EL ANTES Y EL DESPUÉS


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Es obvio que después de una reforma de gran envergadura, sobre todo de una que se promociona como un triunfo aplastante de la cuarta transformación sobre el resto de las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión, la gente, los ciudadanos de a pie, los representados por esos diputados y senadores que deciden sobre su presente y futuro, esperen cambios inmediatos, a la altura de los festejos del tal triunfo, pero viene a resultar que no, las cosas no son así de sencillas.


Como es sencillo de imaginar, de lo que estamos platicando es de la conocida familiarmente como reforma militar, y que se sintetiza en la permanencia de las fuerzas armadas, el ejército y la marina, en funciones de seguridad pública de aquí hasta el año 2028. Una vez votada como aprobada en la Cámara de Senadores, lo que nos imaginamos los mexicanos es que dejaría de haber lo que se ha hecho el pan nuestro de cada día: masacres, violencia, asaltos, asesinatos, violaciones, y todo aquello que se agrupa bajo el amplísimo término de criminalidad, contemplados dentro del código penal, en sus versiones común y federal. desafortunadamente para el pueblo, para usted y para mi, las cosas no avanzan así en este país. Todavía le queda largo camino que recorrer a esta iniciativa que era del gobierno, que hizo suya el PRI mediante una trastada política del más bajo nivel, y que luego recuperó el presidente de la república, nadie fuera a escatimarle a él el mérito de pintar de verde a la nación mexicana.


De por sí que nunca hemos entendido este asunto de la militarización. La discusión data, sin exagerar, desde que Vicente Fox fue presidente de la república, luego continuó durante el sexenio militarista por antonomasia, el de Felipe Calderón Hinojosa, quien tenía una predilección malsana por las cosas del ejército y los uniformes, pero tampoco estaba loco, había que guardar las formas y mantener los límites, aun que él los hubiera extendido bastante, tampoco lo hizo Enrique Peña Nieto, a quien todo le valía sorbete, en eso se plantó firme. Lo que un secretario de al defensa, seguido de otro secretario de la defensa, apoyado por toda la clase de los generales de antes, ahora y después, siempre le pidieron a los presidentes fue que se actualizara el marco jurídico, la reforma constitucional pues.


Y es que la norma máxima de la nación restringía la actividad del Ejército y demás fuerzas armadas en funciones de seguridad pública, no obstante que los gobernantes de todos los niveles la pedían, la exigían y quienes podían, la ordenaban. Pues sí, es bien fácil mendigar u ordenar, y a la hora de los reclamos, salir con que la constitución lo prohíbe, ¿Quiénes se quedaban atorados en medio?, pues sí, los militares, desde aquellos que participaron en la acción que se estuviera censurando en ese momento, hasta toda la estructura de la Defensa, que andarán de pleito entre ellos toda la vida, pero a la hora de que se les ve desde afuera, presentan un frente monolítico.
O key decían los secretarios, generales, jefes, oficiales y tropa, ¿quieren que le entremos a los fregadazos con los delincuentes?, le entramos, pero luego no nos dejen colgados de la brocha, para eso es para lo que querían ellos, los militares la reforma.


¿Los civiles? Ah, los civiles, como buenos políticos, lo que querían eran dos cosas: primero que no los sigan molestando con algo tan feo y tan sangriento como es eso de la seguridad pública y la policía ¡fuchi!, a ellos lo que les gusta es la repartición de beneficios que se conviertan en aplausos y votos, y en segundo lugar, que los militares dejaran de estar jeringando, ¿quieren el poder de andar por el país como Juan soldado por su casa?, pues lléguenle, a eso se redujo todo el interés del actual gobierno para como se ha venido manejando coloquialmente, que el Ejército permanezca en las calles hasta tal año, porque aquí no podemos dar el límite del 2028 como bueno, en este país cualquier cosa puede pasar, sobre todo las malas.


La semana pasada ocurrió otro de esos incidentes que se han vuelto repetitivos y hasta cotidianos en la región norte del estado de Coahuila. Salidos de la nada, o bueno no, eso es retórica periodística que no se apega a la realidad, viniendo del límite entre Nuevo León y nuestro estado, presumiblemente viniendo desde Tamaulipas, un convoy de vehículos con gente armada, tratan de internarse en territorio coahuilense, supuestamente después de haberse enfrentado al Ejército y corporaciones policiacas en el municipio de Lampazos. Se habló de intercambio de disparos y de detenidos, y hasta allí paró la información. Por supuesto que la nota dio pie a que las autoridades estatales, de gobernador y alcaldes para arriba y para abajo, refrendaran el discurso de cada quince o veinte días: que no se permitirá que regrese la delincuencia organizada a enseñorearse en nuestro estado, como lo estuvo en los sexenios de… y de… y de… que hasta libros escribe sobre su triunfo sobre los criminales.


La pregunta importante aquí es ¿y cuál es la diferencia entre el antes y el después, antes que se aprobara la reforma militar en el congreso de la unión, y ahora que ya lo está?, desde nuestro punto de vista, ninguna: los balazos siguen volando de allá para acá, de los malos a los buenos, y estos a defenderse, hasta donde la ordenanza se los permite, que no es mucho. ¿habrá más muertos, habrá más detenidos, habrá más encarcelados?, de eso nadie nos ha hablado, porque al menos que sepamos, nadie lo ha preguntado ni planteado de esa manera, todo son generalidades, nada de metas concretas.


Ah pero además, todavía el jueves pasado lo que se había aprobado de la reforma militar era en comisiones, iba a pasar al pleno, que no le pondría ya más peros, se supone, sin embargo la cosa no está hecha, como se trata de una reforma constitucional, tienen que aprobarla por lo menos 17 congresos estatales, para darla por buena, antes nada. A como está la repartición del poder en México, no habrá problema en sacar esa mayoría, pero lo que interesa es que se tarda, no es de ya, y los balazos siguen volando, bueno eso acá, porque al momento de teclear la nota supimos que en Guanajuato habían vuelto a quemar gasolineras y oxxos, podemos darnos de santos que eso no nos ha tocado… todavía, como no han vuelto a balacear algún palacio municipal como en Guerrero, no desde lo de Villa Unión de hace un par de años.


Creo que nos han creado demasiadas expectativas respecto a esta reforma militar. No se van a volcar soldados y marinos a las calles, por el simple hecho de que no los hay, de la fuerza existente, mucha ya está desplegada, no se podrá duplicar ni triplicar, y mientras no cambien las órdenes de abrazar a los criminales en vez de responder al fuego, las cosas no van a cambiar. Reformados estamos, más seguros… quien sabe.


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