Sabinas, Coahuila, 07/09/26 (Más).- Una excavación de 64 metros de profundidad permanece abierta en los terrenos de la mina El Pinabete después de servir como vía para recuperar los cuerpos de los 10 trabajadores atrapados en 2022, mientras la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no ha iniciado el relleno del tajo ni las labores de reforestación previstas para remediar la zona.
De acuerdo con información publicada por Uno TV, a más de año y medio de que concluyeron las labores de búsqueda y recuperación, el enorme tajo continúa abierto y acumulando agua proveniente del subsuelo, mientras mangueras descargan líquido de la excavación hacia el río Sabinas.
El corte en el terreno es resultado de una de las mayores obras realizadas para recuperar víctimas de un accidente minero en la región Carbonífera.
El 3 de agosto de 2022, una entrada súbita de agua procedente de labores mineras contiguas inundó El Pinabete y dejó atrapados a 10 trabajadores en sus galerías.
Ante la imposibilidad de llegar a ellos mediante los accesos originales, el Gobierno federal encargó a la CFE desarrollar una alternativa para alcanzar las zonas inundadas. La solución seleccionada fue abrir un tajo a cielo abierto de aproximadamente 60 a 65 metros de profundidad para descender hasta el nivel de las antiguas galerías. Los trabajos implicaron remover alrededor de 5.3 millones de toneladas de tierra, roca y escombros, además de realizar voladuras controladas y mantener sistemas permanentes de bombeo.
La excavación comenzó el 2 de septiembre de 2022 y posteriormente permitió ingresar a las galerías donde permanecían los trabajadores; los primeros cuerpos fueron recuperados en diciembre de 2023 y la búsqueda continuó mediante excavaciones y trabajos subterráneos hasta localizar al último de los mineros el 14 de febrero de 2025, después de 926 días de labores.

La obra que hizo posible concluir la recuperación dejó, sin embargo, una modificación de grandes dimensiones en el terreno. Según el reporte, la CFE todavía no inicia las tareas necesarias para rellenar el tajo y recuperar la vegetación en el sitio, por lo que la excavación permanece como una enorme fosa en el paisaje de la región Carbonífera.
A la falta de remediación se suma un problema relacionado con el agua ya que durante la construcción del tajo, la excavación alcanzó el acuífero, situación que desde los propios trabajos de rescate obligó a instalar sistemas de bombeo para desalojar el líquido y mantener condiciones que permitieran continuar con las excavaciones y posteriormente ingresar a las galerías. La existencia de ese problema había sido reconocida por las propias autoridades durante la ejecución de la obra.
Actualmente, el agua subterránea continúa aflorando dentro de la excavación y una parte se pierde mediante evaporación, mientras otra es desalojada mediante mangueras hacia el río Sabinas.
Ambientalistas de la región advierten que esa alteración puede interferir con corrientes subterráneas que normalmente contribuyen a alimentar el propio río y otros cuerpos de agua.

La preocupación se extiende hacia la presa Venustiano Carranza, conocida como Don Martín, ubicada en el municipio de Juárez, así como hacia comunidades de Coahuila y Nuevo León dependientes de la disponibilidad de agua en la cuenca.
El problema adquiere mayor importancia ante las condiciones de escasez que enfrentan distintas poblaciones de la región.
Mirthala Gómez, consejera del Centro de Orientación y Protección Ambiental, señaló que la actividad minera ha dejado durante años afectaciones sobre los cuerpos de agua de la zona.
“Son como lagunas que cuando se llenan, pues abren las compuertas, como las abría Minera México antiguamente aquí, cuando había crecientes, olía a pura creosota y era material minero de ahí, porque ahí había una beneficiadora de carbón”.
El río Sabinas enfrenta además otros factores de deterioro, entre ellos se encuentran plantas tratadoras de aguas residuales de la región Carbonífera que no funcionan adecuadamente y descargas de drenaje provenientes de Nueva Rosita que llegan directamente al cauce.
Alejandro Martínez, también integrante del Centro de Orientación y Protección Ambiental, advirtió sobre los efectos visibles de esas descargas: “Lo que es más notorio, la hidrilla. Esta alga aparece por todas las descargas del drenaje de Nueva Rosita al río Sabinas. Es algo gravísimo y como tal y por ser de primera necesidad y por ser tema de salud pública, deberían de intervenir inmediatamente nuestras autoridades”.
Los ambientalistas consideran que la extracción de carbón continúa entre las principales fuentes de presión sobre el río y su ecosistema. A ello se agrega ahora el enorme tajo abierto durante las maniobras de rescate de El Pinabete, que permanece pendiente de relleno después de haber cumplido la función para la que fue construido.
La falta de trabajos de restauración también ocurre en un entorno donde se ha reportado el deterioro de sabinos centenarios por la reducción en la disponibilidad de agua. Organizaciones ambientales reclaman que las autoridades atiendan no solamente el enorme hueco dejado por las excavaciones, sino también las consecuencias que las actividades industriales y mineras han acumulado sobre la cuenca.
El tajo de El Pinabete permanece así como la huella física de una operación que permitió, después de más de dos años, recuperar a los 10 trabajadores fallecidos en la tragedia minera, pero cuya etapa posterior continúa pendiente: rellenar la enorme excavación y remediar un terreno intervenido hasta decenas de metros por debajo de su nivel original.
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