Torreón, Coahuila, 26/05/25 (Más).- Sandra Yadira Puente Barraza desapareció el 26 de noviembre de 2008, cuando tenía 19 años. Dieciséis años después, su madre, Juana Isabel Barraza, fue informada que un fragmento óseo hallado en el campo de exterminio de Patrocinio, en San Pedro de las Colonias, Coahuila, correspondía a su hija. La noticia le fue comunicada en abril de 2024 por autoridades forenses, tras confirmar una coincidencia genética con su perfil y el de uno de sus nietos.
El día de su desaparición, Sandra salió de su casa en Gómez Palacio, Durango, rumbo a Torreón, Coahuila, acompañada por una amiga. Ambas iban a visitar una tienda de ropa. Por la tarde, Sandra dejó de contestar el teléfono. La madre de la otra joven apareció poco después para decirle a Juana: “Unos policías me quitaron a las muchachas y se llevaron a Juan [un taxista]”.
A partir de ese momento, Juana Isabel inició una búsqueda desesperada. Recorrió hospitales, centros de detención, el Cereso y oficinas judiciales sin obtener respuesta. Una Alerta Amber fue activada y poco después la familia recibió llamadas con amenazas.
“Les aseguraron que tenían secuestrada a Sandra y amenazaron que no le movieran a la búsqueda o la matarían”, recordó Juana. Al intentar comunicarse con el teléfono de su hija, sólo escuchaba música.
El miedo se impuso. Juana paralizó la búsqueda esperando que Sandra regresara. La joven tenía dos hijos pequeños, de 2 y 3 años. Durante ese tiempo, la madre atravesó una crisis emocional. “No comía… soñaba que me dejaba dinero, maletas y ropa de bebé. Venía a ver a sus hijos en los sueños”, narró. Con el tiempo, las apariciones en sus sueños cesaron. “Ya no la siento, ya no la sueño. Siento que siempre la usaron para trabajar”, afirmó.
Fue así como Juana Isabel conoció a otras madres buscadoras. Se unió al colectivo Grupo Vida en Torreón, organización que ha trabajado en la localización de restos humanos en la región Laguna, zona disputada durante años por grupos del crimen organizado como Los Zetas y el Cártel de Sinaloa.
En 2015, Grupo Vida descubrió en el ejido Patrocinio, en San Pedro de las Colonias, una zona utilizada como campo de exterminio. Miles de fragmentos óseos carbonizados han sido encontrados ahí desde entonces. En 2016, entre esos restos, fue hallado el fragmento que correspondía a Sandra, pero permaneció sin identificar durante ocho años.
Fue hasta 2024, con la apertura del Centro Regional de Identificación Humana (CRIH) en Saltillo, que se logró establecer la coincidencia genética. “¿Por qué ocho años resguardados? Si no hubieran abierto el CRIH de Saltillo, ahí estarían”, cuestionó Juana Isabel.
El único resto identificado de Sandra fue una vértebra. La madre decidió velarla en su casa, con música de mariachi y acompañada por su familia. “Le gustaba la música”, recordó. Para Juana, el acto fue una forma de ofrecerle un último homenaje.
Sobre la posibilidad de justicia, Juana se mostró escéptica. “Fueron policías, no creo que hagan nada”, señaló. Aun así, mantiene su exigencia de saber qué ocurrió con su hija, quiénes participaron y por qué. “Yo quiero saber qué, quiénes, por qué”, repite.
En el campo de exterminio de Patrocinio, Juana colocó una cruz de madera donde se halló el resto de Sandra. Regresa periódicamente a ese lugar y le lleva flores. “Le pido perdón a mi hija por no haberla buscado luego, luego”, confiesa.
El caso de Sandra Yadira Puente Barraza se suma a los miles de desaparecidos en el norte del país. La identificación de sus restos representa un caso más en que la localización de personas desaparecidas se concreta muchos años después, gracias al trabajo de colectivos de búsqueda y la creación de instituciones forenses especializadas.
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