Xpujil, Campeche, 22/04/26 (Más).- A dos años de su inauguración, el Tren Maya presenta un balance marcado por promesas incumplidas, baja rentabilidad y un impacto limitado en las comunidades del sureste de México, donde el proyecto fue anunciado como una vía de desarrollo económico y turístico para la región.
El proyecto ferroviario de aproximadamente mil 500 kilómetros fue impulsado como una estrategia para detonar el crecimiento en el sur del país, sin embargo, reportes y testimonios de habitantes a lo largo de su ruta señalan que los beneficios prometidos no se han materializado.
De acuerdo con información recopilada en comunidades cercanas a la infraestructura, persisten problemas como pobreza, falta de empleo bien remunerado y carencias en servicios básicos.
En localidades como Vida y Esperanza, en Quintana Roo, residentes aseguran que la llegada del tren no ha significado mejoras sustanciales en su calidad de vida, a pesar de la cercanía de instalaciones vinculadas al proyecto.
Habitantes y docentes han señalado dificultades para acceder a servicios como electricidad, incluso en escuelas ubicadas junto a infraestructura ferroviaria.
Asimismo, en Xpujil, Campeche, se reporta la falta de acceso continuo a agua potable, situación que contrasta con las promesas de obras complementarias anunciadas para la región.
Habitantes afirman que los compromisos de abastecimiento no se han cumplido, obligando a las familias a trasladarse a otras comunidades para cubrir sus necesidades básicas.
En el ámbito económico, datos revisados muestran que, aunque durante la construcción del Tren Maya se registró un crecimiento temporal en entidades como Quintana Roo, posteriormente la actividad económica mostró una desaceleración, mientras que una parte importante de la población continúa en la informalidad laboral.
El proyecto también ha enfrentado dificultades en su operación, ya que la demanda de pasajeros ha sido menor a la prevista y varios tramos presentan baja ocupación.
Además, los hoteles construidos a lo largo de la ruta operan con niveles reducidos de ocupación, muy por debajo de las expectativas iniciales.
De acuerdo con estimaciones oficiales previas, el Tren Maya fue proyectado para transportar millones de pasajeros al año, sin embargo, los ingresos actuales no alcanzan a cubrir la totalidad de los costos operativos.
El presupuesto del proyecto también ha aumentado significativamente desde su planteamiento inicial.
A pesar de ello, autoridades federales han defendido el proyecto como un motor de desarrollo regional, mientras que comunidades indígenas y organizaciones sociales han señalado afectaciones ambientales, fragmentación territorial y falta de consulta en la ejecución de la obra.
Habitantes de comunidades cercanas sostienen que las promesas de desarrollo siguen sin cumplirse, lo que mantiene el debate sobre el impacto real del Tren Maya en el sureste del país.
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