Alvarado, Veracruz, 20/07/26 (Más).- La comunidad pesquera de Las Barrancas, en el municipio de Alvarado, Veracruz, enfrenta los efectos de la erosión costera provocada por el aumento del nivel del mar y el cambio climático, una situación que ha destruido viviendas, reducido la zona de playa y puesto en riesgo a cientos de habitantes que temen perder su patrimonio y territorio.
De acuerdo con información de El País, Las Barrancas atraviesa un proceso de desplazamiento forzado por causas climáticas, debido a que el avance del mar ha alcanzado las zonas habitadas y ha ocasionado la desaparición de casas que anteriormente se encontraban en la primera línea de playa.
La comunidad cuenta con alrededor de 350 habitantes distribuidos en tres calles, una de las cuales ya fue consumida por el océano. Esa vía era utilizada por el transporte público y para actividades tradicionales como la peregrinación de la virgen, además de representar uno de los espacios principales de convivencia para sus pobladores.
Julio Ledesma, pescador retirado de 75 años, recordó que años atrás Las Barrancas recibía visitantes, contaba con carnaval y tenía mayores extensiones de playa donde se desarrollaban actividades turísticas y comunitarias. Actualmente, explicó, la pérdida de arena modificó la vida cotidiana de los habitantes y redujo los espacios disponibles para caminar y reunirse.
Cuando la marea baja, quedan expuestos los restos de las viviendas que fueron destruidas por el mar. Entre los escombros se observan fragmentos de paredes, pisos, corredores, fachadas, raíces de palmeras y estructuras que pertenecieron a espacios familiares donde los habitantes realizaban actividades diarias.


Las casas ubicadas en la segunda línea de playa permanecen en pie, aunque varias presentan daños visibles como grietas en paredes y desprendimientos en fachadas. Para intentar proteger sus viviendas, los habitantes han colocado costales de arena, piedras y llantas sujetas entre sí con la intención de disminuir temporalmente el impacto del oleaje.
El problema comenzó a agravarse desde 2014, cuando comunidades cercanas como Mata de Uva y Playa Zapote solicitaron la construcción de escolleras para frenar el avance del mar.
El proyecto contemplaba ocho estructuras de protección, incluida una destinada para Las Barrancas, pero la obra quedó inconclusa y los pobladores comenzaron a notar una pérdida progresiva de la playa.
La Organización Meteorológica Mundial informó que el nivel medio global del mar alcanzó un récord de elevación en 2021, con un incremento promedio de 4.5 milímetros anuales entre 2013 y 2021, asociado al aumento de las temperaturas y al calentamiento global provocado por actividades humanas.
En Veracruz, un informe sobre Recomendaciones y Medidas de Protección Civil señala que hasta 2024 el municipio de Alvarado registraba el mayor impacto por erosión costera, con 71.7 kilómetros de línea costera afectada.


Especialistas advierten que las obras realizadas en zonas costeras requieren estudios de impacto ambiental para evitar modificaciones en corrientes marinas y movimientos naturales de arena.
Nancy Gocher, integrante de la organización Oceana, señaló que algunas infraestructuras costeras se construyen sin suficientes estudios científicos y sin procesos adecuados de consulta con las comunidades afectadas, lo que puede generar alteraciones en los ecosistemas y aumentar los problemas de erosión.
Los habitantes de Las Barrancas han solicitado medidas que permitan conservar su comunidad antes que una reubicación. Nancy Ochoa, lideresa de la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Barranqueña del Golfo, pidió estudios de impacto ambiental, la construcción de obras de protección y acciones para recuperar los manglares, ecosistemas que funcionan como barreras naturales frente a la erosión.
Durante aproximadamente 12 años, la comunidad ha perdido entre 50 y 100 metros de playa y alrededor de 20 viviendas han desaparecido bajo el avance del mar. La afectación también alcanzó las actividades pesqueras, una de las principales fuentes de sustento local, al obligar a los pescadores a trasladarse mar adentro, incrementando gastos y riesgos.
Para habitantes como Mariela González, la pesca representa una tradición familiar que se ha mantenido durante generaciones y que buscan conservar para sus hijos. Los pobladores expresan que su objetivo no es abandonar Las Barrancas, sino recuperar las condiciones que permitan mantener su forma de vida.
La comunidad mantiene una relación histórica con el mar, al que sus habitantes identifican como una fuente de sustento y parte de su identidad.
Sin embargo, consideran que los cambios ambientales actuales están relacionados con las alteraciones provocadas por las actividades humanas y requieren acciones para evitar la pérdida definitiva de su territorio.
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