ECOCIDIO


Horacio Cárdenas Zardoni


Todavía en Saltillo se tiene la leyenda urbana de que si cortas un árbol, llega Ecología y te planta una multa del tamaño de la catedral. Es más o menos como aquella otra de que no saques la basura temprano, y mucho menos un día antes, porque igual, llega un inspector y te multa.


La verdad de las cosas es que no, no sabemos de ningún caso en el que un inspector haya dejado un aviso de multa al pulcro ciudadano o ciudadana o ciudadane que lo es tanto, lo de pulcro, pulcra o pulcre… mejor dejamos en paz el lenguaje inclusivo y hablamos como manda la lógica, y que no aguanta la basura en su casa, y que por eso prefiere compartirla con vecinos y los que vayan pasando, todo para que encima lo tachen de lo contrario, de sucio, y no de exceso de limpieza, en fin…


De lo de Ecología sí, sí se ha sabido de multas, pero no porque anden inspectores del área en la calle tomándole el pulso a cada uno de los árboles que pueblan este pedazo de semidesierto que es la capital del estado de Coahuila. Tiene que mediar una bronca ciudadana, que un grupo de vecinos se inconforme con que otro haya tumbado o podado de más un árbol, que si no, la autoridad es tan poco proclive a hacer algo, como el resto de los habitantes de la ciudad que padecen ceguera de talles o abulia respecto al entorno.


Es el caso de lo que sucedió con el gerente de Maxi China, o como sea que se llame el negocio instalado en lo que fue en tiempos la agencia de la Chrysler y luego por un rato las oficinas del COECyT, y que según él, tres arbolitos medio escuálidos, le impedían la vista a la clientela potencial, los encantos de su tendajón, del que ni el nombre nos acordamos, y del que ni siquiera son capaces de repintar una columna donde unos artistas callejeros pintaron un diablo… Allí sí medió una multa, que nos llamó mucho la atención que tuviera que transcurrir un mes o más para que la dependencia municipal encargada dictaminara el monto, lo que nos dio idea de que está lejos de ser un procedimiento normal, y tuvieron que estudiar el caso desde el punto de vista legal, político, económico y además que no se alborotara todavía más la muchachada que fue la que motivó todo el escándalo. De no haber sido por ellos capaz que no pasa nada.


No, no vamos a indagar si existen o no inspectores de limpia o ecología, eso daría al traste con una leyenda urbana o daría pie a una teoría conspiracionista, mejor ahí que quede, eso, lo otro, eso no lo podemos ni debemos dejar.


Porque ¿qué pasa si nadie se queja de que están cortando uno, diez o cien árboles?, ojo, decimos se queja en vez de decir se da cuenta, porque como es obvio, lo que ocurre muros y puertas adentro de las propiedades, de eso todavía hay menos conocimiento y control de lo que sucede en las banquetas y las calles. Lo triste es decir que no, no pasa nada, y menos cuando entran en juego intereses, otra vez, económicos, políticos, familiares o de grupo. La reserva es cuando como en lo mencionado antes, algo dispara la movilización y la conciencia ecológica de algún sector de la población.


Viene a cuento porque en días pasados se reportó un hecho de este tipo, y la autoridad, pese a tener conocimiento del asunto, hizo como que la virgen le hablara. Nos referimos al ecocidio, porque como tal puede ser calificado, ocurrido en el fraccionamiento Alpes, ubicado al norte de la ciudad de Saltillo. Allí, en la avenida José María Rodríguez esquina Carlos Finlay, había una docena de árboles, que debieron ser sembrados hace unos veinte años o quizá más, dada la altura y el grosor que tenían. Bueno, pues un buen día a principios de diciembre, una cuadrilla de trabajadores con sierras eléctricas, llegaron y redujeron los árboles a leña, y para pronto, treparon todo a camionetas, y se llevaron lo que habían cortado. Durante el trabajo, algunos vecinos fueron a tratar de parar lo que estaba ocurriendo, y por supuesto como gente civilizada que son, y viviendo en un estado de derecho que dicen los políticos, llamaron al municipio, que despachó una patrulla, cuyos tripulantes dijeron que eso no les tocaba, que era de la policía ambiental, y estos también escurrieron el bulto con que era de ecología. Total que entre tanto jaloneo el sitio quedó pelón, todo por que al parecer quien promovió y pagó “el servicio” tiene influencias, que han de ser muchas, donde los que en otras circunstancias se imponen, se arrugaron todos.


Teorizando un poco, cada árbol importa, como importa la vida de cada persona. Decir que no hay problema, que el asunto se resuelve sembrando no uno, cinco árboles en otro sitios… a ver si prefieren que los maten y que nazcan otros cinco seres humanos, pero que los pongan donde no incomoden a los poderosos. Pero el caso particular de este ecocidio en la colonia Alpes es significativo, primero que nada porque no estorbaban a nadie, es un tramo de calle que termina allí adelante, y que además respetaban la alineación, porque no estaban sobre el paso de vehículos, sino lo que sería la banqueta, si la hubiera. Eso no es todo, estaban ubicados sobre el área que corresponde a un área pública, probablemente federal si nos apegamos a una legislación de la que nadie hace caso, que establece que no se puede construir a equis metros del curso de un arroyo ¿y qué cree?, que es exactamente donde estaban los árboles, que si habían logrado ese desarrollo, era porque casi seguro sus raíces se alimentaban del agua que lleva el arroyo en cuya rivera estaban plantados.


La cosa se pone peor al saber que ese arroyo, no ancho, pero sí profundo, va a dar al más grande, Ceballos creo que se llama, donde se han registrado deslaves que han afectado sobre todo la calle Tezcatlipoca y las casas y negocios que en algún momento se establecieron allí. Importa la referencia porque el suelo es del mismo tipo, sedimentario, lo que quiere decir que al no tener algún tipo de contención natural o artificial, las avenidas fuertes de agua tienden a llevárselo. ¿Y qué cree?, pues que quitar esa docena de árboles a lo que contribuye es al debilitamiento del suelo, con lo que no está fuera de la realidad de que en algún futuro no muy lejano, esa zona en específico se la lleve la corriente. Un ecocidio convertido en suicidio, si es que alguna vez vimos un ejemplo.


Si alguien tuviera cerebro, repondría los árboles cortados, cinco por uno como dicen que se castiga, pero no nada más eso, que se planten allí mismo, que es donde hace falta. Al fulano que le estorbaban, igual a lo mejor no le afecten su casa, porque la calle no es suya, sino pública, pero tampoco tiene caso replantar si al rato en otra descarga de odio los vuelve a tirar nada más porque sí.


Ojalá no sea tarde para que algo haga la dizque autoridad, la saliente o la entrante, la que sea, pero vivimos en un sitio y una época en la que nos toca a los ciudadanos defender los cada vez menos árboles que quedan, porque ellos no pueden defenderse solos.


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