EL AGUA QUE NADIE QUIERE     

por Horacio Cárdenas Zardoni 

desde que estudiamos en la primaria, y para quienes no lo han olvidado, nos dicen que si bien el planeta Tierra está cubierto en cuatro quintas partes por agua, no toda esa es susceptible de uso humano. La mayoría del líquido, nos dicen los maestros y nos decían los libros de texto, se halla en los océanos, se trata de agua salada, y solo una mínima parte es lo que se denomina agua dulce, la que puede ser consumida tal cual corre en los ríos, que se almacena naturalmente en lagos y lagunas, o se extrae de pozos que se excavan para llegar a los mantos acuíferos.
Tampoco nos pida que le demos la proporción precisa, nuestra memoria no da para tanto, y cada vez menos, podríamos buscarlo en Google, pero el hecho es que el dato es cambiante, porque si alguna vez nos dijeron que era el 1% de agua dulce respecto del 99% de agua salada, con el derretimiento de los glaciares y los polos por efecto el calentamiento global, el agua liberada desafortunadamente para nosotros, no va a dar a los reservorios de los que pudiéramos aprovecharlos, sino que se incorpora al agua de los océanos, volviéndose salada, complicándonos más la existencia al subir su nivel y achicando la proporción de tierra, y obligando, al que así lo quiera, a imaginar procesos de desalinización, que no son los más populares del mundo, básicamente por lo caro que resultan.
Sabemos que el agua es un bien escaso. Lo ha sido en el pasado, lo es en el presente y lo seguirá siendo en el futuro, sobre todo si la población de nuestro planeta en general, y en particular de nuestra región y nuestras ciudades, sigue aumentando sin control, lo mismo que el poco cuidado en el consumo que hacemos de ella, que no se restringe a lo que bebemos o los cultivos que regamos, sino los procesos industriales que requieren de grandes cantidades de líquido para su realización.
No obstante que los sabemos, nos seguimos comportando como si el agua no se fuera a acabar, o a lo mejor sería mejor decir que con este bien indispensable, asumimos la misma actitud de cuando lleguemos a ese puente, nos ocuparemos de ver la manera de cruzarlo, con el aderezo mexicano, de si se puede bien, y si no se puede, pues ni modo ¿qué le vamos a hacer? Claro que hemos escuchado advertencias, recomendaciones, y vaticinios como aquel de que en un futuro no demasiado lejano, las guerras tendrán como motivación hacerse del agua que tienen otros para usarla nosotros, cosa que no dudamos ni tantito.
Hace pocos días un periódico de la región centro del estado publicó un artículo que no tiene nada de nuevo, pero vuelve de actualidad una realidad que conocemos bien aquí en la región sureste, y que pese a que la prensa machacona lo revive periódicamente, no hemos logrado mover a la acción a los actores involucrados en el tema. A lo que nos referimos es al asunto de la compraventa del agua de las plantas tratadoras, en el caso del reportaje citado, comentaban que no había clientes interesados en la adquisición de las aguas grises tratadas para usarlas en procesos industriales que no requieren agua potable. El texto parece copiado de cualquiera de las diez o quince que se han publicado en Saltillo en los últimos años, allí está un caudal importante de líquido tratado, allí están los empresarios que a la hora que se les pregunta, dicen que sí, que sería un punto interesante para ellos, sobre todo en sus esfuerzos por contribuir a la protección al ambiente y en la sustentabilidad del uso del líquido por parte de la sociedad… todo perfecto, lástima que de allí no pasa, y el agua se sigue quedando sin usar.
Y es que mientras haya pozos… mientras siga saliendo barata el agua de la red… ¿Quién se ocupa de lo que hay en suficiencia?, lo de la conciencia se topa con los costos. Otra cosa sería si el agua potable, de pozo, se las pusieran a cien pesos el metro cúbico, y la tratada se las dejaran a la mitad, a 50, ah, entonces como que ya empezará a adquirir un atractivo que de momento no tiene por ningún lado.
Como coincidiendo, aunque en el periodismo y en la sociedad, las coincidencias no existen más que como excepción que confirma la regla, a los pocos días se publicó, en fin de semana, una nota en Saltillo, en la que algún especialista consultado, un cuate que es funcionario del sistema de agua de Nuevo León, comentaba que en determinado momento podría llegar a pensarse en reinyectar el agua tratada en los mantos acuíferos, como una medida para realmente cerrar el ciclo del agua de uso humano en nuestras regiones.

Alguna vez vimos reportajes de que en Europa los procesos de tratamiento del agua eran tan exhaustivos, que el líquido tratado era bebible… al menos en ese momento no se decía ni se confesaba que se hiciera, pero los técnicos que lo realizaban decían que su nivel de pureza lo permitía, quien sabe si de cuando vimos el reporte a la fecha, las condiciones hayan cambiado, no que se demerite el trabajo de purificación, sino que ya la estén reciclando como para incorporarla a las redes de distribución. Como que a nadie le va a gustar que el agua que está bebiendo es la misma que se fue por el inodoro una semana antes, o que pasó por algún proceso industrial, o lo que guste. Descuidados como somos del líquido para conservarlo, sí somos exigentes para pedir que sea recién salido de un pozo, clorado y potabilizado. De todo lo cual no tenemos ninguna garantía, solo creemos que lo es, pero ese es otro cuento.
En lo que se debería trabajar es en poner las cartas sobre la mesa con absoluta claridad. ¿saben qué?, que se está acabando el agua, la que se trata se ofrece, barata, todavía, a las empresas, a las que se les prohíbe la utilización de agua de la red, o se les pone a un precio que les convenga comprar la tratada, así de simple.

¿A las casas?, pues lo mismo, ya hay tarifas diferenciadas, pero no es como con la luz, que después de los primeros kilowatts, que van subsidiados, los siguientes salen como lumbre, a la gente que se pasara de los diez metros cúbicos el agua debería cobrársele sustancialmente más cara, hasta que hagan conciencia para dejar de usar tanta, o la paguen al precio que permita sostener los procesos de purificación, potabilización y reciclamiento.

Ojalá que nunca nos falte como ha faltado en Monterrey, como ya falta en la Ciudad de México. Vivimos en la gloria, a pesar de vivir en el semidesierto, pero tampoco es de esperar que esto sea eterno, allí está el agua tratada, y ni modo, a usarla a fuerzas.

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