Ciudad de México, 27 nov (EFE).- La datación científica del llamado Código o Mapa de Popotla reveló que el documento resguardado por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia no es prehispánico, sino una copia moderna elaborada hacia 1950, de acuerdo con los análisis de carbono 14 entregados por especialistas de la UNAM. El hallazgo marca un giro inesperado para los investigadores, quienes durante décadas consideraron que el códice era del siglo XVI.
Según información publicada por El País México, la antropóloga española Isabel Bueno recibió con sorpresa la primera datación que ubicó la manufactura del documento en la década de 1950. Durante años, ella y otros especialistas asumieron como válida la datación propuesta por el antropólogo mexicano Alfonso Caso, quien situaba el origen del códice en la época virreinal temprana. “Cuando ha salido esta fecha, cuando ha salido 1950, nos hemos quedado muertos”, declaró.
El interés académico por este mapa comenzó para Bueno en 2010, cuando lo conoció durante un congreso de americanistas. Tras años de trabajo, logró obtener autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia para analizar el documento y determinar su datación. El objetivo era fundamental, pues el códice parecía abarcar procesos históricos de al menos 300 años. La Secretaría de Cultura avaló el uso de pruebas científicas para estudiar su procedencia, su posible contexto colonial y su vínculo con el paisaje sagrado mexica.
Para resolver el enigma, un equipo interdisciplinario de especialistas mexicanos empleó luces forenses, análisis químicos de pigmentos, estudios microscópicos de fibras y comparaciones codicológicas. Estas técnicas permitieron examinar la manufactura, materiales y transformaciones del documento. Uno de los hallazgos relevantes fue que se trata de un pergamino de piel animal, algo inusual en códices indígenas, normalmente elaborados en algodón o papel amate.
A pesar de la muestra reducida, la investigación respondió a la mayoría de los cuestionamientos previos. El análisis confirmó que los pigmentos contenían plomo y arsénico, elementos comunes en pinturas modernas y no en materiales prehispánicos o coloniales. Esto reforzó la conclusión de que el códice analizado es una copia reciente. Para Bueno, la revelación abre nuevas preguntas sobre cómo llegó esta réplica al acervo, quién la introdujo y cuándo.
La investigadora sostiene que el original fue parte del Museo Nacional fundado por el emperador Maximiliano en 1866 y que su director posterior, Dominik Bilimek, pudo haber sacado las copias del país tras la muerte del monarca. El documento original, explica, pertenece al corpus de cartografía indígena novohispana del centro de México, con valor simbólico, territorial y posiblemente jurídico. Detalla que las huellas de dobleces indicaban un uso práctico similar al de los llamados títulos primordiales, documentos utilizados en litigios sobre tierras.
Las investigaciones han identificado la existencia de al menos tres versiones del Mapa de Popotla: una en piel animal, una copia en papel semitransparente de 1720 conocida como el calco de Gómez de Orozco y una tercera en papel albanene del siglo XX, posiblemente elaborada por encargo de Alfonso Caso en la década de 1940. A pesar de sus aparentes elementos prehispánicos, como guerreros y un tzompantli, el documento también incluye una iglesia novohispana en el centro.
Aunque algunos especialistas expresaron decepción al conocer los resultados de laboratorio, Bueno afirma que el hallazgo no disminuye la relevancia del documento. Para ella, el descubrimiento permite reconstruir la historia de sus copias, corregir errores previos y orientar de forma precisa las futuras investigaciones sobre el mapa original, cuyo paradero permanece desconocido.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
