Por Jorge Arturo Estrada
El debate de los candidatos de saltillo resultó aburrido y plano. Tal vez fue el formato, tal vez la estrategia o tal vez la resignación.
Los debates electorales son para contrastar posiciones y personalidades, son un evento para discutir no solamente para recitar propuestas. La Real Academia Española lo define como: controversia, discusión, en su otra acepción sería: Contienda, lucha, combate. Tradicionalmente, los estrategas electorales los utilizan para repuntar en las preferencias. Acá, todo se improvisa y se difunde en boletines que nadie lee.
El debate, de ninguna manera debe ser un evento aséptico en el que cada uno expone sus temas sin ser confrontado. Sin embargo, el formato tan rígido, del IEC, además de virtual a distancia limitaba las interacciones. No hubo ganador ni debate. Fue un evento aburrido como las campañas.
Guadiana y Limbar intentaron ponerle calor al encuentro, pero Chema y Tere Romo optaron por repasar lo mismo que han expresado durante dos meses y llevarla tranquila. Los saltillenses no se perdieron de mucho si no lo presenciaron. Ni siquiera generó expectativas, las campañas lejos de prender se fueron apagando. A lo largo de las mismas a Don Armando se le fue bajando la intensidad inicial y Fraustro mantuvo sus propuestas al seno del voto duro priísta, sin calar de más en el resto de la población.
La verdadera emoción llegará el día de la jornada electoral, cuando se conocerá cuál de ellos logró motivar a más gente a las urnas, ya sea mediante la estructura, por castigo, por fidelidad o porque les agradó más algún candidato.
Chema, hace unos días, no acudió a la plática que organizó el diario El Siglo de Torreón, que sí fue presencial. Solamente estuvieron Tere Romo y Armando Guadiana. Tampoco hubo mucha intensidad en la misma.
En Saltillo, se ha percibido intenso el llamado al voto útil entre los clasemedieros que no quieren más Morena en los cargos públicos. Ya veremos cómo resulta.
Estamos en un duelo que enfrenta al desgaste contra desprestigio. Las crisis agobian ya, en muchos sectores sociales del país y en el corto plazo no hay escenarios optimistas. Hay demasiada polarización y violencia flotando en el ambiente. Los mexicanos somos fatalistas, en un año han fallecido cientos de miles de personas más que, en situaciones normales, no deberían haber muerto y a nadie parece importarle.
A veces las elecciones sirven para legitimar dictaduras o dictablandas, en México tenemos más de 100 años presenciándolo, salvo en algunos procesos excepcionales. Será interesante ver como amanece México el próximo 7 de junio.
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