Naucalpan, 18/09/24 (Más / IA).- Donovan Bejarano aún trabajaba cuando una tormenta comenzó a azotar Naucalpan la tarde del lunes 16 de septiembre. El aguacero se intensificaba con el paso de las horas y, poco después, alguien advirtió que el agua había arrastrado la tierra en el cerro cercano a la colonia La Raquelito. El aviso fue claro: “Váyanse para allá arriba, que se deslavó”.
Sin conocer la magnitud de lo ocurrido, Bejarano y otros vecinos acudieron al lugar con herramientas improvisadas, como picos y palas, según testimonios que publica el diario ‘El País’.
Al llegar se encontraron con un panorama devastador: un alud de tierra había sepultado a su familia. La tormenta había desgajado el cerro, derrumbando una casa precaria donde se celebraba un cumpleaños. La estructura, formada por paredes de ladrillos mal acabados y materiales reciclados como palés de madera, láminas y plásticos, no resistió la fuerza de la tierra.
Bejarano relató cómo, junto con otros vecinos, intentaron desesperadamente rescatar a los atrapados bajo el lodo. “Esa impotencia de estar rascando con las manos… Cómo hacíamos con las nopaleras, el pasto enredado, el lodo. Por más que escarbamos, no pudimos hacer nada. Todavía una de ellas reaccionaba, pero después ya no. Eran mis sobrinas. Todo el peso les caía a ellas”, recordó con la voz entrecortada.
El deslizamiento de tierra dejó un saldo de seis personas fallecidas: cuatro eran menores de edad, de 10, 11, 13 y 15 años; una joven de 18 y una mujer mayor, de aproximadamente 60 años. Tres sobrevivientes, los padres y un niño que había salido a la tienda antes del alud, lograron escapar de la tragedia.

Una tragedia evitable
Aunque el alud no fue de gran magnitud, la precariedad de las viviendas en la zona fue un factor determinante en el desenlace fatal. Las construcciones irregulares y de materiales frágiles no soportaron el embate de la tierra. “Fue un deslave ligero, pero aun así mató a seis personas. Está cabrón, ¿no?”, comentó Arturo Chávez, un albañil vecino de la colonia, al referirse a la fragilidad de las construcciones que desafían las leyes naturales en esa zona montañosa.
Los rescatistas, conformados principalmente por vecinos, llegaron al lugar con linternas, palas y cubos para intentar remover la tierra y salvar a los atrapados. “Después llegó Protección Civil, la policía, los bomberos, pero el trabajo lo hicieron los vecinos”, señaló Pablo César Rosas, un albañil de 37 años que participó en los rescates. Los cuerpos fueron encontrados uno a uno, y el operativo concluyó alrededor de las 12:30 de la madrugada del martes.
Los cadáveres fueron bajados del cerro en una cadena humana hasta un área junto a la Escuela Primaria Emiliano Zapata, en cuyo patio se colocaron velas a la mañana siguiente en memoria de los fallecidos.
Viviendo en el peligro constante
La colonia La Raquelito, como muchas en Naucalpan y en otras partes del Estado de México, es un asentamiento irregular, caracterizado por construcciones improvisadas en terrenos inestables. Las lluvias intensas, los desplazamientos de tierra y las inundaciones son riesgos latentes para los habitantes de estas zonas, quienes muchas veces no tienen otra opción más que vivir en condiciones vulnerables.
Rodrigo García Pérez, de 25 años, vive en un edificio justo debajo de donde ocurrió el alud. “No escuché el deslave, nadie lo hizo. Me di cuenta cuando activaron el botón de pánico”, relató. Aunque su casa no fue directamente afectada, la situación le preocupa, pues el flujo constante de agua desde las viviendas irregulares ha encharcado su hogar. “Toda la pared es una mancha de humedad”, agregó.
El terreno en el que se levantó la cabaña colapsada no tiene dueño formal, pero algunos vecinos aseguran que se cobraba renta por la infravivienda, a pesar de las advertencias de peligro. “Antes no pasaba esto, pero al excavar para construir esas casas provocaron el deslave”, señaló Saúl García, hermano de Rodrigo.
Un peligro creciente en Naucalpan
El alud en La Raquelito no fue un hecho aislado. El mismo día, un bombero murió en otro deslizamiento de tierra en Naucalpan. Apenas el viernes anterior, nueve personas perdieron la vida en un derrumbe en Jilotzingo, mientras que otras zonas del Estado de México, como Ecatepec y Chalco, también han sido gravemente afectadas por las lluvias e inundaciones.
La gobernadora Delfina Gómez ha recorrido las zonas afectadas, prometiendo ayudas y cubriendo los gastos funerarios, además de pedir a los vecinos evacuar las áreas de riesgo y refugiarse en albergues.
Escuelas en riesgo
Tras el deslave, se rumoró que la Escuela Primaria Emiliano Zapata había sufrido daños significativos, pero en realidad solo presentó pequeñas afectaciones. El jardín de infancia, ubicado justo por encima de la primaria, funge como una especie de barrera natural contra las riadas, aunque no está exento de riesgos. “Las paredes están agrietadas por la fuerza del agua y el barro”, denunció Erika Varela, una maestra del colegio.
Varela, preocupada por la seguridad de sus alumnos, ha sido testigo de las condiciones precarias en las que opera la escuela. “Nos preocupan los niños. Si viene otro deslave, no nos da tiempo de sacarlos. Ya hemos pedido ayuda al Gobierno, pero no hemos recibido respuesta”, señaló con frustración. La tragedia en La Raquelito pone de relieve las peligrosas condiciones en las que viven miles de familias en asentamientos irregulares del país, y deja una dolorosa pregunta: ¿cuántas vidas más se perderán antes de que las autoridades actúen?
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