Por Horacio Cárdenas Zardoni
Suele decir Andrés Manuel López Obrador que él es, ha sido, el presidente más atacado desde Francisco I. Madero. Sería difícil tratar de corroborar o desmentir esta aseveración del mandatario, y la verdad es que fuera de la anécdota entre folclórica y llorona, sería un ejercicio de lo más inútil, imagínese que se tira usted un clavado en los periódicos de noventa años, en los documentos oficiales de la Secretaría de Gobernación, de la presidencia de la república, de la Defensa, de los organismos de inteligencia, elabora su metodología y proceso estadístico para llegar a la conclusión de que sí… o de que no, es el presidente más atacado del país en el período posrevolucionario, todo para que ningún periódico quiera incluir esa nota más que como mero relleno allá en una de las páginas del fondo, no vale la pena.
Pero con estar machando cada equis meses con el cuento de que es el más atacado desde Madero, cosa que cae por su propio peso, porque al coahuilense la presidencia le costó la vida, algo que hasta el momento está lejos de suceder en el México actual, y no porque a López Obrador lo cuide el pueblo, como le gusta decir, sino porque hay un aparato civil y militar encargado de protegerlo, por más que se niegue. Pero la declaración lamentosa cumple el doble objetivo de, en primera instancia, mover a sus simpatizantes y allegarle a otros que tengan el corazón de pollo, de que pobrecito presidente, lo atacan mucho, pero él lo aguanta todo, y en segunda, en fijar la agenda, pues como ya dijimos, orienta a que por unas horas o unos días, los medios de comunicación incurran en el autoexamen de ¿no le estaremos cargando la mano?,
Lo cierto es que ningún presidente, que recordemos, se ha ido limpio. En este país, pegarle al presidente en turno es un medio que el propio sistema político ha diseñado, o si no diseñado, alentado, para que la población se ría, le baje el enojo respecto a la situación personal o familiar en la que vive, es una válvula de escape que le quita presión a lo que de otra manera podría convertirse en una revuelta social. Por eso es por lo que todos los intentos por evitar los chistes, las referencias, las burlas, últimamente los memes, terminan desechándose, porque al propio sistema le saldría muchísimo más costoso contener la furia popular, que la figura presidencial se mantenga impoluta. Ni modo, los gobernantes tienen su corazoncito y una pielecita de lo más delicada, pero es el precio que les corresponde pagar por mandar y servirse con la cuchara grande. Como decía Peña Nieto, ya se que ustedes no aplauden, ¡encima quería que le aplaudiéramos!
Los gobiernos de los municipios, de los estados y de la propia federación están siempre bajo acecho. No sabemos si en otros países, pero aquí la mentalidad de los políticos ha sido siempre la de: quítate tú para ponerme yo, y esto tiene que ver con el sentimiento, muy poco respetuoso de los mexicanos respecto de sus jefes: es un tarado, yo debería estar en su lugar, yo soy el que sabe, tengo muchas ideas… todo para que cuando se les llega a conceder la oportunidad, salgan igual o peor que el que llegaron a sustituir.
Es por ello que buena parte del tiempo el gobernante lo dedica a apuntalar su gobierno, a desactivar las amenazas, cooptar a sus enemigos o neutralizarlo, lo que salga más barato. Pero una cosa es que el presidente, o el gobernador o el alcalde estén solos, solísimos si se puede usar ese término, a la hora de gobernar, y otra distinta que efectivamente haya una intención de desestabilizar su gobierno, al grado que tenga que abandonar el poder.
Mantener al gobernante en jaque, eso sí, tampoco es para que se le suba a la cabeza que es lo máximo, que es la virgen envuelta en huevo, como diría algún clásico, que camina a diez centímetros sobre el suelo. Se le permite que no traiga cartera, como confesó alguna vez Ernesto Zedillo, o que presuma de traer un billete de 200 en la bolsa, mismo que le dura desde hace 20 años como López Obrador, a quien todo se le da con solo pedirlo, pues para eso es el Rey del Cash.
Pero una revolución, una revuelta social, una guerra civil, es mal negocio, por eso es por lo que aun los enemigos, adversarios, malquerientes no llevan su disgusto contra el gobernante más allá de la crítica, acerva, burlona, gacha en una palabra, pero la verdad es que convocar a elecciones, comenzar otro sexenio anticipadamente, sale más costoso que aguantar al gobernante actual. Que tampoco vamos a decir que esta sea ciencia política nueva, allí está desde hace siglos el dicho campirano de Con los bueyes que tenemos, tenemos que arar. Que se molestarán en las alturas por la comparación, pero así como ellos tienen que gobernar con lo que tienen, al pueblo que tienen, así el pueblo tiene que salir adelante con el gobierno que carga, ni modo.
Ahora que por quinta, octava o vaya a saber qué ordinal vamos, ocasión se han presentado enfrentamientos armados en la región norte de Coahuila, específicamente en los municipios limítrofes con el vecino Nuevo León, se ha comenzado a manejar la tesis de que el crimen organizado y quien pueda estar atrás de él, busca la desestabilización del estado de Coahuila, esto con una intención política, cabe la pregunta ¿hay esa intención?, y lo que sería más importante ¿piensa alguien que esa clase de estrategia de verdad funciona?
El asunto de la seguridad pública no es nada sencillo de atender, mantener ni mejorar. Coahuila vivió momentos verdaderamente terroríficos, la población de las distintas ciudades, del área rural, vivía en la zozobra, secuestros, asesinatos, fuego cruzado, lo que guste mencionar ocurría. Se metió mano dura y la situación ha estado bastante controlada, excepto estos incidentes que se dan en el área más desolada de la entidad, ah pues por allá se dan los enfrentamientos en acciones que hemos calificado como bobas y sin sentido, pues agarrarse a balazos con policías, militares y marinos, por nada, es eso un sinsentido.
Lo de Villa Unión hace algo más de un año fue grave, dejaron el palacio municipal como si fuera el de algún pueblo de Guerrero o Chihuahua, no venía al caso. Los persiguieron, capturaron a unos, otros no sobrevivieron… ¿y alguien siente que el estado se desestabilizó?, la verdad es que no, hasta al contrario.
Han seguido incursionando, atacando en Monclova, en Sabinas, en Saltillo, ¿y?, ¿alguien siente que hay menos gobernabilidad?, creemos que no. ¿Qué alguien piense que esto pueda influir en el voto a favor de este candidato o en contra de aquel partido?, igual nos permitimos dudarlo.
Quienes lo están promoviendo tienen mentalidad de criminales, no de políticos, deberían comenzar a entender que así no funcionan las cosas, no importa cuantos caigan de los suyos y del lado de la ley, así no funciona.
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