Por Horacio Cárdenas Zardoni
El mismo presidente de la República Andrés Manuel López Obrador reconoció, o bueno, le echó la culpa, porque lo otro sería de lo más chocarreramente peligroso, que fueron los duendes los que metieron en las mil páginas de plan B de la reforma electoral algunos apartados que resultaban francamente inconstitucionales, entre otros que favorecían de manera desproporcionada a los partidos satélite de MORENA, casi seguro con la intención de que lo siguieran siendo.
Nadie salió a decir si los tales duendes tienen nombramiento y clave de cobro en la Secretaría de Gobernación, pues fue allí, y no en la consejería jurídica de la presidencia de la república, o en alguna de las comisiones parlamentarias en la cámara de diputados o de la de senadores, mucho menos en el Instituto Nacional Electoral o en los partidos políticos. Tampoco salió Adán Augusto a decir que los habían detectado, corrido, o fumigado, nada, los errores monumentales que traía la reforma, que días antes el secretario de gobernación había dicho que nada tenía de inconstitucional, quedaron como una más de las anécdotas de un gobierno que hace las cosas sobre las rodillas, y tanto que ni los diputados, ni los senadores, ni López Bis la habían leído ni siquiera por encimita, ¿mil hojas?, ni que fuera las 50 sombras de Grey, y luego de veinte latigazos hasta eso aburre.
Pero de que hay duendes en las redacciones, a todos los editores y reporteros les consta, en algunos periódicos hasta rituales hacen para exorcizarlos, y si no se quieren salir, para que de perdida estén contentos y no hagan maldades de más. Esta arcana sabiduría de los medios de comunicación, debería adoptarla la cuarta transformación, ya sabe lo proclive que son sus integrantes a creer en cosas sobrenaturales y a referirse a las creencias de las culturas originarias.
Sin ir más lejos, la semana pasada se dieron a conocer dos noticias que colocadas una junto a la otra, ponen en ridículo a la administración pública como conjunto, ya no digamos a los expertos en comunicación social, que parece que no conocen la o por lo redondo, como decían las abuelas.
La cosa fue así: por un lado el mismismo presidente López Obrador se lanza carretadas de confeti diciendo que en lo financiero, su sexenio ya cumplió los objetivos que se había planteado, y no solamente eso, sino que estaba tomando las providencias necesarias para que el gobierno que lo sustituya, no tenga presiones importantes en materia económica a partir del año 2025. En el colmo de los optimismos burocráticos, el mandatario dijo que incluso habían adelantado el pago de bonos por algo así como mil doscientos millones de dólares, con lo cual la siguiente administración, deseablemente para él la continuidad con cambio o el cambio con continuidad que le ofrecen sus corcholatas, sus brothers Adán Augusto y Marcelo y su sister Claudia, todos ellos servidores públicos de primera, los mejores del mundo mundial. El que sea que sea presidente, no tendrá que enfrentar el pago de cinco mil millones de dólares en vencimientos, sino solo de tres mil quinientos, que es como sacarse el billete de doscientos todo puerco de estar allí abandonado, pues todo lo que se le antoja se lo compran.
Allí lo tiene, al gobierno parándose el cuello de que las finanzas están mejor que nunca, y sin políticos neoliberales metiendo la mano. Lo otro está más complicado.
La nota apareció en gran número de medios de comunicación nacionales y de todo el país, en síntesis decía que persiste el desabasto de medicamentos en México, el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, el INSABI ha incumplido con dotar a todas las unidades médicas de la nación de los insumos y medicinas necesarias para la atención de los pacientes. En general se habla de que uno de cada cuatro medicamentos que usted, yo, cualquier persona en cualquier parte del país pudiera requerir para sanar de la enfermedad que lo aqueja, no llegó. Así, sin más explicación, o sin más explicación que convenza a quien algo le duele, o que se está muriendo de algo, de porqué no está el medicamento en el anaquel para que se lo entreguen.
Luego ya viene el desglose, la ciudad de México padece un desabasto de 13.9%, que significa que 9.5 millones de piezas, cajas, frascos, de medicamentos, no llegaron a los centros de salud para entregarlos a los derechohabientes.
Pero la ciudad de México, con todo lo grande e importante que es, no es el caso más grave de desabasto, y por extensión, de incompetencia del INSABI, de su amasia el Instituto Mexicano del Seguro Social, y redondeando, de todo el gobierno federal, incluyendo las lumbreras que resolvieron ya el sexenio en lo tocante a las finanzas, en modesta declaración presidencial. El honor el corresponde al estado de Coahuila, aquí, donde usted y un servidor vivimos.
El desabasto de medicamentos en el estado de Coahuila, de gobierno priísta y al que el presidente López Obrador le tiene especial tirria por eso y por algunas otras cosillas, registró un desabasto de 47.6% en los medicamentos que le había solicitado al INSABI. En números cerrados, uno de cada dos medicamentos, cajas, frascos, ampolletas, que se necesitaban para los hospitales, clínicas, sanatorios, dispensarios, consultorios en todo el territorio estatal… no llegaron.
Que tampoco somos los únicos, nada más somos los peores, nos acompañan Zacatecas, con un 37.9% y Nayarit, con un 32%, ninguno para presumir. Entre las siete entidades federativas con un desabasto superior al 30%, el cálculo es de que les faltaron 66.5 millones de piezas médicas, entre las cuales seguro está su Diován, su bezafibrato, su paracetamol, su neomelubrina, su etc.
Y aquí es donde entra la magia de los duendes: esos mil 200 millones de dólares que el gobierno federal adelantó en pago, no solicitado y casi seguramente penalizado, ¿no los pudieron haber aplicado a la compra de las medicinas que necesitaban millones y más millones de mexicanos enfermos?, eso suponiendo que el problema fuera de dinero y no de pura incompetencia.
Realmente no esperamos una respuesta de nadie, son cosas que pasan, échele la culpa a los chaneques, la nota con la que el presidente quería le llovieran aplausos, se la echaron a perder Nariz Roja y los periodistas con lo de los medicamentos faltantes. Así, de plano, no se puede, y seguro han de haber sido duendes coahuilenses, esos a los que no les han llegado sus medicinas.
DESABASTO
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
