El Poder del Consumidor
Alejandro Calvillo
Principal causa de enfermedades como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, que son la principal causa de muerte en México, como en muchos otros países. A la vez, este sistema alimentario es uno de los principales responsables del cambio climático, con un 34 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero; es responsable del 80 por ciento de la deforestación y del 60 por ciento de la degradación de los suelos, entre otros impactos ambientales.
El sistema alimentario, altamente centralizado en unas cuantas corporaciones, se ha impuesto en el mundo. Un puñado de empresas controla gran parte de las semillas y de los agroquímicos; otro puñado controla el comercio internacional de alimentos; otro más, su procesamiento; y otro más, su venta.
El sistema está quebrado: no las ganancias de las corporaciones, pero sí la salud humana y la del planeta. Actualmente, dos mil 300 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el mundo; de las cuales, 673 millones sufren hambre crónica. Tres mil millones no tienen las condiciones para acceder a una dieta saludable. Dos mil millones de personas sufren sobrepeso u obesidad. En este sistema capturado por las corporaciones, una tercera parte de los alimentos son desperdiciados.
Gran parte de esta producción se destina a alimentar a 85 mil millones de animales terrestres que son sacrificados cada año para producir carne a nivel mundial. Se calcula que mil millones de toneladas de alimentos comerciales manufacturados, junto con miles de millones de toneladas de pasto, forraje y residuos de cultivos, se destinan a alimentar a estos animales.
El impacto de una dieta con alto contenido de carne, como la que se ha venido imponiendo en gran parte de la población mexicana y del mundo, tiene un mucho mayor impacto ambiental que una basada en vegetales. La expansión de la dieta que se basa en la ingesta de proteína proveniente de la carne no es sustentable; especialmente, agudiza el calentamiento global. Por ejemplo, para la producción de 100 gramos de proteína de carne de res se emiten entre 20 y 50 kilogramos (kg) de CO₂, el principal gas de efecto invernadero. Por su parte, 100 gramos de proteína proveniente de lentejas pueden emitir entre 0.5 y 2 kg de CO₂; es decir, entre 10 y 100 veces menos emisión de gases de efecto invernadero. Y en consumo de agua, las proteínas de origen animal pueden requerir cinco veces más que las de origen vegetal.
En México, la producción de alimentos ha estado determinada por los intereses comerciales de los Estados Unidos, no por la soberanía alimentaria. Nos volvimos importadores de granos y exportadores de algunas verduras, algunas frutas, berries y de aguacate. Producimos para los consumidores estadounidenses. La enorme producción de aguacate ha significado la deforestación acelerada de bosques en nuestro país; deforestación para sembrar aguacate que se está extendiendo, incluso, al bosque de agua que abastece de este líquido a la Ciudad de México, Toluca y Cuernavaca, poniendo en riesgo el abasto de agua a la zona más poblada del país. Por su lado, la producción de berries (fresa, zarzamora, frambuesa y arándano) se ha disparado para exportar a los Estados Unidos, a donde va el 90 por ciento de la producción. La producción de berries requiere muy altas cantidades de agua —un factor de muy fuerte impacto ambiental— y de grandes cantidades de agroquímicos que provocan un deterioro acelerado de los suelos.
En contraposición, la producción de frijol, estratégico en la dieta nacional al brindar, en combinación con el maíz, una excelente proteína, se ha abandonado, así como una gran diversidad de verduras, frutas y cereales que no entran al mercado de los grandes distribuidores y comercializadores. Este sometimiento de México al sistema alimentario dominante, que genera enormes dependencias y pone en riesgo la soberanía y seguridad alimentaria, lo coloca en una gran vulnerabilidad.
Este sistema dominado por un puñado de corporaciones transnacionales recibe nada menos que 540 mil millones de dólares en subsidios para la producción de estos alimentos, especialmente para la producción de soya, maíz y trigo. Gran parte de esta producción, especialmente soya y maíz, se destina a la producción de carne, alimentando a los animales. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación estima que el 90 por ciento de este subsidio va a un sistema que daña al planeta y la salud humana.
El sistema alimentario dominante está contribuyendo de una manera determinante a la crisis ambiental planetaria y a la crisis de la salud de la población mundial. Existe un consenso internacional, un llamado urgente a modificar el sistema de producción de nuestros alimentos y a modificar la calidad de los alimentos que consumimos, a través del impulso de sistemas de producción agroecológica y del desarrollo de alimentos saludables mínimamente procesados que sean cultural y ambientalmente adecuados a cada región del mundo.
México ha dado un paso muy importante en este sentido, obteniendo el reconocimiento internacional al aprobar la Ley de Alimentación Adecuada y Sostenible, que establece el apoyo al desarrollo de la agroecología, sustituyendo el uso de agroquímicos con técnicas sustentables para recuperar la riqueza de los suelos; apoyo a los pequeños y medianos productores para reactivar los mercados locales y las cadenas cortas entre productores y consumidores; la protección de la biodiversidad alimentaria y las semillas; establece la protección de la política alimentaria de la interferencia de los intereses de las grandes corporaciones, y crea un sistema de gobernanza multisectorial del sistema alimentario coordinando, con un mismo objetivo, las políticas agrícolas, de salud, de medio ambiente y de economía. Este sistema terminaría con el caos que crea el que estos sectores actúen en direcciones contrarias, que nos ha llevado a esta situación de fragilidad y de sometimiento a las estrategias internacionales de las grandes corporaciones.
Sin embargo, esta Ley queda en el papel mientras no sea publicado su Reglamento. Versiones del Reglamento a la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible han ido y venido entre las secretarías, académicos y la sociedad civil durante ya dos años. Dentro del gobierno hay sectores aliados a los intereses de estas grandes corporaciones que dominan poderosas agrupaciones empresariales en nuestro país. Hasta ahora, estos sectores han bloqueado la publicación del Reglamento, impidiendo que México comience a ir en el camino adecuado de la soberanía alimentaria, de la construcción de un sistema alimentario justo, adecuado y sustentable. Realmente, este gobierno ¿está del lado de iniciar un sistema alimentario que proteja nuestra tierra, nuestra biodiversidad alimentaria, nuestra cultura alimentaria, nuestra salud, o del lado de darle continuidad a este sistema de destrucción de la tierra y la salud? Lo que nos preguntamos es: ¿de qué lado está la 4T? ¿Seguiremos destruyendo los bosques para producir aguacate para los Estados Unidos? ¿Seguiremos explotando el agua en zonas de estrés hídrico para producir berries y exportarlas a los Estados Unidos? ¿Seguiremos importando frijol, manteniendo nuestro consumo de ultraprocesados, nuestro consumo de refrescos, bajo la epidemia de diabetes y enfermedades cardiovasculares que nos proporciona este sistema? ¿Seguiremos agotando la fertilidad de nuestra tierra y contaminándola junto con el agua? ¿Seguiremos negando e ignorando nuestra riqueza alimentaria y nuestra gran diversidad biológica y cultural?
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