Por Horacio Cárdenas Zardoni
Esto de la Defensa de la Cuarta Transformación no es un concepto nuevo. Tampoco es que podamos decir exactamente cuando fue que comenzó a manejarse, o a quien se le ocurrió, pero sí tenemos consciencia de que si ya andaba en la mente y en el discurso de algunos de los pocos ideólogos de esta corriente política que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador,
comenzó a tomar fuerza luego de los resultados obtenidos en las elecciones intermedias, en las que al cuatroteismo, o como sea que se llegue a denominar el movimiento, no le fue tan bien como ellos pensaban que les iría y que debería irles. En ese preciso momento se dispararon las alarmas de que el pretendido fin de la historia y de la evolución política en México pudiera estar en riesgo, y ellos con él, razón por la cual, había que defenderlo.
Lo hemos comentado en este espacio ya alguna ocasión, para que haya que defender algo tiene que cumplirse la condición de que exista una amenaza, de no haber esta, aquello carece del menor sentido, como no sea manifestación de paranoia. La idea de los comités de defensa de la cuarta transformación tiene su antecedente más inmediato en los, igual, comités de defensa de la revolución cubana, puestos en marcha por el gobierno de Fidel Castro Ruz, como medida no de contener amenazas exteriores, que definitivamente las había, sino el descontento interno, que lo había muchísimo más, y que había que reprimir a como diera lugar.
También hay antecedentes de esto en los comisarios políticos que fueron ubicuos en la Unión Soviética, o sus equivalente en China, donde se les puede encontrar todavía por todos lados, en cada calle, en cada manzana, en cada fábrica, en cada unidad del ejército, y que en muchas obras literarias, contrarias al régimen, son expuestos como una auténtica pesadilla por los peligros que representa para cualquier actitud o actividad, real, imaginada o inventada, contra cualquier ciudadano.
En todos los países comunistas el estado destinó enormes recursos a la persecución política y la represión de cualquier expresión, y probablemente cualquier idea que pudieran identificar como riesgo. De que funcionó, funcionó, muchísimos ciudadanos fueron a dar a prisión, campos de “reeducación”, o simplemente fueron dejados de lado de cualquier posibilidad de tener una mejor posición en la sociedad de que se tratara.
Pero no vamos a cargarle la mano a los gobiernos de izquierda de solamente ellos tener estas prácticas, también los de derecha y ultraderecha han hecho uso extensivo de estos esquemas, los que se llevan las palmas son los regímenes militares y fascistas, del nacional socialista de Adolfo Hitler para arriba y para abajo, donde las actividades de espionaje, contraespionaje, la policía política y la seguridad del estado se ubicaban por encima de casi cualquier otra preocupación gubernamental.
Se entiende, por muy fuertes que crean que son los gobiernos, también suelen pensar que tienen enemigos por todos lados, a los que hay que reconocer, reprimir y eliminar, lo que sea necesario para mantenerse en el poder. Aquí cabe un paréntesis interesante, si no fue su idea, sí la adoptó como propia, algún tiempo al menos, Andrés Manuel López Obrador, todavía cuando era candidato a presidente: siendo que México es un país que por su posición geográfica, por la clase de vecinos con los que comparte frontera, uno incomparablemente más poderoso y otros muy por debajo de su propio potencial bélico, además de una supuesta vocación pacifista de décadas, nuestro país no tenía y no tiene enemigos que pudieran pretender una invasión militar, en esas condiciones ¿para qué necesitamos un Ejército, una Marina de guerra y una Fuerza Aérea? Todavía a principios del sexenio, llegó a decir el presidente que si por él fuera, desbandaría al Ejército Mexicano, sustituyéndolo por una Guardia Nacional. Obvio que esto no gustó nada a los generales activos y retirados, ni a toda la jerarquía militar, que externó su desagrado de tal manera que el presidente tuvo que recular, si no pedir disculpas. Pero con todo y que el discurso quedó en el olvido, en los hechos ha ocurrido una transformación impresionante, de aquel Ejército con muy escasas funciones fuera de lo militar, hemos pasado en cuatro años a uno con tantas responsabilidades civiles, que por comparación, lo orgánicamente suyo ha pasado a segundo plano.
Ahora que en Coahuila se lanzó la convocatoria para seleccionar o elegir al coordinador, así se llama el puesto, del comité de defensa de la cuarta transformación en el estado, muchos analistas han señalado que en otras entidades en las que ya ha operado esta figura, se ha tomado como una antesala a la nominación, casi ungimiento, como candidato del Movimiento de Regeneración Nacional al gobierno estatal, vale la pena reflexionar un poco sobre la cuestión.
Si hubiera sido estrategia con un sustento ideológico, los tales comités hubieran comenzado a existir desde que la 4T se instaló en el poder en diciembre del 2018. Queda claro que no existía como tal, y como dijimos antes, agarró vuelo luego de la elección intermedia, lo obvio hubiera sido que los conformaran de volada en todos los estados, en aquellos en los que ya gobierna MORENA y con mayor urgencia en donde pretende gobernar. No ha resultado así tampoco, para los estados en los que habrá elección el año entrante, en el Estado de México se conformó el comité con Delfina Gómez a la cabeza hace ya dos o tres meses, y en Coahuila, donde igual o mayor premura habría para contar con esa figura, la de coordinador, y la estructura de los comités para dar la batalla, la madre de todas las batallas por la cuarta transformación, amenazada como supuestamente está en este estado, será hasta el mes de diciembre cuando se defina, y entre las inconformidades que seguramente habrá, más el ocurrir el mero día de la inauguración del puente Guadalupe Reyes, será hasta enero cuando los defensores de la 4T comiencen de veras a defenderla.
Si realmente hubiera una asonada, aquí o donde fuera contra la estructura ideológica del “movimiento”, no se esperarían, no se hubieran esperado, pero como no hay ni amenaza, ni estructura, ni ideología, a lo que están jugando es, como se dice coloquialmente y sin intención de ofender a nadie, a hacerse tontos solos.
Por si hiciera falta otro descontón, el senador y aspirante a gobernador de Coahuila, Armando Guadiana Tijerina, puso las cosas en su justa dimensión: la candidatura es una cosa y lo de coordinador del comité de defensa es otra, con lo que de un bigotazo mandó por tierra el castillo de naipes con el que MORENA nacional pretendía convencer a los coahuilenses de que el proceso de designación de candidato marcha bajo control. Así que insistimos ¿defender qué? ¿qué pretenden defender, contra quien y cómo?
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