Por Horacio Cárdenas Zardoni
La experiencia capitalista, más que la doctrina y la teoría, dicta que los negocios deben ser buenos por sí mismos, no deben necesitar un soporte económico adicional para darles viabilidad.
Así hemos visto empresas de lo más descocadas, que sin embargo logran posicionarse como grandes polos de desarrollo económico, pese a su cuestionable planteamiento inicial.
Proyectos del tamaño del Canal de Panamá, o del de Suez, como la presa de Asuán que contuvo las aguas del Río Nilo, proyectos ferroviarios, de comunicación vía aérea, incluso llevar al hombre a la Luna, fueron proyectos acusados de descabellados, que pese a todo, han resultado ser experiencias económicas muy productivas, rendidoras por encima de las expectativas que se tenían de inicio para la recuperación de la inversión.
Desde luego, y aquí la experiencia capitalista se desvía o se desvirtúa del planteamiento inicial, cuando los gobiernos o la sociedad se muestran dispuestos a entrarle con dinero a estos proyectos, la presión sobre los inversionistas baja, pero se suelen contaminar con otros intereses, no siempre apegados a los objetivos originales del proyecto, y que en no pocas ocasiones, llevan al fracaso, y a la pérdida de muchísimo dinero, además de que no se satisface la expectativa inicial, que queda pendiente, a veces por demasiados años, de cumplimentarse.
Los aeropuertos por lo general, se apegan a esto que venimos diciendo. Deben ser un negocio por sí mismos, y de hecho lo son, cuando se elige un buen sitio para colocarlos, uno al que se pueda acceder fácilmente, y retirarse de ellos con la misma facilidad. De hecho ese es el principal defecto del tristemente célebre Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, magna obra del sexenio pasado, es un decir lo de magna, después de todo es un aeropuerto militar al que le dieron una mano de gato, bastante modestita. Lo hubieran podido poner a medio camino entre la ciudad de México y Querétaro, o Puebla o Pachuca, y su cumpliera con el requisito de estar bien comunicado, poder llegar allí y retirarse de allí rápida y cómodamente, no habría ningún pero, ah, pero está en Tecamac, por donde no pasaba nadie, y pasan todavía muy pocos, y a todo el mundo se le hace cuesta arriba llegar y esperar quién sabe cuánto tiempo para conseguir un vehículo que lo lleve a la civilización, a un precio razonable.
Con todas sus ventajas promocionadas, el AIFA no despega porque sale caro y es tardado llegar, punto. A ver si cuando esté el tren que lo va a comunicar… con Lechería… ¿Cuánta gente quiere ir a Lechería?, y la presidenta ya dio el banderazo a las obras del tren que lo comunicará con Pachuca ¿Cuánta gente quiere ir a Pachuca, y a qué?
Pues más o menos así está el aeropuerto internacional Plan de Guadalupe, otro al que los usuarios le hacen el feo, las líneas aéreas le hacen el feo, todo el mundo desprecia, y sin embargo, las líneas dedicadas a la carga aérea, están encantadas con él. Parecería imposible de creer que pudiendo tomar el avión aquí a quince kilómetros, la gente prefiera recorrer ciento veinte o más, para llegar al aeropuerto de Monterrey, y ocurre. ¿Por qué?, pues porque cuando había vuelos programados, en su momento llegó a haber hasta cinco diarios a México y un par de internacionales, las líneas aéreas imponían tarifas más elevadas que viajar de Monterrey a México, al grado de que sumando el transporte terrestre y el costo del boleto… salía a la par, o hasta más barato. Si a eso agregamos que era de los destinos más proclives a ser cancelados, por mal tiempo, por no haber vendido todos los boletos, o lo que fuera, cancelaban y dejaban a los viajeros furiosos y jurando no volver a confiar en ellos, cosa que cumplieron, y tanto que dejó de ser destino.
Ahora lo quieren revivir, ya anunciaron que para octubre… a ver cómo se ponen las cosas, pero nos imaginamos que no serán demasiado diferentes de lo que vivíamos hace diez o más años. Tarifas altas, ninguna garantía de que el vuelo llegara o saliera, si repiten el modelo, está condenado al fracaso, uno que hemos visto por lo menos en cinco ocasiones, con Aeroméxico, con Aeromar, con Mexicana, y alguna más. Si la sociedad de la región sureste, el sector productivo, no logran demostrarle a la empresa Viva Aerobús, que son un mercado en serio, nos van a hacer lo que ya nos ha sucedido. Ya anunciaron una tarifa de apertura… no es precisamente una oferta irresistible, y la calidad de la línea, deja bastante que desear, la toma uno cuando de plano no hay otra, pero en fin, es la que convencieron, las otras no se dejaron.
Así como somos en Saltillo, andamos como sonajitas, pero a la hora de comprar boleto, se va uno a lo seguro, y lo seguro seguirá siendo irse a Monterrey, donde si no sale un avión, sale el siguiente o el siguiente, en cambio acá, nada de nada. Dicen que Saltillo ha cambiado en los últimos años, ya estaremos viendo qué tanto, y si sobre eso se puede construir un destino aéreo, que tuvimos, sí lo tuvimos, y no pudimos conservar, porque no lo hemos sabido presentar como el negocio legítimo que debe ser.
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