Península Antártica, 13/03/25 (Más / IA).- Investigadores han detectado la presencia del virus de la gripe aviar altamente patógena en la Antártida, lo que representa una grave amenaza para la fauna del continente.
La expedición científica, liderada por el virólogo español Antonio Alcamí y respaldada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha confirmado que el virus ya está presente en 24 de los 27 puntos analizados a lo largo de la costa de la península antártica.
El equipo de investigación, que zarpó en enero desde Argentina a bordo del velero Australis, ha identificado el virus en nueve especies de aves, incluidos cormoranes, gaviotas, fulmares y tres tipos de pingüinos, así como en cuatro especies de mamíferos marinos, entre ellas lobos marinos y focas leopardo. De los casi 750 animales analizados, uno de cada cuatro ha dado positivo.
El hallazgo confirma los temores de los científicos, quienes desde hace meses advertían sobre la posible llegada del virus a la Antártida. La gripe aviar ha causado la muerte de cientos de millones de aves en todo el mundo y ha afectado a decenas de miles de mamíferos marinos en su avance desde Norteamérica hacia el sur del continente.
Aunque en un inicio se temió una catástrofe en las colonias de pingüinos, los primeros resultados indican que estas aves podrían ser más resistentes al virus de lo que se esperaba. “La realidad es que no ha ocurrido esto. Hemos encontrado algunos animales infectados y poca mortalidad, lo que sugiere que los pingüinos son más resistentes de lo que pensábamos a esta enfermedad. Son muy buenas noticias”, señaló Alcamí, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid.

Sin embargo, otras especies han demostrado ser más vulnerables. “Estamos empezando a ver un impacto importante en muchas aves y, sobre todo, en mamíferos marinos. Mi preocupación es que a medio plazo se convierta en una de las infecciones más importantes del último siglo en la Antártida”, advirtió el virólogo.
El veterinario Ralph Vanstreels, de la Universidad de California en Davis, recordó la devastación que presenció en octubre de 2023 en la costa argentina, donde miles de cadáveres de elefantes marinos cubrían la playa de Punta Delgada. Según sus estimaciones, el virus mató al 97% de las crías de la zona. “Era el mismo virus que llegó ahora a la Antártida”, afirmó.
El patógeno que hoy afecta a la fauna antártica es una variante altamente letal de la gripe aviar, cuyo origen se remonta a una granja de gansos en China en 1996. Desde entonces, el virus ha evolucionado y en 2020 surgió una cepa particularmente agresiva, que desde 2021 ha causado estragos en la fauna silvestre de todo el mundo.
“La gripe aviar que estamos viendo ha adquirido la capacidad de infectar el cerebro. Y eso es lo que la hace única. Eso la hace tan mortal”, explicó Alcamí. Los animales infectados suelen morir entre convulsiones y temblores.
Los científicos han encontrado una alta carga viral en la mitad de los cadáveres analizados, lo que sugiere que la gripe aviar está provocando una mortalidad significativa en diversas especies. “A veces hemos encontrado 40 o 60 cadáveres de págalos. Son muy susceptibles. El virus está causando un tremendo efecto en su población”, advirtió el virólogo.
La expedición de Alcamí ha sido clave para la detección de la gripe aviar en la Antártida. “Uno de los principales desafíos para la vigilancia en la Antártida es que hay relativamente pocos científicos en el terreno recogiendo muestras. En el caso de la expedición de Alcamí, han analizado sus muestras y han publicado los resultados en tiempo real, lo que supone un beneficio increíble para toda la comunidad”, destacó Michelle Wille, de la Universidad de Melbourne.
Sin embargo, aún faltan por llegar los resultados de organismos como el Instituto Antártico Chileno, que ha instalado dos laboratorios en sus bases para analizar el impacto del virus. Marcelo González, biólogo de la institución, advirtió que es muy probable que el virus se quede dando vueltas en la Antártida.
A pesar de los esfuerzos científicos, la erradicación del virus en el continente helado parece improbable. Con aves migratorias transportando el patógeno entre el hemisferio norte y la Antártida, el impacto real de la gripe aviar en el ecosistema antártico podría tardar años en conocerse.
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