publicación original presionar aquí.
Tomado de Animal Político
Más allá de los recintos culturales, el arte tiene el poder de convertirse en un agente de cambio a través del activismo en defensa de diferentes causas sociales. De esto se trata el artivismo, una forma de lucha que usa la creatividad y la estética para sensibilizar y visibilizar las problemáticas fuera de las narrativas convencionales.
Brian Smith Hudson, maestro en estudios del arte, explica que esta forma de trabajo político nace de artistas que tienen preocupaciones sociales y territoriales y se ponen al servicio de la lucha social, y más allá de la inspiración en las luchas, deciden sumarse a ellas.
“En ese sentido es muy importante la estética, no desde la academia o desde la historia del arte, ni desde la discusión de lo que es bello, sino como plasmación de lo imaginario, como visualización del imaginario utópico que se vuelve algo posible, genera acción que alcanza a transformar las cosas”, señala Smith sobre el poder de estas expresiones.

“Las emociones nos llevan a crear formas de resistencia”
Salvador Leetoy, profesor investigador en el Tecnológico de Monterrey, subraya que, además del valor estético del artivismo, su importancia radica en que éste vincula a diferentes agrupaciones, colectivos, asociaciones que se apoyan de las expresiones artísticas y performáticas para causar un mayor impacto, lo que las convierte en obras colaborativas.
“¿Por qué interesa el que sea colaborativo? Porque más allá de la obra per se hay un proceso en el cual nos comunicamos, dialogamos y participamos, y todo ese tipo de conversaciones resultan muy poderosas porque creamos juntos”, enfatiza Leetoy.
Esto lleva las luchas más allá de la protesta y genera emociones alrededor de las luchas, porque las emociones tienen una carga política, y al ver las obras nos enojamos, nos entristecemos o nos sentimos agobiados y todas esas emociones nos llevan a crear formas de resistencia, algo que otros medios de difusión de las causas, como la academia o el periodismo, no siempre consiguen.
Actualmente, en México existen diferentes colectivos y artistas que, preocupados por problemáticas sociales como la defensa del territorio, la violencia feminicida, las desapariciones forzadas y las desigualdades económicas que marginan y discriminan, se han convertido en activistas que buscan ir más allá de la sola inspiración, para generar cambios desde la reflexión y la denuncia.

Para conocer más de estas iniciativas, Animal Político presenta una serie de reportajes sobre artistas como El Gran Om, el colectivo Las nombramos bordando, la actriz Vicky Araico y las personas en situación de calle que crean distintas piezas artísticas como parte del proyecto Mi Valedor, quienes desde distintas expresiones reivindican luchas y dan rostro a las víctimas dela violencia en nuestro país.
De acuerdo con Brian Smith, en contextos como el actual, el mirar y reflexionar sobre este tipo de expresiones de arte y de activismo tiene mucha importancia, porque la visualidad genera unidad, genera identificación, y permite darnos cuenta que la crisis tuya también es mía.
Es por ello que, ante una realidad convulsa y violenta como la que vivimos en nuestro país y en el mundo, creemos importante visibilizar desde el periodismo y dialogar acerca de todas estas formas en las que el arte se vuelve agente de cambio y transformación.
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