Por Horacio Cárdenas Zardoni
Habrá quien diga que las cosas han cambiado mucho en la política a la mexicana, habrá otros que se centren en la idea de que no es así, que todo este rejuego de los partidos políticos no cumple otro objetivo que el planteado por Jesús Reyes Heroles en aquella reforma política de los años setenta, que emulando el gatopardismo de Lampedusa, recomendaba cambiar, cambiarlo todo, como medio para que todo siguiera igual.
En efecto, la idea del máximo ideólogo del viejo priísmo, era que el Partido Revolucionario Institucional, ya desde aquellos tiempos violentos, ya estaba dando señas de desgaste y de cansancio, y que por lo mismo, a lo mejor era tiempo de hacer como las víboras: cambiar de piel, pero seguir siendo la misma serpiente de siempre, para lo que se necesitaba crear una serie de escenarios para que la gente se creyera que en el país había un juego democrático que permitía que partidos, personas, ideologías que nunca habían gobernado, pudieran acceder a los principales puestos de elección popular, pero en el fondo las cosas no habían cambiado mayormente, como lo podía comprobar cualquiera que quisiera ver la realidad de que los pobres seguían siendo pobres, y los ricos, eran todavía más ricos, pues mientras que para aquellos la democracia se había convertido en un espectáculo lleno de emociones, en el que además se les invitaba a participar activamente, para los dueños del capital, y podríamos decir que los dueños del país, la intención era ante todo mantener el status quo, que las cosas siguieran siendo iguales, pero no solo eso, a la hora del cierre de los sucesivos ejercicios fiscales, las ganancias deberían ser sustanciales para ellos que manipulaban todas las variables.
Los analistas le dieron en llamar “el sistema”, integrado efectivamente por los hombres y mujeres, a veces las familias, más adineradas, para quienes los políticos y los gobernantes no son otra cosa que meros empleados. Llegaron a tener tanto poder, que podían jugar el costoso juego de la democracia, y mire que la de México está catalogada y es criticada por ubicarse entre las más costosas del mundo. Para ellos el juego consiste en apoyar candidatos de distintos partidos… al mismo tiempo. De tal manera que el que gane, de todos modos le deberá los favores y el financiamiento a cierto grupo del que conoce apenas a algunos representantes, rara vez o nunca a los verdaderos jefes. Realmente no importa si el que gana y gobierna es el PAN, el PRI, MORENA o el MC, todos tienen que ir a entenderse con los dueños del dinero, y por entenderse no se equivoque, estamos diciendo obedecer.
Así es como nos podemos explicar que personajes como José Antonio Meade, quien había sido funcionario en gobiernos panistas y priístas, fuera seleccionado por el sistema como candidato presidencial, lástima que no ganara, aunque de todos modos no les ha ido mal a los empresarios con Andrés Manuel López Obrador. Ellos entienden que no es necesario llevarse bien con el presidente para seguir obteniendo ganancias y que estas sean todavía más suculentas que con gobiernos afines. Negocios son negocios, dicen los mafiosos en las películas, y en la política mexicana no es muy diferente, con el que llegue, o la que llegue se entienden.
Pero lo que sí extrañamos es que anteriormente podía decirse que había proyecto, que el sistema perfilaba a sus mejores piezas para ocupar posiciones importantes, y en algunas ocasiones, les llegaban a conceder un sitio cercano a los verdaderos hombres del dinero. En eso sí han cambiado las cosas, y mucho, y para mal.
Todavía nos acordamos que en otros tiempos, cuando el presidente palomeaba las listas de diputados y senadores, se concedían candidaturas, que equivalía en la práctica a que ya la cosa estaba hecha, o como dice una clásica en ciernes, la elección era de mero trámite. Era una chamba complicada, no apta para ignorantes ni improvisados, y aun así de vez en cuando fallaba algo.
Alguna vez nos sorprendió que se llegaba al extremo de postular a personas a partir de su perfil profesional, y se hacía así porque iban directo a ocupar la presidencia y la secretaría de las comisiones senatoriales y las de la cámara de diputados, sin necesidad de negociar nada con otros partidos, que no existían más que como paleros. En las listas siempre iba un par de militares retirados, quienes iban a encabezar las comisiones de defensa en cada cámara, así directo, ya estaban asignadas las posiciones, había economistas que iban directo a las comisiones de Hacienda y la de Programación y Presupuesto, cuando existían estos conceptos, eran gente del mismo equipo del presidente, que se iban a entender con los secretarios de los respectivos ramos, personas a las que conocían como amigos o como colegas, y que entre el ejecutivo y su contraparte en el legislativo, hacían que las cosas marcharan sobre ruedas. No se dejaba nada a la improvisación, no lo mande dios, a lo que decidiera el voto popular, y si a veces había que hacerle sitio a alguno de los cachorros del sistema, hijos o descendientes de algún cacique estatal o de alguna familia prominente, se le entrenaba para que funcionaria como engrane de la maquinaria del sistema, engrande de plata o de oro, con diamantes incrustados, pero pieza igual que el resto, de la que se esperaban resultados.
Es en este contexto de cómo solían ser las cosas, que nos topamos con una entrevista que le hicieron a Antonio Castro, flamante diputado federal electo a la siguiente legislatura por uno de los distritos de Saltillo, quien de plano y con una ingenuidad pasmosa, manifestó que él realmente nunca pensó que fuera a ganar. Lo suyo, como lo de muchos morenistas de todos los niveles, es la grilla, las postulaciones se hacen porque alguien tiene que aparecer, pero así pueden perder veinte veces, ellos siguen haciendo lo suyo, que es lo mismo del presidente López Obrador, si líder máximo, grillar, lo otro, sobre todo trabajar, como que no se les da mucho.
¿Cuántos diputados federales y senadores a la siguiente legislatura son como Toño Castro, que llegan sin idea de nada de lo que es y debe ser un diputado federal?, a nivel de anécdota, cuando Ana Guevara llegó al senado de la república por MORENA, no solo no sabía que significaba o qué debía hacer, ni siquiera sabía dónde estaba la cámara, y de allí para abajo. Así de entrada ¿en qué comisión podría MORENA ubicar a Toño Castro?, economista de formación, y a como están las cosas, podría ligar la comisión de economía… como presidente, lo mismo que la de Hacienda, la de Cuenta Pública, o la que sea, de las normales o de las especiales que se lleguen a crear.
Como todos los diputados y senadores de MORENA están allí para votar como se les ordene que voten ¿presentar iniciativas, puntos de acuerdo, debatir, auditar?, de eso nada, con que sepan levantar el dedo, o bueno, apretar un botón, con eso está más que ganada su dieta… a lo que hemos llegado.
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